Por Eduardo Luis Aguirre
Al momento que escribimos esta breve reflexión, se desconoce todavía la letra chica del acuerdo alcanzado entre el Mercosur y la Unión Europea. No obstante, hemos leído opiniones en contra (algunas provenientes de sectores vinculados a pequeños productores y pymes locales) y otras a favor, hasta ahora identificables mayoritariamente con los sectores agroexportadores, que encarnan el 60% de los dólares que ingresan al país. Vamos a intentar conjugar algunas razones e hipótesis que seguramente agregan más incógnitas que certezas a un hecho indudablemente histórico.
Se trata de una alianza de libre comercio que, como siempre, tendrá ganadores y perdedores pero que, por la heterogeneidad de los pueblos y países signatarios a ambos lados del Atlántico, seguramente no sería de fácil ni inmediata instrumentación.
Es cierto que los países del sur de América han decidido elegir como socio a un continente que parece haber agotado las bonanzas alcanzadas después de la segunda posguerra. Los europeos atraviesan inéditas dificultades políticas, económicas, sociales, demográficas, geopolíticas y culturales. Hay pocos países que escapan a estas situaciones críticas y esa involución se advierte mucho más después del brexit del Reino Unido.
Igualmente, si Gran Bretaña integrara el bloque de la UE Argentina se vería impedida de firmar ese acuerdo con un país enemigo que ocupa de facto el 25% de su territorio. Por si esto fuera poco, a ambos lados del Atlántico avanzan expresiones gubernamentales reaccionarias, capaz de desinterpretar al extremo las posibilidades de cualquier alianza sustentada en valores solidarios y más justos.
En el mediano plazo, no se puede dejar de tener en cuenta que el viejo continente tiene severas restricciones en materia de crecimiento demográfico. Muchos analistas la describen como un verdadero geriátrico.
Países como Italia, España y Alemania registran tasas de fertilidad de apenas 1,3 hijos por mujer. Mantener una población estable demandaría un crecimiento poblaciónal cercano al doble de esos estándares. El resultado es una fuerza laboral en declive que, además del envejecimiento de la población compromete la seguridad previsional de esos países.
Por ende, no sabemos si un continente con esas debilidades actuales (tan lejanas del añorado estado de bienestar de las socialdemocracias que elogiaba Tony Judt como el estadío más justo al que había llegado la humanidad) podría reprimarizar la economía argentina. Sobre todo con el retroceso que en la materia produjo la catástrofe libertaria. Para eso, habría que leer el acuerdo en detalle y en todo caso dependerá de la vocación soberana argentina. Ese prejuicio, además, debería sostenerse con la misma convicción respecto de la influencia china en la región.
La producción agropecuaria europea, debemos recordarlo, evidencia dificultades comprobadas. La Comisión Europea recurrió no hace mucho tiempo a la elaboración de una «Estrategia de relevo generacional en la agricultura»,destinada a los jóvenes campesinos a fin de que la agricultura fuera una actividad más atractiva para esas generaciones que emigran permanentemente del campo a las ciudades. La medida es casi desesperada. “En la actualidad, la edad media de un agricultor en la UE es de 57 años, y solo el 12 % tiene menos de 40 años (por lo que podría considerarse como joven agricultor). Según advierten desde la Comisión, este desequilibrio amenaza la seguridad alimentaria a largo plazo, la autonomía estratégica de la UE en la producción de alimentos y la sostenibilidad de los paisajes agrícolas europeos” (1).
Esa no es la única buena noticia para los agroexportadores argentinos. Ucrania es el quinto exportador de productos agropecuarios. Aún suponiendo que la guerra terminara hoy, más del 50% de su territorio, donde se encuentran ubicadas sus tierras más fértiles, o tierras negras o del “Chernozem”, las más fértiles del mundo no quedarían bajo su dominio. Los estudios más actualizados especulan que si Rusia (primer exportador del mundo en materia agropecuaria) anexara más territorio ucraniano podría hacerse hasta del 73% de la producción mundial, produciendo un verdadero shock en el mercado mundial (2). Otra razón ponderable para ampliar la despensa.
Por otra parte, el acuerdo involucra a 700 millones de personas y el 30% del Producto Mundial. Por eso decimos que se trata de un hecho histórico cuyas consecuencias finales son, al menos para nosotros, difíciles de entrever.
Para tranquilidad de los puristas en la materia, no cabe duda que nuestros asociados forman parte de “occidente”, y en algunos casos como España y Portugal son parte de una Iberia desunida por el imperio inglés.
Es un buen momento para alejarse de la hipertrofia belicista y coercitiva del nacionalismo opresor que promueve el gobierno de Trump, con su versión desnaturalizada de “América para los (norte) americanos”, manteniendo con éste las relaciones de equilibrio necesarias, pero poniendo con una economía no complementaria las distancias oportunas.
Pero para eso, Europa debería deponer su rusofobia militarista y preservar los lazos debilitados de la propia Unión, sobre todo porque los europeos son los grandes derrotados frente a los nuevos cambios que se precipitaron en el mundo.
Ese cambio europeo podría contribuir a ampliar las conveniencias argentinas en términos científicos, intercambios académicos y liberalización de ejercicios profesionales, por dar solamente algunos ejemplos. Pero no sabemos cuál es el alcance que en la realidad tendrá el acuerdo y resulta difícil tomar una posición concreta sin esa información imprescindible.
Lo único que se observa es la oportunidad de una delicada labor de la cancillería para pendular entre bloques y avanzar en un contexto intrincado y cambiante, pero no necesariamente inconveniente para nuestro Sur. Esa es la mayor debilidad a la que deberíamos atender: las dudas que genera la cancillería argentina para surfear en una geopolítica del caos. Porque no parece que la política exterior del mileísmo comprenda las complejidades del nuevo mundo, a las que pretende describir desde perspectivas ultraliberales insensatas. Y lo que viene es una puesta a prueba de la actuación de nuestra política exterior. Antes de sentar una posición en este contexto resbaladizo y difícil es necesario previamente entenderlo para poder orientar una ubicación, una política de alianzas y de preservación de los intereses nacionales.
Disponible en https://www.aenverde.es/la-edad-media-de-un-agricultor-en-la-union-europea-es-de-57-anos/#:~:text=En%20la%20actualidad%2C%20el,podr%C3%ADa%20considerarse%20como%20joven%20agricultor).
}Espejo Serrano: “'Chernozem', el otro oro negro que Putin desea monopolizar para controlar la despensa mundial”,diponible en https://www.etsiaab.upm.es/?id=0642010059f53810VgnVCM10000009c7648a____&prefmt=articulo&fmt=detail#:~:text=Se%20trata%20de%20las%20tierras,suelos%20m%C3%A1s%20f%C3%A9rtiles%20del%20mundo.
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