Fuente: Radio Kérmes
Entrevista a Eduardo Aguirre sobre el ataque a Estados Unidos, sus interpretaciones y consecuencias.
Eduardo Aguirre, analista político internacional, describió entrevistado en Radio Kermés las causas, interpretaciones y consecuencias del ataque de Estados Unidos a Venezuela. En ese marco, analizó que la mayoría de la dirigencia política argentina se comporta "como comentarista de la realidad".
Aguirre abundó en algunos posicionamientos que ya planteó en el artículo que publicó el mismo día del ataque, y analizó las reacciones de Rusia y de China frente a la ofensiva norteamericana.
Sobre la dirigencia política argentina, declaró su sorpresa por el posicionamiento de Guillermo Moreno y también se refirió a los planteos de Miguel Pichetto.
Aguirre ubicó el hecho en un clima internacional que, lejos de desescalar, se aceleró: recordó que quien había llegado a la presidencia norteamericana “diciendo que iba a pacificar” terminó interviniendo militarmente “a diestra y siniestra”, y sostuvo que el operativo en Venezuela —que incluyó el “secuestro de Nicolás Maduro”, según describió— abre un escenario todavía borroso, con “más preguntas que respuestas”.
En su lectura, el ataque constituye una “violación flagrante al derecho internacional” y se apoya en justificativos que Washington invoca de manera recurrente: libertad, denuncias sobre autoritarismo, derechos humanos y, como novedad en el repertorio, narcotráfico. Aguirre objetó ese encuadre y lo calificó de endeble, incluso por contraste con decisiones recientes de la propia Casa Blanca. A la vez, marcó un punto central de su análisis: el episodio no puede comprenderse sólo como una improvisación o un traspié táctico, sino como un movimiento de mayor calado. “Un hecho de semejante magnitud no puede pensarse como un mero error”, advirtió.
El núcleo de esa hipótesis, según el analista, es que el ataque expone de manera descarnada la crisis de los mecanismos multilaterales. Aguirre subrayó la inacción de organismos como la ONU y la OEA y lo leyó como confirmación de que, tal como está diseñado, el sistema internacional “no sirve absolutamente para nada” cuando choca contra intereses de una potencia. Ese dato —insistió— vuelve más grave el escenario por lo que está en juego en Venezuela: “reservas comprobadas” de petróleo que describió como las mayores del mundo y un recurso que dejó de ser sólo energía para convertirse en “un arma de guerra”.
Aguirre dedicó parte de su exposición a explicar por qué el petróleo venezolano resulta estratégico en términos geopolíticos. No sólo por el volumen, sino por características técnicas: al ser “pesado”, requiere refinación específica y, en su descripción, las instalaciones clave cercanas están en el Golfo de Estados Unidos. Desde ese ángulo, interpretó que el objetivo de fondo podría ser “capturar” ese control y, con ello, condicionar la formación de precios a escala global. En su formulación, si Estados Unidos se quedara con esas reservas, podría “digitar unilateralmente el precio del petróleo”, con impacto directo sobre la economía mundial.
En paralelo, puso la lupa sobre cómo se reacomodan las grandes potencias. Señaló que, si bien los organismos internacionales no se movieron, “las grandes naciones” sí reaccionaron. Y allí diferenció dos planos: Rusia y China. Sobre Moscú, destacó un dato que consideró significativo por su efecto indirecto: la venta de armas a Turquía por 23.000 millones de dólares, en un contexto donde Ankara controla el Bósforo y ocupa una posición bisagra entre Oriente y Occidente. Para Aguirre, el movimiento apunta a abrir frentes y rutas de influencia que miran más allá de Ucrania, conectando hacia el Cáucaso y, finalmente, Irán, otro productor clave de petróleo. Ese reordenamiento, dijo, se mueve como “placas tectónicas” que cambian el mapa a gran velocidad.
Sin embargo, su observación más llamativa fue el silencio relativo de Rusia respecto de Venezuela. “Con relación a Venezuela, no ha dicho prácticamente nada”, remarcó, y dejó planteada la sospecha de una relación cada vez más funcional entre Washington y Moscú, a partir de gestos y reuniones previas entre Trump y Putin. Para Aguirre, allí “se jugaba algo más que la cuestión de Ucrania”, en un tablero donde el poder militar estratégico ruso limita cualquier aventura sin costos para Estados Unidos.
En cuanto a China, describió una respuesta distinta: paciencia y prudencia diplomática. Reconoció que no hubo el énfasis que algunos esperaban, pero lo atribuyó a “sus tiempos” y a una lógica milenaria de cautela. A la vez, remarcó que China hoy lidera tecnológicamente, que su posición “no tiene retroceso” y que, en América Latina, sostiene inversiones cuantiosas que construyen compromisos políticos y económicos de largo plazo. Aun así, descartó que Beijing busque una reacción militar directa: “China no tiene un desarrollo militar… como para hacerle frente a Estados Unidos”, señaló, y planteó que lo que se disputa es liderazgo y forma de gobernanza global.
Esa lectura global desembocó en su crítica a la política local. Consultado por el posicionamiento argentino, Aguirre fue categórico: “los políticos argentinos se comportan como comentaristas de la realidad”, tanto frente al ataque a Venezuela como ante decisiones internas sensibles —mencionó, por ejemplo, cambios en el alcance de los organismos de inteligencia—. En su diagnóstico, la Argentina no actúa con iniciativa estratégica y queda ubicada, “por arte de casualidad”, en un lugar que no eligió: una alineación “incondicional” con el gobierno de Trump. Desde allí, lanzó una advertencia de tono histórico: “podría tener una dependencia como nunca antes tuvo”, incluso mayor —según su comparación— que en la etapa de gravitación británica.
El tramo final de la entrevista se concentró en las voces argentinas que, dentro del peronismo, plantearon interpretaciones menos críticas o incluso favorables a un alineamiento con Washington. Aguirre dijo no coincidir con la mirada de Miguel Pichetto y admitió sorpresa por la “obstinación” de Guillermo Moreno, sobre todo por la idea de equiparar a Trump con Perón bajo el rótulo de “nacionalismo”. Allí el analista introdujo una distinción conceptual: no es lo mismo el nacionalismo de los países “opresores” —que definió como “reaccionario y peligroso”— que el de los países “oprimidos”, al que caracterizó como punto de partida para una alianza contra el imperialismo y las oligarquías locales.
Aguirre cerró con la recomendación de “estar alerta”, porque el episodio abre una secuencia que se irá resolviendo —o complicando— “con el correr de las horas”. En su enfoque, el ataque no sólo reconfigura Venezuela: tensiona reglas internacionales, reordena intereses energéticos y deja a la vista, también, las limitaciones de la dirigencia argentina para leer el mundo con algo más que reacción y comentario.
ENTREVISTA COMPLETA https://www.youtube.com/watch?v=afyblH0P3Qs&t=1s
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