En la Argentina asistimos a un cambio de época que excede largamente los matices insustanciales de la mera transición de un gobierno a otro. Abarca, en su  imperceptible profundidad, la renovada disputa por la cultura, por la construcción de nuevas subjetividades, por la configuración de un nuevo sentido común, de una cosmovisión del mundo y de las relaciones intersubjetivas en su conjunto.

"La barbarie no existe, pero si existe, nosotros somos más bárbaros que los indios. El universalismo cristiano se conjuga aquí con la valoración positiva del buen salvaje" (Todorov,Tzvetan: El miedo a los bárbaros, Ed. Galaxia Gutemberg, 2014, p.38)

El concepto de Relaciones Internacionales, fundamental para comprender los comunes denominadores entre control global y derecho, se ha vuelto particularmente polisémico durante la modernidad tardía.


por Aitor Álvarez Fernández (*)




Se pretende explicar a qué se debe el continuo incremento de neurocientíficos en el tratamiento de cuestiones psicológicas y delimitar la Psicología frente a las «Neurociencias». 

En la Argentina, pese a que la Ley de Salud Mental Nº 26657 tiene más de un lustro de vigencia, se calcula que más de 22.000 personas siguen privadas de libertad en establecimientos monovalentes, la mayoría de ellos en condiciones de flagrante violación de sus Derechos Humanos fundamentales.

Por Eduardo Luis Aguirre

Escribí aquel artículo bastante tiempo antes de que saliera publicado en este espacio, el 4 de diciembre de 2015 (1), mientras esperaba la salida de mi vuelo en el aeropuerto metropolitano. Es bueno contextualizar, en estos casos. La idea era, en ese entonces, generar un disparador sobre el presente y el futuro del paradigma emergente de la Ley de Salud Mental y sus rupturas categóricas. Una de ellas, justamente, saldada contra la lógica del secuestro institucional en un ámbito hasta ese momento inesperado. Por lo menos, para los penalistas.

El increíble discurso del Intendente de Bahía Blanca, proferido en una ciudad cuya carga simbólica no es preciso enunciar, un 25 de mayo, rodeado de uniformes y aupado por el voto mayoritario de sus vecinos, no puede ser tomado como un mero exabrupto. Nadie que no se sienta legitimado y fuera del alcance de cualquier tipo de reproche institucional podría emular la nefasta reivindicación del pasado trágico argentino y la convocatoria a identificar y combatir a un nuevo enemigo interno. La retórica de este funcionario electo exhuma las lógicas constitutivas de un "otro" desvalorado, creado unilateralmente por quien lo "identifica" y lo constituye como un riesgo para las mejores tradiciones que encarnan un ser nacional análogo del que brotaba a borbotones de los discursos genocidas durante la dictadura cívico militar. El intendente no es el único nostálgico del destino manifiesto de la eliminación del diverso. La ministra Bullrich volvió a mostrar sus intenciones provocadoras al denunciar la presencia cercana a la Plaza de Mayo de un grupo de personas portando bombas molotov. La desmentida policial llegó a tiempo, pero lejos está de autorizar la pasividad y la desatención frente a estos dos hechos, ocurridos ambos en un día patrio, pero también en un marco donde crecen la pobreza y la marginalidad, pero también la represión de la protesta social o los intentos denodados y recurrentes de acallar por cualquier vía las voces alternativas. En los medios, en las calles y en la plazas.
Por si esto fuera poco, crecen las versiones, hasta ahora no desmentidas, de la autorización del gobierno argentino de enclavar una base norteamericana en el sur argentino y otro asentamiento análogo en la triple frontera. Esos hechos no están divorciados de los dichos del alcalde bahiense. Está claro, y es sabido, que vienen por los recursos escasos. Pero también que la derecha neoconservadora está dispuesta a promover -si las condiciones objetivas y subjetivas de la movilización popular la jaquean- una intervención imperial cuya modalidad ignoramos. Como lo han hecho en todo el mundo, y en especial a partir del experimento desmembrador de la ex.Yugoslavia. Eso explica la inquietante presencia de la DEA por la que puja el Pro. Esa pulsión mortal cuenta, desde luego, con el guiño de la embajada. Por eso es que a la derecha no le importa "ganar la calle", y por eso es que las formas de resistencia deberán tener en lo sucesivo la potencia original de recrear un escenario propicio para disputar la batalla cultural definitiva. Hay que trascender de manera urgente el marco agitativo y consignista. En menos de 200 días el desastre retrógrado en el gobierno ha generado retrocesos que no va a resultar sencillo remontar en el futuro. Los medios juegan su rol consabido de utilizar mentiras y tergiversaciones cuidadosamente diseñadas y banalizaciones que contribuyen al desconcierto, la pasividad generalizada y la colonizació cultural. Sólo el pueblo organizado, un nuevo bloque histórico con vocación emancipatoria, consciente de lo que está en juego en esta hora decisiva, será capaz de conjurar la pesadilla predatoria que se abate sobre la Patria que, todavía, nos contiene.


El Tribunal Penal para la Antigua Yugoslavia absolvió el jueves al líder nacionalista serbio Vojislav Šešelj de todos los cargos que pesaban sobre él por su actuación en las guerras balcánicas de los años noventa. "La acusación no aportó pruebas suficientes para determinar que se cometieron los crímenes", explicó el juez del TPIY Jean-Claude Antonetti al publicar el veredicto en La Haya. "Con esta absolución de todos los cargos que contenía la acusación", la orden de detención queda invalidada y Vojislav Seselj es "un hombre libre". El pronunciamiento ha concitado rechazos en Croacia y Bosnia, y se aguarda la posible apelación de la fiscalía en el caso.
Lo verdaderamente grave, es que el imputado transcurrió nada más y nada menos que once años en prisión preventiva. 


ŠEŠELJ, fue presidente del Partido Radical Serbio (SRS) y una figura política prominente en la República Federal de Yugoslavia (RFY). Fue originalmente imputado de haber propagado una política de unificación de «todas las tierras serbias en un estado serbio homogéneo, que refirió como Gran Serbia” que incluiría a Serbia, Montenegro, Macedonia y partes considerables de Croacia y Bosnia y Herzegovina. También, de haber participado en una empresa criminal conjunta (JCE) cuyo propósito era la expulsión por la fuerza de croatas, musulmanes y otras minorías no serbias de los territorios antes mencionados. Fue acusado igualmente de crímenes contra la humanidad y violación de las leyes o usos de la guerra. El juicio comenzó el 7 de noviembre de 2007. El 21 de enero de 2009, Vojislav Šešelj se convirtió en el primer enjuiciado por crímenes de guerra en ser acusado de desacato. El juicio por crímenes de guerra fue suspendido indefinidamente el 11 de febrero de 2009, después de una decisión mayoritaria del tribunal sobre una solicitud de la parte acusadora en ese sentido, a causa de la supuesta intimidación de testigos por parte del entonces imputado. El 19 de mayo de 2010, la Cámara de Apelaciones confirmó la condena de quince meses de prisión aplicada a Šešelj por desacato. El juicio por crímenes de guerra contra Šešelj se reanudó el 12 de enero de 2010, pero se suspendió nuevamente el 17 marzo 2010. Debe destacarse que Šešelj se presentó por propia decisión ante el TPIY.  Acusado de crímenes contra la humanidad y violación de las leyes de guerra, ha venido protagonizando arduas polémicas con el Tribunal, no exentas de densas argumentaciones históricas, filosófico políticas, y geopolíticas, que, con independencia de los juicios de valor que las mismas pudieran merecer (de hecho, discrepamos con muchas de las posturas conceptuales, políticas e ideológicas de Šešelj), implicaron un interesante contrapunto con la versión oficial sobre el conflicto y las condiciones históricas previas al mismo. El Tribunal permitió su regreso a Belgrado por razones de salud durante el año 2014. Su llegada a la capital serbia concitó manifestaciones callejeras de miles de adherentes. Esas adhesiones son las que, en buena medida, explican que Šešelj se postule como candidato en las elecciones serbias, del próximo 24 de abril. El referente ultranacionalista se encuentra gravemente enfermo, ha sido sometido a varias intervenciones quirúrgicas durante el juicio y ya ha anunciado que este agravamiento en su salud, que atribuye en buena medida a los años de encierro, habrán de merecer un reclamo indemnizatorio millonario de su parte. 
La absolución ha sido dictada en un momento particularmente sensible. Sugestivamente, el 24 de marzo pasado el líder serbobosnio Radovan Karadzic había sido condenado por el mismo tribunal a 40 años de prisión por genocidio, motivando que Rusia y la propia Serbia solicitaran el cierre del Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (TPIY), al considerar que la reciente condena al exlíder serbobosnio Radovan Karadzic demostró que es un órgano altamente politizado.
"Observamos una considerable politización y parcialidad en el trabajo del TPIY. Abogamos por su pronto cierre", había dicho el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, en una rueda de prensa tras reunirse con su colega serbio, Ivica Dacic. Hace una semana la Cancillería rusa ya criticó la sentencia de 40 años de cárcel contra Karadzic por crímenes de guerra y acusó a dicha corte internacional de crear "el mito" de que sólo los serbios tuvieron la culpa de la guerra de los Balcanes. Por su parte, Dacic también abogó por suspender "en un corto plazo de tiempo" las actividades del TPIY, del que dijo que "no contribuyó a la pacificación" en la antigua Yugoslavia, su principal objetivo."¿Después de 20 años hemos firmado las paces en la antigua Yugoslavia? No. En los últimos años se ha producido una escalada verbal entre Serbia y Croacia", continuó, asegurando además que "La Haya es sinónimo de la ciudad de la que los serbios no regresan vivos" y el TPIY es "un tribunal político creado, según nuestro pueblo, para juzgar sólo a los serbios"."El fundamento de esta política es que los serbios son culpables de todo y que los serbios son los principales criminales de guerra", resaltó. Dacic consideró que los criminales de guerra deben responder por sus actos, pero tachó de "totalmente inadmisible" dictar "una culpabilidad colectiva" contra el pueblo serbio. Karadzic fue condenado por el TPIY a 40 años de prisión por el genocidio de Srebrenica y por otros nueve crímenes de guerra y lesa humanidad, dos décadas después de la guerra de Bosnia (1992-1995).





Por Ma. Liliana Ottaviano (2)

Resumen 
Pensar el proceso de reforma del campo de la Salud Mental, que va desde el modelo médico disciplinar al modelo comunitario, mirado desde el lugar de la institución psiquiátrica, es el objetivo de este escrito. El modelo asilar de la época clásica, tenía como único fin la práctica del encierro como dispositivo de segregación y depósito de los inadaptados, de los raros, de los diferentes, de los locos. Los hospitales psiquiátricos, las colonias, los asilos, llamados en general manicomios, son en nuestros días la figura de la institución psiquiátrica. En la Argentina Pichón Riviere, José Bleger, Mauricio Goldenberg y Valentín Barenblit no solo cuestionan y revisan la misión del hospital psiquiátrico, sino que logran incorporar otras prácticas con el objetivo de encontrar nuevos modos de comprender y organizar los cuidados de las personas que tienen distintos padecimientos mentales, y revalorizar el lugar de las comunidades en el proceso salud-enfermedad-atención. En diciembre de 2010 se promulga la Ley Nacional de Salud Mental (Ley Nº 26657/10) poniéndose en marcha, lo que será seguramente, un largo camino de desmanicomialización en el país. 

Palabras Claves: Institución psiquiátrica. Segregación. Proceso de Reforma. Salud Mental Comunitaria. Ley Nacional de Salud Mental N° 26657/10). 


Desarrollo Disciplinas, teorías, profesiones, prácticas, instituciones se imbrican en el campo de la Salud Mental con un fundamento ideológico definido de acuerdo al contexto socio histórico en el que están inmersas. Pensar la institución psiquiátrica, y el modo en que ésta plantea las relaciones de poder internas, entre el médico y el enfermo; permite a su vez poder pensar, el contexto sociopolítico, las relaciones sociales del afuera de la institución, y el lugar social que se le adjudica a la locura, como así mismo los modos que cada sociedad instrumenta para producirla. "En Historia de la locura en la época clásica, he querido determinar lo que podía saberse de la enfermedad en una época dada. Ese saber se manifiesta desde luego en las teorías médicas que nombran y clasifican los diferentes tipos patológicos y tratan de explicarlos, se los ve aparecer también en los fenómenos de opinión, en ese viejo miedo que suscitan los locos en el juego de las credulidades que los rodean, en la manera en que se los representa en el teatro o la literatura…. Pero me pareció que una dimensión estaba inexplorada: había que buscar de que modo los locos eran reconocidos, apartados, excluidos de la sociedad, internados y tratados; que instituciones estaban destinadas a acogerlos y a retenerlos, a cuidarlos a veces; que instancias decidían acerca de su locura y según que criterios, que métodos se aplicaban para forzarlos, castigarlos o curarlos; en síntesis, en que red de instituciones y de prácticas se encontraba el loco a la vez apresado y definido." (Foucault citado por Roudinesco, Elisabeth. 1996. Ob. Cit). La época clásica practica el encierro sin ningún fin terapéutico, con el único objetivo de separar, marginar, aislar. Como señala Foucault: el internamiento no es un primer esfuerzo hacia la hospitalización de la locura... el internamiento está destinado a corregir... por eso no es de asombrarse que las casas de internamiento, en esta época (y aun a lo largo de la historia y hasta nuestros días en muchos casos) tengan el aspecto de prisiones. Y así tanto en prisiones como en instituciones de internamiento se han repartido (y se siguen repartiendo) la población de locos, marginados y pobres. Personas provenientes de los sectores de la población que mas empobrecidos tienen sus lazos sociales y su capital simbólico, y que en definitiva son la expresión del lugar social que cada comunidad les otorga. No son las comunidades sino los procesos históricos – sociales que se gestan en cada comunidad, como expresión de los contextos políticos económicos de cada sociedad, los que expulsan a la periferia y a la marginación a grandes sectores poblacionales. Las instituciones de internamiento, aislamiento, corrección y castigo aparecen como los lugares de depósito de los inadaptados, de los raros, de los diferentes, de los locos, entre otros. Tampoco es casual que estas instituciones hayan crecido en la periferia de las mismas ciudades, aunque luego el crecimiento urbano terminara por incluirlas. Lugar geográfico que opera como doble aislamiento o re negación de la locura, como si apartándola no existiera, como si separándola de la comunidad ésta dejara de reproducirla en su propio seno. No solo que no deja de reproducirse, sino que los mismos procesos históricos que la reproducen, generan un modelo disciplinar de abordaje de la locura, de la enfermedad o trastorno mental (de acuerdo a la época será el nombre que tome) que legitima un discurso social que toma elementos científicos disciplinares, que defiende y fundamenta la necesidad de la institución psiquiátrica para la persona definida como enferma (cuando en realidad oculta la necesidad de la sociedad de mantener a estos miembros aislados). Los hospitales psiquiátricos, las colonias, los asilos, llamados en general manicomios, son en nuestros días la figura de la institución psiquiátrica. Instituciones definidas como absorbentes, ya que se proponen generarle al enfermo un mundo propio, absorbiendo su tiempo e intereses y separándolo interna y externamente de la comunidad a la que pertenecen. Son las que Goffman llama instituciones totales, en ellas se da una ruptura de las barreras que en la vida cotidiana de las personas separan los lugares de dormir, de trabajar y de esparcimiento. En estas instituciones todo se desarrolla en el mismo lugar, bajo una única autoridad, con la presencia de varios individuos a quienes se les da el mismo trato, todo esta estrictamente programado, no hay espacios propios. La sociedad opera sobre la locura como producto social mediante la marginación, el aislamiento, el abandono. Los propósitos públicos de cuidado terminan conduciendo al deterioro. Debemos entender que va incluido en este proceso el proyecto ilusorio de hacer desaparecer la anormalidad. Aquello que no es como debe ser, debe desaparecer, y en caso de que se resista debe degradárselo hasta que resulte irreconocible. El hospital psiquiátrico ha sido creado desde sus orígenes como un proyecto destinado a ocultar lo que la sociedad rechaza y no tolera, por atentar contra su cotidianeidad. Lugar de control social, de marginalidad, donde se intenta mantener bajo clausura la diversidad y lo heterogéneo. Estas instituciones a causa de su misión social, están asignadas a una posición de articulación entre la patología y el orden social. Necesitamos construir una comunidad que se pueda hacer cargo del cuidado de las personas en general y en particular de aquellas aquejadas por el sufrimiento mental, y que haya servicios de salud mental que estén, valga la redundancia, al servicio de la reparación porque de lo contrario se convierten en depósitos sociales de la marginación. El modelo asilar, de clausura, comienza a ser cuestionado a partir de 1959 en Inglaterra, con el movimiento de la antipsiquiatría llevado adelante por Laing y Cooper, en Italia con Basaglia, en EE. UU. con las estrategias en salud mental comunitaria como sustento del enfoque preventivo que impulsó Caplan, en Francia, Henry Ey sostenía la psiquiatría dinámica heredada de Pinel y comenzaba la renovación lacaniana. En Argentina encontramos a Pichón Riviere, José Bleger, Mauricio Goldenberg y Valentín Barenblit, por nombrar sólo algunos exponentes de un movimiento que revisó la misión del hospital psiquiátrico, que lograron incorporar otras prácticas con el objetivo de encontrar nuevos modos de comprender y organizar los cuidados de las personas que tienen distintos padecimientos mentales. Y así encontramos un espacio singular, transicional, de entrecruzamiento de distintos paradigmas, donde conviven diferentes posturas ideológicas y científicas, un espacio que genera las condiciones de un pensamiento complejo y crítico. Estamos siempre cabalgando entre distintos modelos, distintas teorías y esto se hace visible en las contradicciones de nuestras propias practicas. El cambio implica reducir en forma progresiva los dispositivos de la internación e integrar la atención de salud mental en los servicios de salud generales, dice el informe de la OMS del año 2001. El proyecto de cerrar las instituciones psiquiátricas asilares, es una idea que no entra en discusión en los círculos intelectuales mas progresistas del campo de la Salud Mental, pero para que este proyecto tenga un sustento que lo haga factible, hay que trabajar sobre dos premisas:  Crear un sistema asistencial alternativo  Darle una solución a las personas que están en estas instituciones. Esto sería el aplicar programas de reubicación social basados en una política de externación. En el país, los psicólogos y psicoanalistas, fueron una pieza importante en este proceso tendiente a generar un cambio dentro del sistema psiquiátrico, aportando ideología nueva que modificó criterios clásicos de abordaje, tratamiento y definición de situaciones problemáticas. Luego los avatares políticos y sociales del país (década del 70 y 80) puso entre otras cosas un freno a todo el proceso de apertura que se venía gestando. Los psicólogos y psicoanalistas se replegaron hacia un terreno más íntimo y privado, que seguramente les ofreció cierta seguridad ante las incertidumbres que generaba la vida pública, y se fue dejando de lado la idea de Freud, que no se puede comprender la subjetividad sin un correlato de lo que sucede en la cultura y en la sociedad en un momento dado. Alrededor del año 1993 Emiliano Galende ya planteaba una política alternativa en este campo de la salud mental: "un sistema inicial descentralizado, en centros periféricos y en un trabajo asistencial más volcado a la comunidad que devuelva a las personas a esa misma comunidad desde un papel protagónico. Esto implica entonces la constitución de redes asistenciales, que integren a las familias, grupos primarios, etc., en los tratamientos. Este sistema debería ser autosuficiente. La periferia debería resolver la totalidad de los problemas. La concreción de este programa no depende de un problema de recursos económicos, sino de una decisión política. El obstáculo mayor es contar con una ideología global del Estado que otorgue participación a la comunidad en los problemas que ella tiene, pero plantear una salud mental comunitaria es antagónico hoy con los valores que gobiernan la política del Estado: valores de privatización y políticas de ajuste. No se puede pensar en valores y criterios que recuperen la responsabilidad colectiva con un Estado privatista y mercantilista. Si bien existen muchos profesionales y esfuerzos individuales para sostener una red de servicios en Salud Mental, éstos son a contramano de las políticas gremiales. Esto hace que los problemas sociales en su conjunto no tengan aún una respuesta, aunque no se los podrá ignorar por mucho más tiempo (Galende, E. 1993. Ob Cit). Con la promulgación, en el año 2010, de la Ley Nacional de Salud Mental, nuestro país comenzó a transitar un nuevo camino: el cierre de los hospitales psiquiátricos, la integración plena de los enfermos mentales a la comunidad, y el respeto a los derechos humanos de las personas con padecimientos mentales, partiendo de una definición de salud mental entendida como un “proceso determinado por componentes históricos, socio-económicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona”. (Ley Nº 26657/10.) Se inicia así un proceso de desmanicomialización de la salud mental, uniéndonos de ésta manera a nuestros hermanos de Brasil y Chile. La nueva ley sostiene que los servicios de salud mental deben estar basados en la comunidad. Promueve el trabajo interdisciplinario entre todos los miembros del equipo de salud. Y considera el internamiento en un centro sanitario como un recurso excepcional, que debe realizarse en hospitales generales, donde el paciente pueda recibir una atención integral de su salud y por cortos períodos. Esta decisión que constituye el corazón de la norma, ya que implica el progresivo cierre de los psiquiátricos, ha tenido el apoyo de asociaciones profesionales (3), Organización Panamericana de la Salud (OPS), organismos humanitarios, profesionales de la salud mental y familiares de pacientes; pero también hay que admitir que generó polémica y rechazo de algunas asociaciones de psiquiatras y directivos de hospitales generales. Desmanicomializar no es solo dejar de internar. Un trato manicomial puede darse (y se da) fuera de los hospicios. Un trato manicomial es pensar en seres (ser psicótico, ser esquizofrénico, entre otros) y no en sujetos. A partir de ese compromiso, Argentina, Brasil y Chile comenzaron a avanzar en el proceso de "desmanicomialización", el cierre de los lugares de confinamiento. Pero recién ahora, con la nueva ley, Argentina puede dar pasos más firmes, que se inician y respaldan en el marco legal de un Estado que en 200 años de historia aún no contaba con una ley de salud mental integral -que a su vez deroga la Ley Nº 22914/83 sobre “Internaciones psiquiátricas”-. A modo de conclusión Sabemos que la promulgación de la Ley es el inicio del recorrido de un camino que será lento, y que deberá sortear varios obstáculos, algunos culturales otros, ideológicos, y otros varios académicos y formativos. El saber médico-psicológico tradicional, homologable al Modelo Médico Hegemónico de Menéndez (Menéndez. 2005. Ob. Cit.) proporciona y legitima como científico un código de objetivación de las diferencias y de clasificación de los individuos. Y que bajo un manto de pretendida neutralidad (inexistente cuando se trata de relaciones humanas y sociales) esgrime teorías y modos de explicar la enfermedad de manera descontextualizada del proceso histórico-social que la produce. Diagnósticos, clasificaciones, etiquetas, intervenciones llevaron durante mucho tiempo implícita y explícitamente en algunos casos, la dimensión política en la valoración de normalidad del comportamiento. Un ejemplo de esto es el dispositivo psiquiátrico y su función política de segregar, excluir… a los desviados, desadaptados… a los enfermos mentales… a los pobres y marginados… a los excluidos. La conformación del campo de la Salud Mental está unida con los principios y valores de la democracia participativa, con la defensa de los derechos humanos. “El sector de la Salud Mental es básicamente un ámbito multidisciplinario destinado a prevenir, asistir y propender a la rehabilitación de los padecimientos mentales, y lo hace desde una comprensión de los lazos sociales deseables, implementando determinadas políticas dirigidas a la integración social y comunitaria de los individuos involucrados” (Galende, E. 1998 Ob. Cit.). Pensar en la salud mental comunitaria implica también un cambio cultural. Darle a la sociedad y a las comunidades herramientas, recursos para que puedan enfrentar el problema de la locura. Pensar a la comunidad como una red, que pueda soportar. “¿Qué es una red, sino un anudamiento de lazos bordeando agujeros? ¿Qué nos produce la locura, sino un agujero enorme?” (Gómez. S. 2007 Ob. Cit.). 



Referencias Bibliográficas 
FOUCAULT, M. Historia de la Locura en la época clásica. Fondo de Cultura Económica. México. 1998 
GALENDE, Emiliano. De un Horizonte Incierto. Psicoanálisis y Salud Mental en la sociedad actual. Buenos Aires. Ed. Piados. 1998. 
LEY NACIONAL de Salud Mental 26657/10. Derecho a la Protección de la Salud Mental. ROUDINESCO, Elisabeth y otros. Pensar la locura. Ensayos sobre Michel Foucault, Buenos Aires, Piados, 1996. 
GALLI, Galende, Saidon y Bauleo. Como construir un Proyecto Antimanicomial. Zona Erógena. Nº 13. 1993.
 GÓMEZ, Santiago. Anudar con otro hilo. Experiencia con acompañantes comunitarios en Salud Mental. Página 12/Web. 20 de septiembre de 2007. 
MENÉNDEZ, E. El Modelo Médico y la salud de los trabajadores. Salud Colectiva, La Plata, 1(1): 9-32, Enero - Abril, 2005.
(1) Publicado originariamente en Revista Electrónica de Psicología Política Año 9 Nº 26 – Junio/Julio 2011. Reproducido con el consentimiento de la autora. 
(2) Licenciada en Psicología. Especializanda en Salud Mental Comunitaria (Universidad Nacional de Lanús). Maestranda en Salud Pública (Universidad Nacional de Córdoba). Ex jefa del Programa de VIH/SIDA y ex Directora de Educación para la Salud de la Provincia de La Pampa, Argentina.
 (3) Asociación Argentina de Ayuda a Personas que padecen Esquizofrenia, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), la Federación de Psicólogos de la República Argentina.