Memorias sobre la democracia y el fascismo
Por Eduardo Luis Aguirre
Durante las épicas jornadas del mayo francés confluyeron multitudes de obreros que marchaban desde las periferias, desde las "banlieurs" oprimidas, estudiantes, intelectuales, militantes sociales y sindicales y ciudadanos portadores de demandas diversas. Nueve millones de personas participaron de aquellas protestas donde los reclamos ensanchaban un horizonte infinito de anhelos. Se marchaba contra el colonialismo y a favor de los derechos de las mujeres; contra el capitalismo y en favor de la paz; se reivindicaban las libertades individuales y las singularidades contra el despotismo de las intituciones; se despotricaba contra la alienación capitalista y el consumismo y se apoyaban las luchas de los pueblos del Tercer Mundo.

Por Eduardo Luis Aguirre

 

El "miedo al futuro" (*) se hace cada vez menos difuso. Una pesadumbre generalizada recorre el planeta. Al acelerado colapso ambiental se suma la barbarie del capital en su más injusta y flagrante modalidad de acumulación, una pandemia de pronóstico todavía incierto y una veintena de guerras diseminadas en diferentes latitudes.

Por Eduardo Luis Aguirre

 

La guerra es el horror. Un horror indecible. El que resume las pasiones más tristes de los seres humanos. El que masacra, humilla, aniquila y degrada a los pueblos. La guerra en Ucrania, cualquiera sea la lectura política que de ella se haga, no constituye una excepción a ese hiato oscuro de la condición humana.

Por Víctor Ternovsky (*)

 

Las lágrimas de cocodrilo. Son las que se les salen a los llamados 'líderes' occidentales, quienes, además de ejercer como portavoces del régimen de Kiev, se muestran 'extremadamente preocupados' por un conflicto bélico que, no sólo lo generaron ellos mismos –al imponer en Ucrania un Gobierno de corte nazi a través de un golpe de Estado–, sino que también lo están alimentando.

 

Por Eduardo Luis Aguirre

 

 La guerra en Ucrania ha abierto un abanico de múltiples especulaciones e interminables preocupaciones por las distintas consecuencias de todo orden que el conflicto puede llegar a deparar.

Una de las incómodas cuestiones que no se enuncian con frecuencia es el papel que las religiones cristianas, y sobre todo sus jerarquías, juegan en los respectivos países en pugna.

Por Beatriz Gimeno (*)

 

 

Este artículo no será de esos que se leen y se comentan por las redes, porque hay asuntos que permanecen enterrados debajo de esa realidad vertiginosa y volátil; asuntos que se ponen grises de tanto tiempo como ha pasado sin que nadie se ocupara de ellos. Hay cuestiones que al nombrarlas generan, como mucho, indiferencia, cuando no la sensación, en quien las menciona, de estar pisando un terreno que la mayoría encuentra perfectamente prescindible. Hoy quiero escribir de una de esas cuestiones y alejarme un poco de esta "chispeante" actualidad que aturde y agobia a partes iguales.

Por Eduardo Luis Aguirre

 

 

Los húngaros irán a las urnas el próximo 3 de abril con dos opciones en apariencia bien diferenciadas: reelegir al premier ultraconservador Viktor Orbán, que lleva 12 años en el poder en el poder, o dar paso a una oposición que se une por primera vez desde que el líder nacionalista instauró un régimen “iliberal” que confronta con el modelo democrático de la UE y que atraviesa serias dificultades económicas que pueden definir su continuidad.

 

Durante las últimas tres décadas, el mundo ha cambiado aceleradamente. Fue bipolar hasta el colapso de la Unión Soviética y la caída del Muro de Berlín, devino luego unipolar con el "fin de las ideologías" y de la historia y el fortalecimiento imperial de los Estados Unidos y, con una vertiginosidad sin precedentes históricos, se transformó en un gigantesco galimatías multipolar.