El Tío (y Chejov)
Por Eduardo Luis Aguirre
 
El Tío la tiene clara. Fue un articulador simbólico y un conductor vigente de una familia singular en tiempos desoladores. Conoce de las luchas, de las victorias y también de las derrotas más intensas. Fue capaz de entregar de sí lo mejor para mantener en unidad esa diversidad donde conviven desde un mozo y una nodriza hasta un terrateniente arruinado y su propia madre. Reconoce al pie de la letra los laberintos recorridos por esa comunidad estragada por vicisitudes difícilmente reversibles, entre las que no faltan los vicios, los errores y las elecciones que no parecen guardar relación con la profundidad del drama común.

Por Eduardo Luis Aguirre

 

Muchas veces los clásicos interpelan a la criminología con más rigor que los textos específicos. La pluma austera y potente de León Tolstoi delinea en un cuento breve una semblanza articulada alrededor de las grandes preguntas que los críticos formulan históricamente. El sentido del castigo, el sistema de justicia, la cárcel, el delito, la reacción social, la condición humana transformada en cuerpos anónimos, envejecidos, mortecinos que se agolpan en las catacumbas del estado.

Por Federico Valerstein

La sociedad es un medio hostil, discriminatorio y violento para la mayoría de los ciudadanos. Aquellos vulnerables que son los más propensos a ser heridos o dañados por las deficiencias de nuestra sociedad resultan ser los más desprotegidos, y se convierten en elementos indispensables para la creación de “alarmas sociales”, son etiquetados como potenciales peligros y luego utilizados como medio para un fin ulterior, la percepción de inseguridad.

Por Eduardo Luis Aguirre

 

En nuestro primer análisis del tema habíamos hecho hincapié en España, un país que por historia, tradición, idioma y un entramado de indudables cercanías produce, por europeo (aunque europeo “del Sur”, como aclara Boaventura de Sousa Santos) una suerte de fascinación entre una buena parte de nuestra sociedad, que vive con una cargosa ilusión a cuestas.

Por Ignacio Castro Rey (*)

 

¿Quién habló de frío en el rostro? A pesar de la deserotización producida por la información y su cansina presión política, a pesar de los ríos de tinta -con frecuencia banales- vertidos sobre la sexualidad, poco se puede decir que esté a la altura de los placeres de la carne, de sus mil delicias compartidas. Deshacer las camas, apartar de una patada los obstáculos, quitarse la ropa en desorden.

Por Eduardo Luis Aguirre

Para explorar el núcleo duro del mito es interesante trazar, inicialmente, una línea de tiempo a la hora de analizar el devenir de las monarquías, en momentos en que las democracias, tal como las asumimos, adolecen de una pérdida de legitimidad sin precedentes. El paralelo no es solamente histórico. Las derechas, que hacen un permanente hincapié en los formatos institucionales capaces de establecer una autoridad simbólica que garantice la "moral" de una política de la cual siempre desconfían, conviven con la expectativa ilusoria de la construcción de un todo perfecto.

Lucas Marchesín hace pie en la revolución de Saur. El Afganistán socialista durante los años de influencia de la antigua Unión Soviética. Un país precapitalista proletarizado. Los límites políticos calientes de los afganos. Su estructura productiva y una orografía crucial. La influencia y la adhesión política que concita el talibán.

El rol de los Estados Unidos, de Europa y de Pakistán. Los talibán como nuevos interlocutores de las potencias mundiales.

 

Por Lidia Ferrari (*)
"Al principio mis observaciones tenían un tinte abstracto y generalizador. Percibía a los transeúntes en masa y los consideraba un cúmulo colectivo de relaciones. Pronto, sin embargo, me sumergí en los detalles y observé con minucioso interés la innumerable variedad de figuras, atuendos, portes, andares, rostros y expresiones de los semblantes”. Edgar Allan Poe

A partir de una indagación en curso decidí internarme en una lectura más detenida del texto de ‘Psicología de las masas y análisis del yo’ de Freud. Descubrí que en anteriores lecturas me había resultado difícil deslindar la voz de Freud de la de los teóricos de las masas que cita extensamente. Esa confusión de voces no provenía sólo de una lectura que los confundía sino de que en el mismo texto esa diferenciación no era clara.