"La globalización es una religión perfecta que ni siquiera necesita jerarquías"
El filósofo español Ignacio Castro Rey dialogó en Multitud con Eduardo Luis Aguirre sobre la globalizacón, en un intercambio orginal e imprescindible.

Por Eduardo Luis Aguirre

 

 

 

¿Se abrirán de aquí en más las alamedas, por donde pasen las chilenas y chilenos libres? El discurso rotundo de Salvador Allende interpela la amplia victoria de Gabriel Boric sobre José Antonio Kast en la segunda vuelta del país trasandino. El nuevo presidente, el más joven de la historia de Chile (35 años), encarna un reclamo de cambios profundos en un país que fuera el epicentro de una prolongada y sangrienta dictadura y un largo experimento neoliberal al que el pueblo hermano parece haberle puesto un límite en las urnas.


Por Eduardo Luis Aguirre



La esperanza y los sueños, los ideales, suelen ser una cuestión problemática. La idealización del porvenir siempre colisiona con el límite infranqueable de la realidad, que no es otra cosa que la marca de la impiadosa finitud. Nietzsche afirmaba que la esperanza era el peor de los males, porque prolonga los suplicios de los seres humanos. Cada hombre traza gruesamente su propia, humilde e inconclusa épica. Sea que la misma se enrosque como una hiedra a la mezquindad de lo propio o, por el contrario, que la potencia, la voluntad, la fugacidad de la vida, se convierta en la militancia fatalmente inconclusa y utópica de transformar una parte microfísica de la realidad colectiva.

Por Ignacio Castro Rey (*)

 

 

Al ceder al espectáculo social la dureza de vivir, abandonamos el territorio desde el cual podemos ejercer una fuerza   (Anónimo)



Hemos atravesado también una pandemia de confusión. Tanto a nivel médico, como psicológico y social, tardaremos tiempo en saber lo que hemos pasado en estos últimos meses. Ahora mismo no es descartable ninguna hipótesis, de la más moderada a la más fantástica. Y esto no solo por la dificultad personal en cada uno de nosotros para ordenar tantas sensaciones contrapuestas en días de zozobra y encierro, no solo por las cien transformaciones que hemos atravesado sin quererlo ni saberlo.

Por Eduardo Luis Aguirre

 

Hace algunas horas, Jorge Alemán escribió un artículo en un diario porteño, en el que sintetiza una línea de pensamiento que viene desarrollando desde hace tiempo. La idea del Entusiasmo como categoría de análisis es aplicada en ese texto como una de las formas de comprender las motivaciones de un acto masivo, ruidoso, pacífico, prolífico en la reiteración de las liturgias históricas que caracterizaron al pueblo argentino en momentos convocantes de su vida en común.

Por Eduardo Luis Aguirre

 



Hace algunos días, un compañero ensayaba en uno de nuestros habituales grupos algunas puntas interesantes respecto del estado actual del capitalismo globalizado. Una, en medio del horror cercano, aludía a la defección de las agencias del estado, eso que el Consenso de Washington denominara “gestión” en un prodigio de malversación semiótica que asimila el rol de los estados al de una empresa cuyo rol es administrar el día a día y lograr la mayor “eficiencia”, un concepto cuyo grado de indefinición, por supuesto, también destaca por su intencionalidad antes que por las mejoras que nunca, jamás, derraman sobre los pueblos las nuevas metodologías y prácticas que se abaten sobre los estados y agencias colonizadas con la misma lógica que el Caballo de Troya.

 

Por Eduardo Luis Aguirre

Acabo de leer en P12 un análisis de Nicolás Mavrakis (“Adiós a las cosas: el smarthfone se devora el mundo”). Hace tiempo que atendemos a los esfuerzos que el sistema mundo destina a hacer creer que hay una uniformización tecnológica que aplana las diferencias y que el mundo se deshace de lo tangible. 

El problema de la técnica desvelaba a Heidegger hace 80 años, más o menos. Es una continua estratagema del capitalismo neoliberal pensar y hacer pensar con citas de autoridad que la materialidad de lo corpóreo se desvanece en los dispositivos. Ahora se añade a esa forma de colonialidad la “inteligencia artificial”, el nuevo mantra de la dominación que habrán de intentar agudizando las contradicciones y profundizando las desigualdades.

Por Lidia Ferrari (*)

 

 

¿Quién dirá que los que inculcan la mentira han de saber exponerla con brevedad, claridad, verosimilitud, y los otros que cuentan las verdades de tal modo lo han de hacer que produzca hastío el escucharlas, trabajo el entenderlas y por fin repugnancia el adoptarlas?

San Agustín1

Este texto iba a tener por título “una cultura de la mentira”. En su escritura se impuso otro título: “una cultura del fraude”. El cambio expone la transformación de las hipótesis de partida pero no la intención que las animaba.