Los docentes que tendrán a su cargo el dictado del curso son Modesto Emilio Guerrero y Eduardo Luis Aguirre.
El seminario se impartirá en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa.
Duración prevista: 16 horas presenciales distribuidas en cuatro (4) encuentros, a realizarse los días viernes  19 y 26 de septiembre y 3 y 10 de octubre de 2014, de 17 a 21 horas.

Temas del Seminario:
Primer Encuentro: Relaciones internacionales y relaciones de fuerzas. América Latina en el nuevo contexto internacional.
Segundo Encuentro: Integración Regional, Imperio e Imperialismo. Seguridad y Defensa. Nuevos paradigmas regionales autonómicos.
Tercer Encuentro: Liberación y Dependencia en el marco de las nuevas coordenadas geoestratégicas. Nuevos sujetos políticos destituyentes.
Cuarto Encuentro: Mayor Democracia es mayor Seguridad. Lo que se ha hecho y lo que todavía falta hacer.
DESTINATARIOS: estudiantes, profesionales y docentes de Carreras de Ciencias Sociales y público en general.
Se entregarán certificados de asistencia únicamente a quienes cumplan con el 75% de la carga horaria establecida.

Curso arancelado, gratuito para estudiantes y docentes de la UNLPam.

Desde febrero de este 2014 Venezuela ingresó en una fase decisiva de su historia reciente.  Las fuerzas enemigas del gobierno chavista, del movimiento bolivariano y los cambios que ambos representan, han puesto en marcha un proceso de guerra civil para derrotarlos… La suma de los acontecimientos fue suficiente para definir su carácter y su final en la coyuntura  y, sobre todo, sirve para avizorar la tendencia general del enfrentamiento entre proyectos incompatibles: el del Estado-nación respecto al imperialismo, y el de sus clases sociales, entre la burguesía parasitaria y los que viven de su trabajo. En ese escenario complejo, las fuerzas más conscientes del poder popular aprenden por primera vez a buscar una salida revolucionaria que evite el desastre que se anuncia…(De la introducción del autor)


Modesto Emilio Guerrero presentó su libro "Una revuelta de Ricos. Crisis y destino del chavismo" el viernes pasado, en la sede del Sindicato de Luz y Fuerza La Pampa. El intelectual y periodista venezolano recorrió los tramos más importantes de su trabajo, señalando las peculiares connotaciones de los acontecimientos que durante los últimos meses han intentado socavar las bases de la democracia venezolana. Guerrero analizó el rol de las distintas clases y sectores de ese país en un fenómeno que algunos catalogan como una verdadera guerra civil. Sabemos, por la experiencia reciente, que la derecha ha vuelto a fracasar, también, en Venezuela, en el plano electoral. Esa frustración ha crispado a sectores profundamente antidemocráticos, a los que Modesto no duda en tildar de fascistas, que han decidido recurrir al terror urbano como método destinado a minar las reglas básicas de la convivencia armónica, amparados generalmente por la prédica sesgada de los grandes medios de comunicación, que mistifican sistemáticamente sobre la realidad política. "No hubo una guerra civil, es cierto, pero sobre el escenario social fueron arrojados suficientes elementos de ella para saber que esa es la puerta de "salida" que busca la derecha contra el chavismo", expresa el autor. Y advierte a continuación: "Las derrotas, como las victorias, son construcciones sociales. Pero cuando una crisis asume la escala y el nivel crítico entre revolución y contrarrevolución, las decisiones políticas y sus responsables en la dirección del acontecimiento se vuelven decisivas, concluyentes, categóricas. La "revolución bolivariana" se encuentra en ese umbral". Por eso, la calificación de "golpe de estado" en grado de tentativa permanente, es, según Guerrero, manifiestamente errónea. Porque ni el sujeto social implicado en las guarimbas y las barricadas, ni los instrumentos, ni la respuesta del gobierno han sido compatibles con un golpe de estado. Por ende, lo que que ha acontecido en Venezuela fue algo mucho peor que eso. "Un sector desprendido de la posición, actuando en nombre de los intereses generales de la burguesía, convertido en su vanguardia desesperada, se atrevió a ensayar métodos y recursos de una guerra civil. Una guerra civil que entienden como la única salida contra un gobierno y un movimiento que amenazan con quedarse más tiempo del permitido en el calendario imperial y de las clases dominantes".
 "El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños." (Eduardo Galeano)

        Para entender el verdadero sentido y las singulares connotaciones de los ataques sistemáticos que el gobierno de Israel ha emprendido contra el pueblo palestino, y comprender la gravedad intrínseca de tales ofensas, no resulta ocioso revisar algunas normas del Derecho Internacional.
De esta manera, podremos advertir que la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948 prescribe, en su artículo  II que, para que se considere perpetrado este delito, la conducta deberá haber incluido “la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal”.

El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional de 1998 contempla una referencia similar en su artículo 6°: “A los efectos del presente Estatuto, se entenderá por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal”.
La especificidad de la exigencia que se impone en ambos textos respecto de que el autor haya tenido la intención de destruir a un grupo, por su condición de tal, no parece dejar, así, demasiado lugar a dudas. Esta  intencionalidad es, justamente, la que distingue el genocidio de otros crímenes de lesa humanidad.
La intención especial, requerida como un elemento constitutivo del delito, exige que el perpetrador claramente pretenda llevar a cabo el acto del que se lo acusa. En definitiva, el componente subjetivo adicional en el delito de genocidio reside en la “intención de destruir, en forma total o parcial, a un grupo nacional, étnico, racial o religiosos como tal”.
 Estos elementos básicos que hacen a la descripción del más grave crimen contra la Humanidad, obligan a reflexionar sobre la matanza que el gobierno de Israel está ocasionando al pueblo palestino, y la necesidad urgente de que los organismos internacionales intervengan activamente para poner fin a la masacre.
       El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, ya ha aclarado que los ataques mortales realizados en el marco del operativo eufemísticamente denominado "Borde Protector", que diera comienzo el pasado 7 de julio, continuarán "hasta que se restaure la paz y la calma", sin atender a la creciente presión internacional (Venezuela y Bolivia han roto relaciones diplomáticas con Israel en las últimas horas) frente a las dantescas consecuencias verificadas hasta el momento. Los bombardeos israelíes han causado la muerte de más de 120 civiles, de los cuales 22 son menores de edad.
 "Nosotros atacamos solo a integrantes de Hamas, en ocasiones dañando a civiles por casualidad y sin intención", ha admitido Netenyahu. Sin embargo, hasta la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navi Pillay, denunció este viernes la escalada del conflicto en la Franja de Gaza y recordó a Israel que viola la ley internacional cuando bombardea áreas pobladas y especialmente viviendas.
           "Hemos recibido informes muy preocupantes que indican que la mayoría de las víctimas civiles, incluidos niños, ocurrieron como resultados de bombardeos sobre casas. Estos informes levantan muchas sospechas sobre si Israel cumple la ley internacional", dijo Pillay, citada en un comunicado.
          "Atacar las casas donde residen civiles es una violación de la ley humanitaria internacional a menos que esos hogares tengan un uso militar. En caso de dudas, edificios usados de forma ordinaria por civiles, como casas, no son un objetivo militar legítimo", advirtió la Alta Comisionada.
          "Incluso cuando se identifica que un hogar es usado con fines militares, cualquier ataque debe ser proporcionado, y se deben tomar todas las precauciones posibles", añadió la funcionaria.
         Pillay recordó que los bombardeos israelíes han causado la muerte de un centenar de palestinos, incluidos más de una veintena de niños en tan solo dos días y medio, según ha destacado la Agencia Telesur. Es decir que la propia ONU, ha señalado claramente en qué consistirían las "evidencias circunstanciales" que podrían llevar a inferir que los ataques israelís, además de configurara una clara infracción al Derecho Internacional, importen una práctica social de exterminio sobre un grupo social determinado. Es decir, un verdadero genocidio.
             Huelga  decir que subyace un justificado temor respecto de la suerte que podría correr esta práctica de aniquilamiento efectuada con desprecio sustancial por la vida, los bienes y otros derechos fundamentales de personas inocentes. Casi todos sospechan que la ofensa quedará impune, y que los propios países y organismos que integran la "Comunidad Internacional" poco y nada harán frente a un crimen brutal perpetrado por poderosos.
             Probablemente, una de las pocas voces que se alcen contra la masacre sean -como de ordinario ocurre- la de los tribunales de opinión, verdadera reserva ética del derecho internacional.


El 28 de junio de 2014 se conmemoró el centenario del atentado protagonizado en Sarajevo por el militante Gavrilo Princip contra el heredero del trono del imperio austrohúngaro, Francisco Fernando, en el que también perdiera la vida su esposa Sofía Chotek. La historiografía occidental ha asumido esa fecha como el inicio de la Primera Guerra Mundial. En verdad, el ataque que, casi inesperadamente, llevó a cabo este joven nacido en Obljaj, Bosnia, en el marco de la extrema pobreza que imponía a naciones y pueblos oprimidos el absolutismo de los Habsburgo, fue un disparador que precipitó el conflicto, que dio comienzo formalmente casi un mes después. El 28 de julio, Austria Hungría declaró la guerra a Serbia. En el medio, hubo un inaceptable ultimátum que Viena cursó a Belgrado, intentando imponer condiciones humillantes, mientras terminaban de madurar las condiciones objetivas y subjetivas que conducían a la catástrofe. La gran guerra fue, en rigor, bastante más que la mera réplica a un atentado de ribetes épicos, que terminó concretando una operación que había fracasado pocas horas antes (el mismo día de San Vito y de la conmemoración de la batalla de Kosovo). Resumió las complejidades de una sorda lucha inter imperialista a la que Alemania, unificada recién en 1871, había llegado fatalmente tarde. Sabemos que el capitalismo recurrió históricamente a las guerras como forma de superar sus crisis cíclicas. Este caso no fue una excepción. Por el contrario, la conflagración estalló una vez que el capitalismo monopólico europeo había superado un modelo de baja escala y libre competencia, protagonizado por pequeños burgueses industriales y comerciantes, dejando paso a una disputa desembozada entre potencias lanzadas a la conquista de mercados de ultramar, nuevos recorridos comerciales, materias primas y otras riquezas de sus colonias o de otras a las que pensaban acceder a sangre y fuego.

La guerra, que duró más de cuatro años, contrariando las previsiones que a priori manejaban los estrategas de los bandos en pugna, significó la masacre de millones de personas, exhibió por primera vez en los campos de batalla nuevas tecnologías armamentísticas y permitió la puesta en práctica de tácticas y estrategias militares hasta entonces desconocidas. Durante la misma, se derrumbaron cuatro imperios, apareció una nueva potencia mundial y emergió el primer país socialista de la historia. Además se perpetró uno de los primeros genocidios de la historia moderna: el aniquilamiento de centenares de miles de armenios a manos de los turcos. Algunas de sus dramáticas consecuencias, empero, permanecieron invisibilizadas hasta ahora. Serbia sufrió la pérdida de una quinta parte de su población (según la Enciclopedia Libre Universal en Español, 650.000 civiles y 45000 bajas militares), conforme se lo destaca en el libro "Breve Historia de Yugoslavia" (Ed. Espasa Calpe, 1972, p. 169), estimada en cinco millones de habitante durante aquella época. Miles de ellos perecieron en campos de concentración austrohúngaros, durante el año 1915, víctimas de enfermedades tales como el tifus o la sarna.
Carlos Nino, uno de los filósofos del derecho más reconocidos en nuestro país, ha afirmado que, en materia de violaciones flagrantes a los Derechos Humanos, la IGM fue algo así como el preludio de lo que ocurriría entre 1939 y 1945: "Los intentos por impartir justicia en forma retroactiva tras la Primera Guerra Mundial enfrentaron dificultades similares a aquellas que frustrarían otros intentos a lo largo del siglo. Las potencias victoriosas de la Primera Guerra Mundial acusaron al gobierno alemán y a sus aliados de cometer atrocidades de guerra que incluían, entre otras, la despiadada invasión de Bélgica, el posterior ataque y destrucción de la milenaria ciudad de Lovaina; la toma de rehenes civiles y el posterior asesinato de muchos de ellos; la violación de mujeres; el asesinato de niños y adultos durante la ocupación de Francia; el lanzamiento de zeppelines sobre Londres, que ocasionó la muerte a doscientos civiles; el hundimiento del Lusitania que significó la pérdida de mil doscientas vidas civiles; y la ejecución de la directora de la escuela de enfermería de Bruselas, Edith Cavell. Según los escritos de Telford Taylor, estas atrocidades reflejaban la torpeza, arrogancia y absoluta brutalidad del gobierno alemán. Frente a tan repudiable conducta, el sentir popular, especialmente en Francia, exigió castigo para los autores, incluido el mismo Káiser, quien se refugió en Holanda. En respuesta, durante la Conferencia de Paz de París en 1919, las potencias victoriosas crearon la Comisión sobre la Responsabilidad de los Autores de la Guerra y para la Imposición de Sanciones. Dicha comisión emitió un informe acusando a Alemania y a sus aliados de violar las leyes de guerra, y recomendó la formación de un tribunal internacional integrado por veintidós miembros, para procesar a los responsables de estas atrocidades, incluido el Káiser. A los tribunales nacionales se les reconoció jurisdicción para procesar delitos de menor gravedad. La comisión determinó que la iniciación de guerra ofensiva no era un crimen bajo el derecho internacional, pero recomendó que dicho acto debía ser objeto de una condena moral y tipificarse en el futuro como un crimen internacional" (El castigo como respuesta a las violaciones a los Derechos Humanos. Una respuesta global", disponible en http://www.cdh.uchile.cl/media/publicaciones/pdf/18/56.pdf). En cambio, no resulta fácil encontrar datos en español sobre aquel martirio del pueblo serbio. Mucho menos, respecto de eventuales intentos de persecución o enjuiciamiento de sus responsables. Ni la efímera Sociedad de las Naciones, ni tampoco la Corte de la Haya (asociada a aquella) mostraron interés en llevar a cabo experiencias de ningún tipo, tendiente a revisar los crímenes masivos perpetrados contra la patria de Gavrilo. La Primera Gran Guerra fue, entonces, el puntapié inicial de un nuevo orden, impuesto unilateralmente por las potencias vencedoras, en el que los sujetos políticos subalternos no podían esperar un mínimo de justicia, memoria y verdad. Ni la segunda guerra, ni la creación de la ONU,  ni las experiencias de control global punitivo de la modernidad, han modificado en absoluto esas asimetrías y la escandalosa selectividad que caracteriza a los procesos de enjuiciamiento y condena de los perpetradores de delitos contra la humanidad. Más bien, las han profundizado.


La muerte del emblemático líder bolivariano ha producido un cimbronazo político que los pueblos latinoamericanos no han terminado de procesar. A su influjo, y bajo la gravitación de su liderazgo, la mayoría de los países de la región comenzaron, profundizaron, reanudaron o acompañaron una nueva forma de relacionarse con el mundo y, fundamentalemente, de ponerse de pie frente a las nuevas prácticas coercitivas imperiales. Caracterizadas por el control de cuatro flujos decisivos: la información, las finanzas, los gigantescos fenómenos de desplazamientos forzados y la capacidad de disuasión militar. América Latina, con el venezolano en vida, había logrado comenzar a disputar esos arduos territorios.
El proceso sostenido de integración regional, la autonomización -variopinta- de las economías nacionales, los intentos todavía inconclusos de fortalecimiento de los organismos de cooperación política, económica y cultural, y las posiciones dignas sostenidas frente a los escandalosos hechos de espionaje, intervención, preparación de distintas especies de golpes blandos, fueron, indudablemente, mucho más fuertes con el venezolano en vida.
También la resistencia respecto de organizaciones paraimperiales como la OEA o la CIDH, de las que América Latina debe independizarse más temprano que tarde. Como un objetivo estratégico, pero cada vez más urgente.
La tarea no será fácil. La búsqueda de un sistema emancipador común de regulación de la conflictividad es una asignatura pendiente que no puede postergarse. Nexos cada vez más visibles atraviesan transversalmente las vicisitudes de todo orden que los pueblos del Sur deben afrontar. Y los organismos creados por los países hegemónicos no son, precisamente, fiables. Mucho menos, justos. El imperio ha mostrado, en varias oportunidades, su rostro actual. Que nos toque ahora, nuevamente, a los argentinos, padecer la angustiosa ordalía de la deuda, es una más de estas prácticas de control y dominación. Por supuesto que trascendente. Pero no la única. Para eso es necesario no abandonar la idea de crear organismos propios que, desde el punto de vista del Derecho Internacional de los pueblos subalternos, nos permita crear un bloque sin tutelas ni coerciones que terminen impactando sobre nuestras futuras generaciones, hasta someterlas al vasallaje. Porque eso sería consentir nuevos crímenes contra la humanidad.
Los pretendidos créditos de los buitres pueden dar lugar a instancias obligatorias de máxima crueldad. Se trataría, en principio, de embargos. Pero sabemos que la retórica imperialista es intencionadamente imprecisa. Si estos son embargos, lo de Cuba es un bloqueo, no un embargo. Y, en cualquier caso, ha durado décadas. Con perjuicios enormes a todo nivel para el pueblo caribeño. Por eso es necesario intentar la construcción de un derecho liberador. Y no parece prudente perder más tiempo.
A más de cincuenta años de su creación, producida en la histórica cumbre de Belgrado de septiembre de 1961 , el Movimiento de Países No Alineados llevó a cabo su XVI reunión en Teherán, recuperando, a partir de sus resoluciones, un protagonismo y una influencia internacional que no tenía desde la guerra fría. El reciente cónclave de Irán, puso de manifiesto que el anfitrión no es un paria internacional ni se encuentra “aislado del mundo”, conforme expresa una de las muletillas preferidas de Washington. Asistieron al mismo el propio secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y representantes de más de 120 países que testimoniaron el fracaso de las políticas diplomáticas estadounidenses para cercar a Teherán. Este es un dato objetivo de la realidad, que llevó al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu a afirmar que la cumbre era una vergüenza para la humanidad. Semejante reacción se explica a poco que se explore el contendido de los casi 700 artículos que componen la resolución del NOAL. Entre los más importantes, se destacan aquellos que exigen un desarme nuclear global, un Estado palestino con fronteras seguras y la democratización de la ONU, reclamada en las propias narices de se Secretario General, cuya presencia en el encuentro fue duramente criticada por Estados Unidos e Israel, más allá de las claras señales de disciplinamiento que Ban hiciera, abogando por la libertad de los presos políticos del gobierno de Ahmadineyad, al que también exigiera el cumplimiento de las resoluciones de la ONU sobre su programa nuclear y la “cooperación plena” con el cuestionado Organismo Internacional de la Energía Atómica, cuya abolición lisa y llana se reclamara por su actitud negacionista en Chernobyl (http://www.profesionalespcm.org/_php/MuestraArticulo2.php?id=6510), análoga a su conocida inacción frente a la crisis nuclear de Japón, producto de su endogamia y reconocida proximidad con la industria nuclear . La respuesta del Grupo fue un respaldo a los derechos soberanos de Irán a desarrollar un programa nuclear con fines pacíficos, según informó la televisión estatal iraní. En consecuencia, la relevancia política internacional de estos pronunciamientos, devuelve al Movimiento un rol mucho más cercano al que tuviera desde su creación y hasta los años ochenta, en que la crisis entre algunos de sus miembros (la más recordada es, sin duda, la guerra entre Irak e Irán) constituyeron el preludio de un punto crítico que se expuso en toda su dimensión durante la década siguiente, cuando el colapso de la Unión Soviética, el derrumbe del Muro de Berlín, el fin de la guerra fría y el unilateralismo sobreviniente del mundo debilitaron las bases políticas que dotaron de sentido a un organismo que representó durante años, con su heterogeneidad y sus contradicciones, a los pueblos que luchaban por su liberación desde una posición autonómica. Hasta ahora. La densidad de la resolución del XVI encuentro y las circunstancias políticas que rodearon al mismo es comparable a la de 1961, cuando desde Yugoslavia se reivindicaban los derechos soberanos de los países emergentes y se ponía en crisis el dominio del imperialismo-colonialismo y el del neo-colonialismo en todas sus manifestaciones, como única manera de preservar la paz en un contexto de profunda sensibilidad internacional. Tal vez los más memoriosos recuerden algunos párrafos elocuentes de aquella primera cumbre, cuando los No Alineados declaraban que “Jamás la guerra ha amenazado a la Humanidad con consecuencias más graves que hoy en día. Por otro lado, nunca anteriormente ha tenido el hombre a su disposición poderes más fuertes para eliminar la guerra como instrumento de política en las relaciones internacionales”. “El imperialismo se está debilitando. Los imperios coloniales y demás formas de opresión extranjeras sobre los pueblos de Asia, Africa y América Latina están gradual mente desapare-ciendo de la escena de la historia. Se han conseguido grandes éxitos en la lucha de muchos pueblos por la independencia nacional y la igualdad. De la misma forma, los pueblos de América Latina continúan contribuyendo cada vez más eficaz mente a la mejora de las relaciones internacionales. Los grandes cambios sociales que están teniendo lugar en el mundo provocan necesariamente empeoramientos periódicos en el mundo; se acelera el fin de la época de la opresión extranjera de los pueblos, y ello hace que la cooperación pacífica entre los pueblos, basada en los principios de in dependencia e igualdad de derechos, sea condición esencial para su igualdad y progreso”. Cualquier parecido con la realidad actual no puede atribuirse a la casualidad. Tampoco, que la próxima cumbre del NOAL se realice en Venezuela.
El portal Dialnet, de la Universidad de La Rioja, España, conserva todavía un artículo que escribí hace más de una década para el sitio "Derecho Deportivo en línea", al que titulé por entonces "La mercantilización de los futbolistas jóvenes en las sociedades de riesgo", actualmente disponible en el link http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=237991
En ese texto, había intentado poner de manifiesto mi preocupación  por el fenómeno incipiente de un proceso de mercantilización de jóvenes futbolistas, en un escenario histórico particularmente sensible para nuestro país. En ese contexto histórico de triunfo absoluto del neoliberalismo, aparecía mencionada en el artículo la figura del tráfico de personas, atento las modalidades que adquirían, en muchas oportunidades, este tipo de operaciones "comerciales" que encubrían sometimientos inhumanos y degradantes, con penosas consecuencias de todo tipo, de las que nadie se hacía cargo.
El cineasta Miguel Alcantud, en su película "Diamantes Negros", da cuenta ahora de lo que entiende una nueva forma de esclavitud que se extiende por el mundo: justamente la del tráfico de niños africanos y latinoamericanos para jugar al fútbol en los grandes clubes europeos. A pesar de que las normas de la FIFA prohíben que los clubes contraten a menores de fuera de Europa, algunos de los grandes equipos de España, Italia, Francia e Inglaterra lo hacen, según el director, que ha realizado una investigación sobre ello en África, Noruega y París, entre otros lugares, y que ha comenzado el rodaje de la película , con la que denunciará esta situación.
Según surge de una nota del diario español Público.es, actualmente, existen unos 20.000 menores africanos que han sido abandonados por los equipos y sobreviven en las calles de los países europeos. 
La mayoría de las veces, engañan a las familias, que esperanzadas por la posibilidad de una vida diferentes para sus hijos, veden sus propiedades o se endeudan de por vida para conseguir el dinero del viaje de los niños.
Cuando los niños llegan, nada es fácil para ellos. Si no responden como prometían o tienen una lesión, son abandonados a su suerte. Si los clubes deciden mantenerles, no existe para ellos una educación adecuada ni la posibilidad de que sean sus familias las que manejen su situación.
Esta es una realidad que fue denunciada en el Parlamento Europeo por el representante de la ONG Culture Foot Solidaire y ex futbolista camerunés Jean-Claude Mbvoumin.
Miguel Alcantud descubrió en Noruega a John Obi Mikel, un niño al que tenían escondido en este país los dirigentes del Chelsea, esperando que cumpliera 18 años. Allí, llevaron también a tres niños nigerianos para que Obi Mikel no "tuviera añoranza y la ‘inversión' se echara a perder". Además, el director contactó con Ronny Van der Meij, un abogado especialista en derecho deportivo, que fue quien le facilitó, entre otros, la información de los 20.000 niños africanos que vinieron a Europa a jugar al fútbol y hoy malviven en las calles. En París, Alcantud conoció a menores abandonados después de sufrir alguna lesión o tras fallar en sus primeras pruebas.
Para las familias africanas y latinoamericanas pobres es muy difícil, por no decir imposible, resistirse a la tentación de convertir a los niños en futbolistas profesionales en algún país de Europa. Ello facilita enormemente el tráfico de los menores, un delito siniestro que podría evitarse creando academias de fútbol en sus países de origen, aunque por supuesto eso implicaría un gasto un poco mayor para los millonarios clubes de fútbol.Diamantes negros contará esta realidad a través de la historia de dos niños, víctimas de este tráfico, que llegan a España, donde entrarán en un mundo de agente, dinero, intereses... y que se encontrarán con una vida que nada tiene que ver con la que les prometieron.  Uno de los niños es abandonado en Madrid y el otro en Lisboa. Y uno de ellos consigue volver a África, donde descubre los sacrificios que ha tenido que hacer su familia para que él pudiera viajar a Europa.Los niños malienses Setigui Diallo y Hamidou Samaké son los protagonistas de esta historia, en la que les acompañan Carlos Bardem, Willy Toledo, Carlo D'Ursi, Santiago Molero y Ana Risueño. Diamantes negros es una coproducción entre la española Potenza Producciones  y la portuguesa Fado Films, y se rodará en Madrid, Lisboa, Faro, Malo y norte de Europa a lo largo de nueve semanas. Además, el filme cuenta con el apoyo de la Junta de Castilla-La Mancha y el Instituto de Cine (ICAA) y con la colaboración de la Fundación Voces.La película se basa en una minuciosa investigación y en algunos ejemplos que desde hace años han estado saliendo a la luz. Así, algunos de los casos reales que han sido publicados en la prensa son, por ejemplo, el de conocidísimo Eto'o, que estuvo siete meses en Francia viviendo prácticamente en la calle cuando tenía once años, antes de llegar a triunfar, o el propio Messi, que fichó con el Barcelona con solo doce años. Menos trágicos que otras realidades, como la de Dungai Fusini, un chico de Costa de Marfil de catorce años que fue quien le dio nombre al tráfico de niños en Italia. El chaval no iba al colegio, no aprendía ningún idioma, dormía en el sótano de un restaurante... y tenía una sesión de entrenamiento vespertina cada día. Un día huyó y fue encontrado un mes después debajo de un puente.
El modelo del sistema internacional de conquista imperial, se legitima en un derecho  creado de manera unilateral y antidemocrática, tendiente a reproducir las relaciones de poder mundiales, funcional a los intereses del imperialismo. Éste expresa la fase superior del capitalismo, la disputa por los mercados del mundo, y, por ende, un derecho de esas características legitima la utilización de la fuerza con un criterio hobbesiano, reivindica el "realismo jurídico" y "político" con el que, contemporáneamente, han venido amenazando a la Humanidad Zbigniew Brzezinski, Henry Kissinger, Condoleezza Rice y Hillary Clinton, remitiendo a la vieja categoría del "vacío de poder" para ejercer su poder punitivo sobre el resto del planeta.
Para Estados Unidos, en consecuencia, el sistema internacional es un sistema de control internacional donde prima únicamente la relación de fuerzas.
Si, como sabemos, hace cuatro décadas, el pacto de Varsovia había advertido acerca de la matriz extraordinariamente vertical y antidemocrática de la concepción imperialista en materia de relaciones internacionales, podemos decir que la misma mantiene todavía una entera vigencia. Sólo que, en vez de construir como enemigos a los países socialistas (aunque también lo sigue haciendo todavía con alguno de ellos, como es el caso de la República Popular de Corea, Cuba, Bielorrusia o Venezuela), lo hace fundamentalmente con aquellos pueblos indóciles o poseedores de riquezas o recursos estratégicos escasos.
Eso explica que, pese a las profundas transformaciones que en materia de bloques de poder económico ha sufrido el mundo en los últimos años, la principal potencia militar siguen siendo los EEUU de Norteamérica.
Y lo es en base a un derecho portador de enunciados tales como la democracia, la paz, la civilización, etcétera, mediante los cuales se sienten habilitados para emprender operaciones policiales de alta intensidad o guerras de baja intensidad a lo largo y a lo ancho del planeta, casi todas ellas con la misma matriz ideológica.
En realidad, la propiedad privada y la explotación del hombre por el hombre, cuyo principal estímulo de producción es la obtención de la ganancia, adquiere centralidad absoluta para el capitalismo y su forma de concebir las relaciones y el derecho internacional.
Para lograr esos objetivos, la fuerza se constituye en un elemento excluyente de la política internacional y de la diplomacia imperial.
Esto implica una legitimación de las disputas violentas por la hegemonía, que como exteriorización del poder, supone someter la voluntad de los pueblos militarmente más débiles a los designios unilaterales del más fuerte.
Esta praxis se sostiene en base a los postulados teóricos del denominado "realismo político", un hallazgo conceptual norteamericano de la época de la segunda posguerra, de resultas de la cual la  política de fuerza es concebida como una verdadera ley de la historia y por consiguiente, como la única política posible para el Estado. Su principal mentor fue el profesor de la Universidad de Chicago, Hans J. Morgenthau, que en 1948 editó el libro “Politics among Nations?”, en el cual se desarrolló  la idea de la imposición de la fuerza en las relaciones internacionales, lo que resultó absolutamente funcional al contexto histórico que se vivía con la aparición de la obra: la guerra fría.
Morgenthau consideraba que “la política internacional, como cualquier política, es una guerra por el poder. Dado que la tendencia por el poder es una característica que diferencia a la política internacional, como a cualquier política, la política internacional es inevitablemente política de fuerza".
Los gobernantes de los Estados imperialistas, sobre todo de Estados Unidos, continuamente violan el derecho internacional e intentan al mismo tiempo encubrir sus actividades ilegales jurando fidelidad al derecho internacional, en tanto y en cuanto los organismos en los que ejercen una influencia decisiva se presten a sus maniobras o decisiones a nivel global. O sea, convaliden aquel derecho sostenido únicamente por la fuerza y la vocación de control universal.
Esto hace que el sistema internacional encuentre en el derecho internacional una suerte de superestructura mundial que reproduce las relaciones de fuerzas entre los Estados. Ni siquiera la CPI ha logrado sustraerse de este sistema de disciplinamiento y control. Con mucha mayor razón, podemos decir que tampoco lo han hecho la ONU o los tribunales internacionales especiales, creados de manera ad-hoc y ex post facto, generalmente para juzgar la conducta de los vencidos en las guerras.
Sin embargo, los teóricos del modelo imperialista del sistema internacional se encuentran en una posición mucho más difícil. Como científicos que apoyan el predominio de la fuerza en las relaciones internacionales, están forzados a desconocer o en general a ignorar el derecho internacional, o bien a afirmar que éste no puede influir en la conducta de los Estados, y que se encuentra al servicio de la fuerza.
Con ello se intenta eliminar el derecho internacional, al que se considera un obstáculo para la política de fuerza. Es decir, no pueden a esta altura de la historia soportar la legalidad formal que ellos mismos han creado.