Por Slavoj Žižek (*)
Se transcribe aquí el artículo escrito por el filósofo esloveno Slavoj Žižek, que fue publicado en el periódico serbio “Danas”, el 12 de marzo pasado (2026). Lo hemos traducido del serbocroata, original, al castellano debido a que consideramos enriquecedor su punto de vista acerca de la verdadera tragedia que está ocurriendo en el Golfo Pérsico y Medio Oriente.
Žižek, quien habitualmente escribe para el medio serbio, con un estilo que mezcla filosofía, psicología y cuestiones culturales sobre actualidad política internacional, en esta ocasión ha dedicado sus líneas a la reciente guerra desatada en el Golfo Pérsico. Recordamos que el pasado sábado 28 de febrero, Israel y los Estados Unidos de América comenzaron a bombardear, indiscriminadamente, a Irán, país que rápidamente llevó adelante un contraataque (más bien una defensa) que incluyó bombardeos a las monarquías petroleras del Golfo Pérsico (Emiratos Arabes Unidos, Arabia Saudita, Qatar, Kuwait, Baherín) y a Irak en la Mesopotamia.
Luego de 20 días de enfrentamientos bélicos casi 3000 vidas se han perdido (en su gran mayoría iraníes y libaneses), ciudades han sido devastadas (sobre todo Teherán y Beirut), el gobierno iraní ha perdido una gran cantidad de cuadros políticos, militares y científicos. Entre los asesinados por los ataques estadounidenses e israelíes se encuentran quien fuera el líder del país por durante casi cuatro décadas, Alí Khamenei, y luego gente de vital importancia como Alí Larijani (Jefe del Consejo Superior de Seguridad un y intelectual de primera línea), Gholamreza Soleimani (Comandante de las milicias Basij), Alí Shamjani (miembro del Consejo de Discernimiento de Conveniencia y asesor político del líder supremo) Mohammad Pakpour ( Comandante de la Guardia Revolucionaria Islámica), Aziz Nasirzadeh (Ministro de Defensa), Eismail Jatib (Ministro de Inteligencia), Mohamed Shizari (Jefe de la Oficina Militar) y Abdorrahim Musaví (Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas). Además ha subido sensiblemente el precio del petróleo y del gas en todo el mundo, y la administración Trump enfrenta, sin dudas, el peor momento desde el comienzo los comienzos del mandato a principios del 2024 (incluyendo la renuncia del Jefe de departamento de Contraterrorismo Joe Kent).
La nota de Žižek abarca muchos aspectos y utiliza la teoría y el pensamiento político y filosófico (sobre todo) con la intención de interpretar las causas y las coyunturas del actual conflicto. Además de la teoría se sirve de importantes acontecimientos históricos, como la revolución islámica de 1979, la Guerra Irán-Irak de 1980-1988, la invasión a Irak en el 2003, los Juicios de Nuremberg, la Invasión rusa a Ucrania de 2022, etc.
Por último, para que se pueda comprender de la mejor manera posible el texto, se han insertado algunas citas a pie de página que explican cuestiones que no pudieran quedar del todo claras en el texto.
Artículo de Slavoj Žižek:
“Irán de Heidegger a Kant: Slavoj Žižek sobre la relación entre el deber moral y la obligación”
Después del 1 de marzo de 2026, varios medios de comunicación me bombardearon con preguntas acerca del ataque estadounidense-israelí contra Irán.
Algunos recordaron que el 11 de agosto de 2005 había publicado un artículo en la revista “In These Times”, titulado: “Denle a Irán la oportunidad de un arma nuclear”, con el subtítulo: “En un mundo de locura, la lógica de la locura aún funciona”. Así es que me preguntaron si esa seguía siendo mi postura.
Pero voy a decepcionar a aquellos que me preguntaron de dos maneras. La primera: no, no es esa mi postura actual. Además en aquel artículo me refería a la complicidad de Occidente en el ataque iraquí contra Irán. Estados Unidos de América (EUA) incluso proporcionó imágenes satelitales y gas venenoso a Irak para localizar y eliminar a las fuerzas iraníes1.
El ataque se llevó a cabo para que, en la confusión posterior a la revolución de Jomeini2, Irak pudiera apoderarse de territorio rico en petróleo cerca de la frontera iraquí. Y cuando Saddam Hussein fue capturado3 y llevado a juicio, Irán exigió, con toda razón, que el ataque contra Irán, que costó más de un millón de vidas, se añadiera a la lista de sus crímenes. Estados Unidos rechazó esta solicitud porque revelaría su complicidad con el régimen iraquí.
Sin embargo, lo ocurrido en Irán en 2022 —las llamadas protestas de Mahsa Amini— tuvo una trascendencia histórica mundial. Las protestas, que se extendieron a decenas de ciudades, comenzaron en Teherán el 16 de septiembre de 2022, en respuesta a la muerte de Amini, una joven kurda de 22 años que falleció bajo custodia policial. Había sido golpeada, hasta la muerte, por la Patrulla de Orientación4, conocida popularmente como la «policía moral islámica”, tras ser arrestada por llevar un hiyab considerado «inapropiado».
Las protestas combinaron diversas luchas (contra la opresión de las mujeres, contra la opresión religiosa, por la libertad política y contra el terrorismo de Estado) en un todo coherente. Irán se distingue culturalmente del «Occidente desarrollado», por lo que “Zan, Zendegia y Azadi” («Mujer, Vida y Libertad») el lema de la protesta fue muy diferente del movimiento «Me Too» en los países occidentales. Las protestas iraníes movilizaron a millones de mujeres comunes y corrientes y estuvieron directamente conectadas con la lucha de todos, incluidos los hombres; no existió un sesgo antimascullino evidente, como suele ocurrir con el feminismo occidental.
Mi postura sobre Irán ha cambiado: no a las armas nucleares para Irán (y, añadiría, tampoco para Israel…).
En cuanto a la guerra actual, mi postura no es original: estoy en contra del régimen clerical-fascista iraní y de los ataques estadounidenses e israelíes; si este régimen cae, será de forma injusta. La disyuntiva entre el régimen iraní y los EUA de Trump es falsa; ambos pertenecen al mismo mundo global.
Sí, condeno los crímenes iraníes al reprimir la última ola de protestas, pero también considero despreciable la postura adoptada por el Ministro de Defensa israelí, Israel Katz, quien el 4 de marzo de 2004 afirmó: “Cualquier líder designado por el régimen terrorista iraní para continuar y dirigir el plan de destrucción de Israel, amenazar a Estados Unidos, al mundo libre y a los países de la región, y reprimir al pueblo iraní, será un objetivo inequívoco de eliminación. No importa su nombre ni dónde se esconda”.
Por lo tanto, se comprende perfectamente a la mayoría silenciosa en Irán (silenciada por el régimen), que se opone a sus gobernantes, pero que también desconfía de las acciones de EUA e Israel: la actitud del pueblo iraní no es de esperanza ni desesperanza, sino de incertidumbre y temor.
Como en el caso de Venezuela, Trump declaró a la cadena CNN, el 6 de marzo de 2026, que el liderazgo iraní había sido «castrado» y que buscaba un nuevo liderazgo que tratara bien a Estados Unidos e Israel, incluso aunque se tratara de un líder religioso y no de un Estado democrático… ¡Menuda libertad y democracia!
Por consiguiente, a pesar de todos los horrores del régimen iraní (casi tan represivo como el saudí…), debemos apoyar a Irán. Irán lucha ahora, de facto, no solo por su soberanía, sino también por el principio global de soberanía.
EUA, colonia de facto de Israel, viola sistemáticamente la soberanía de otros países, incluso la de España. Así pues, sí, un cambio de régimen sería bienvenido en Irán, pero ¿qué ocurre con un cambio de régimen en los propios EUA?
En este punto, quiero centrarme en un tema aparentemente marginal, pero crucial para comprender Irán: el círculo íntimo iraní, con su altísimo nivel de debate intelectual, más allá de la mera corrupta brutalidad. El propio Khamenei5 ha escrito libros sobre ideología islámica, formas de gobierno y vida íntima espiritual, entre ellos “El plan maestro del pensamiento islámico en el Corán” y “La familia compasiva”.
Hasta mediados de la década de 1990, la figura clave fue Seyyed Ahmad Fardid (1910-1994), destacado filósofo y profesor de la Universidad de Teherán. En Irán se lo considera uno de los ideólogos filosóficos más destacados del gobierno islámico que se instaló en el poder tras la revolución de 1979. Fardid fue influenciado por Martin Heidegger6, a quien consideraba “el único filósofo occidental que comprendía el mundo y el único cuyas ideas estaban en consonancia con los principios de la República Islámica”. Tanto Jomeini como Heidegger contribuyeron a la construcción de la obra y postura de Fardid.
Fardid condenó el antropocentrismo y el racionalismo introducidos por la Grecia clásica, que sustituyó la autoridad de Dios, y la fe, por la razón humana. En este sentido, también criticó a filósofos islámicos como Al-Farabi7 y Mulla Sadra8 por asimilar la filosofía griega al cuerpo teórico-religioso islámico.
Fardid acuñó el concepto de “intoxicación occidental” y, tras la Revolución iraní de 1979, esta idea se convirtió en una de las enseñanzas ideológicas fundamentales del nuevo gobierno.
El principal opositor, liberal-reformista, de esta dura y conservadora línea musulmana fue el presidente Mohammad Khatami9 (en el cargo de 1997 a 2005), licenciado en filosofía occidental por la Universidad de Isfahán. Su plataforma política se basaba en la liberalización y la reforma. Durante su campaña electoral abogó por llevar adelante un entendimiento entre las diferentes civilizaciones. oponiéndose a la teoría del choque de civilizaciones propuesta por el politólogo Samuel P. Huntington10 (1992).
Posteriormente, a sugerencia de Khatami, las Naciones Unidas declararon 2001 como el Año Internacional del Diálogo entre Civilizaciones11. Durante sus dos mandatos, Khatami abogó por la libertad de expresión, la tolerancia y la sociedad civil, así como por relaciones diplomáticas constructivas con otros países, incluidos los de Asia y la Unión Europea.
A los medios de comunicación iraníes les fue prohibido, por orden de la Fiscalía General de Teherán, publicar fotografías de Khatami o citar sus escritos y opiniones una vez que abandonó el poder político. Khatami apoyó a los candidatos reformistas, que a la postre fueron derrotados en la controvertida reelección de Mahmoud Ahmadinejad12 en 2009.
Khatami se apuntalaba en la teoría de acción comunicativa y diálogo de Jürgen Habermas13 para llevar adelante un «Diálogo entre Civilizaciones», con el objetivo de reemplazar el conflicto por el diálogo entre Occidente y el mundo islámico. Habermas visitó Teherán en mayo de 2002, lo que marcó un importante intercambio intelectual durante la presidencia reformista de Mohammad Khatami. La visita incluyó reuniones con intelectuales y funcionarios iraníes, donde Habermas abordó temas como la democracia, la sociedad civil y el papel de la teoría, dialogando frecuentemente con figuras que buscaban conciliar el pensamiento islámico con conceptos modernos y liberales.
Sin embargo, debido (y no solo) a la represión de la línea dura musulmana, esta orientación ha perdido relevancia intelectual. Entre las tendencias más recientes destaca la de Ali Larijani14, quien durante décadas representó el rostro sereno y pragmático del establishment iraní, negociando acuerdos nucleares con Occidente.
Pero el 1 de marzo, el tono del secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, de 67 años, cambió radicalmente. Apareciendo en la televisión estatal apenas 24 horas después de que los ataques aéreos estadounidenses e israelíes que acabaron con la vida del líder supremo Ali Khamenei y del comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohammad Pakpour, Larijani lanzó un mensaje contundente: “Estados Unidos y el régimen sionista han prendido fuego el corazón de la nación iraní. Les quemaremos su corazón. Haremos que los criminales sionistas y los desvergonzados estadounidenses se arrepientan de sus actos”.
Políticamente, Larijani era un conservador moderado y pragmático, que lideraba el equipo iraní en las negociaciones nucleares con Estados Unidos. Ahora se ha convertido en un político de línea dura. Tras el asesinato de Khamenei, fue considerado el jefe de Estado de facto de Irán. Según el New York Times, Ali Larijani ha liderado Irán, en la práctica, desde enero de 2026. Fue el encargado de reprimir con fuerza letal las recientes protestas15 que exigían el fin del régimen islámico.
Actualmente, es una figura clave en la transición de Irán. Sin embargo, hace unos días, perdió la contienda por el puesto más alto: el hijo de Khamenei resultó ganador.
Larijani es licenciado en informática y matemáticas por la Universidad Tecnológica de Arjamer y posee una maestría y un doctorado en filosofía occidental por la Universidad de Teherán. Inicialmente quería cursar estudios de posgrado en informática, pero cambió de especialidad tras consultar con Morteza Motahari16. Larijani ha publicado libros sobre Immanuel Kant, Saul Kripke17 y David Lewis18.
Escribió su tesis doctoral sobre Kant y posteriormente publicó estos tres libros: “El método matemático en la filosofía de Kant”, “Metafísica y ciencias exactas en la filosofía de Kant” e “Intuición y juicios sintéticos a priori en la filosofía de Kant”. (Cabe señalar que Larijani escribió libros sobre los aspectos científico-cognitivos del pensamiento de Kant, no sobre su filosofía práctica).
Stephen Hicks19, un liberal antiposmodernista, escribió sobre Larijani: “Supongo que no debería sorprenderme que estos tipos nunca hayan estudiado a John Locke, Adam Smith o John Stuart Mill20”.
Pero ¿tenía razón al suponer que el pensamiento práctico de Kant podía justificar un autoritarismo extremo? En su obra “Eichmann en Jerusalén”, Hannah Arendt21 describió con precisión esta inversión que los verdugos nazis lograron para poder soportar los terribles actos que cometieron. La mayoría de ellos no solo eran malvados, sino que eran plenamente conscientes de que sus acciones causaban humillación, sufrimiento y muerte a sus víctimas.
La solución a este dilema era que, “en lugar de decir: ¡Qué cosas terribles les hice a las personas!”, los asesinos podrían decir: “¡Qué cosas terribles tuve que ver al cumplir con mi deber, qué pesada era esa carga sobre mis hombros!”. De esta forma lograron invertir la lógica de la resistencia a la tentación22: la tentación a resistir era precisamente la de sucumbir a la compasión y a la empatía elementales ante el sufrimiento humano, y su esfuerzo “ético” se dirigía a la tarea de resistir esta tentación de NO matar, torturar ni humillar.
Mi violación (es decir de no acatar) de los instintos éticos espontáneos de compasión y piedad se convierte así en prueba de mi grandeza ética: para cumplir con mi deber, estoy dispuesto a asumir la pesada carga de infligir dolor a otros.
Sin embargo, Hannah Arendt se equivocó al aceptar la autodefinición de Eichmann como un kantiano que simplemente seguía el imperativo categórico23 que define su deber como el de ejecutar las órdenes de Hitler. Aquí debemos ser muy precisos: la ética kantiana de la autonomía de la voluntad no es una ética «cognitiva», una ética de reconocer y seguir una ley moral ya dada.
Según la crítica estándar, el objetivo de la ética universalista kantiana del «imperativo categórico» (un mandato incondicional de hacer lo correcto) radica en su carácter de «imperativo categórico» (un mandato incondicional de hacer lo correcto). La paradoja del deber radica en su indeterminación formal: la ley moral no me dice cuál es mi deber, sino solo que debo cumplirlo, dejando así espacio abierto a la voluntad individual (lo que yo decida que es mi deber, será mi deber).
Lejos de ser una limitación, esta característica nos lleva a la esencia de la autonomía ética kantiana: no es posible derivar las normas concretas que debo seguir en mi situación específica de la propia ley moral, lo que significa que el sujeto mismo debe asumir la responsabilidad de traducir el mandato abstracto de la ley moral en una serie de obligaciones concretas.
La plena aceptación de esta paradoja nos obliga a rechazar cualquier apelación al deber como excusa: “Sé que esto es difícil y puede ser doloroso, pero ¿qué puedo hacer? Este es mi deber”.
La ética del deber incondicional de Kant se suele tomar como justificación de tal actitud; no es de extrañar que el propio Adolf Eichmann invocara la ética kantiana al intentar justificar su papel en la planificación y ejecución del Holocausto: simplemente cumplía con su deber y obedecía las órdenes del Führer. Sin embargo, el objetivo del énfasis de Kant en la plena autonomía moral y responsabilidad del sujeto es precisamente impedir cualquier maniobra de culpar a alguna figura del Gran Otro.
El lema estándar del rigor ético es: “¡No hay excusa para no cumplir con el deber!”. Si bien la conocida máxima de Kant, «Du kannst, denn du sollst» (podés porque debés) puede ofrecer una nueva versión de este lema, porque él implícitamente la complementa con su inversión mucho más escalofriante: “¡No hay excusa para no cumplir con el deber!”. El mero hecho de considerar el deber como una excusa para no cumplirlo debe rechazarse por hipócrita.
Tengamos en cuenta el ejemplo proverbial del maestro severo y sádico que somete a sus alumnos a una disciplina y tortura despiadadas; se excusa a sí mismo (y con los demás): “Me cuesta mucho presionar a los pobres niños, pero ¿qué puedo hacer? ¡Es mi deber!”.
Esto es lo que la ética kantiana prohíbe fundamentalmente: en ella soy plenamente responsable, no solo de cumplir con mi deber sino también de determinar cuál es mi deber. Por lo tanto, Anton Alikhanov24, gobernador del enclave ruso de Kaliningrado25, tuvo razón cuando afirmó recientemente que Kant, quien pasó toda su vida en la región de Kaliningrado (Königsberg en alemán), tenía una “conexión directa” con la guerra de Ucrania.
Según Alikhanov, fue la filosofía alemana, cuyo “ateísmo y falta de valores superiores” se originó con Kant, la que creó una “situación sociocultural” que condujo, entre otras cosas, a la Primera Guerra Mundial:
“Hoy, en 2024, nos atrevemos a afirmar que no solo la Primera Guerra Mundial comenzó con la obra de Kant, sino también el conflicto actual en Ucrania. Aquí en Kaliningrado, nos atrevemos a suponer (aunque en realidad estamos casi seguros) que fue en la Crítica de la razón pura y en los Fundamentos de la metafísica de las costumbres de Kant […] donde se establecieron los fundamentos éticos y axiológicos del conflicto actual”.
El gobernador continuó calificando a Kant como uno de los “creadores espirituales del Occidente moderno”, afirmando que “el bloque occidental, que Estados Unidos ha moldeado a su imagen y semejanza”, es “un imperio de mentiras”. Según él, a Kant se le llama “el padre de casi todo” en Occidente, incluyendo la libertad, la idea del Estado de derecho, el liberalismo, el racionalismo e incluso la idea de la Unión Europea.
Y si Ucrania resiste a Rusia en nombre de estos valores occidentales, Kant es, en efecto, responsable de dicha resistencia. Las declaraciones descabelladas de Alikhanov sirven, por lo tanto, como un útil recordatorio de las profundas implicaciones metafísicas de la guerra en curso entre Rusia y Ucrania. Alikhanov tiene razón también en otro sentido: Kant desmanteló brutalmente el mito del origen sagrado del Estado de derecho, dejando claro que el origen de cualquier orden jurídico es la violencia ilegítima, una lección inaceptable para el espiritualismo ruso que Alikhanov defendía.
Resulta inevitable citar aquí una frase erróneamente atribuida a Otto von Bismarck: “Si amas las leyes y las salchichas, no deberías presenciar la conformación de ninguna”.
Esta incompatibilidad de la ética kantiana con la limitación de la autonomía del sujeto es lo que, supongo, hace inconsistente cualquier ética religiosa kantiana. Así pues, lo que parece faltar en el pensamiento iraní cercano al régimen no es el liberalismo occidental, sino una autonomía radical del sujeto que, contrariamente a lo que cabría esperar, fundamenta una ética muy estricta y severa.
Sin embargo, lo cierto es que en el seno de la élite gobernante chiíta de Irán se producen constantemente intensos y serios debates intelectuales. ¿Acaso podemos imaginar a Larijani, de ser elegido líder supremo, debatiendo con Trump, quien no tendría ni idea de lo que Larijani está diciendo?
Dejo a mis lectores la decisión de si el elevado nivel intelectual del debate en la cúpula iraní es positivo o negativo, es decir, si facilita un giro hacia un autoritarismo brutal. El caso de Alikhanov criticando a Kant sería un argumento en contra de permitir que los políticos debatan sobre filosofía, pero ¿cómo sería un debate entre Larijani y Alikhanov?
La única y triste conclusión que podemos sacar de esta situación es que el ataque israelí-estadounidense ha convertido a miembros moderados del régimen, como Larijani, en fanáticos asesinos, casi tan malos como Netanyahu y Katz.
Comentarios a la nota de Slavoj Žižek:
Partiendo del imperativo categórico kantiano, el nudo del artículo radica en la relación entre la moral y el deber. Es decir entre lo que cada individuo, grupo o sociedad, considera correcto y, el accionar posterior. Žižek quiere mostrar (o demostrar) como los individuos y las sociedades construyen y utilizan intersticios para escapar, o peor aún, subordinar el imperativo moral a la obligación, a un deber que muchas veces no es más que un acto de barbarie.
El deber (un determinado accionar, que es a la vez una toma de posición oculta, no explícita) se termina imponiendo sobre la ética, sobre lo que se considera justo, porque la moral kantiana (que no establece ningún contenido para la acción sino que deja libertad a cada individuo para que elija su rumbo) se convierte en deber, en obligación y no en elección. Como no se puede “escapar” del deber, este se ha ido convirtiendo en lo moral. El deber toma forma de imperativo categórico y el ser humano queda liberado de su responsabilidad. Yendo al límite se legitima la explotación, la opresión, la tortura y el asesinato porque el deber lo exige.
Tomando al deber por el imperativo categórico, es decir liberándose el hombre de elegir el contenido ideológico de su moral y su ética, actuaron Paul Tibbets Jr (piloto que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945), los militares que torturaron, mataron y desaparecieron a miles de jóvenes argentinos durante la Dictadura Militar de 1976-1983, los ciudadanos israelíes que callaron y callan (hoy en día el silencio resulta aterrador) el genocidio sionista contra el pueblo palestino.
Pero también han existido y existen quienes han antepuesto y anteponen la moral kantiana (llena de contenido humanista) al deber y a las “obligaciones” del poder de turno. Entre ellos se pueden citar a la enorme cantidad de ciudadanos estadounidenses que se opusieron a la matanza del pueblo vietnamita durante las décadas de 1960 y 1970, a los padres palotinos (asesinados el 4 de julio de 1976) que lucharon por un mundo mejor, y a aquellos judios que no solo no se subordinan al sionismo genocida israelí, sino que lo critican, valientemente, a lo largo y ancho del mundo.
Las líneas de Žižek resultan un oasis en medio del abrasador calor que desprende el desierto del pensamiento actual. El filósofo esloveno no toma partido por ninguno de los bandos hegemónicos en pugna. Como ambos bandos resultan igualmente siniestros, el antagonismo no se da entre el bien y el mal, entre la virtud y el vicio, sino entre dos posiciones igualmente horribles. Entre el imperialismo de Putin, por un lado, y el expansionismo de la OTAN (en el continente europeo) por el otro. Entre el genocida Estado de Israel y su histórico aliado, el imperialismo estadounidense, por un lado, y el represor y asesino Estado fascista-clerical de los ayatolas (en Medio Oriente y el Golfo Pérsico) por el otro. Entre el capitalismo de las “democracias” liberales (el estado policíaco aplicado contra la población durante las cuarentenas por el coronavirus distó bastante de ser liberal o al menos republicano), por un lado, y el capitalismo de los regímenes autoritarios o menos democráticos, por el otro.
Claramente estas alternativas de moda, no solo no ofrecen una opción digna de emancipación, sino que obstruyen la posibilidad del nacimiento y consolidación de una verdadera esperanza que tenga como objetivo la construcción de sociedades justas e igualitarias a nivel mundial. Žižek, cuando se refiere a la actual guerra del Golfo Pérsico, define así a los bandos en pugna forman parte del mismo lodo: “La disyuntiva entre el régimen iraní y los EUA de Trump es falsa; ambos pertenecen al mismo mundo global”. Se agrega aquí que, además de EUA e Irán, Israel y la monarquías petroleras del golfo son diferentes formas de organización estatal que perpetúan y legitiman las relaciones sociales capitalistas, con la consecuente ideología burguesa, que producen y legitiman la explotación, la opresión y las matanzas intrínsecas al mundo burgués.
Las trampas están a la orden del día, y por todos lados, porque los hechos se desvanecen, como nunca antes, ante los dichos. El establishment israelí (y occidental, claro) considera a Israel la única democracia de Medio Oriente. Pero ¿ una democracia crea un coto de caza, como lo es hoy la Franja de Gaza, para disparar sobre sus presas, es decir los palestinos? ¿Una democracia avanza y avanza, sobre territorios otorgados por las Naciones Unidas, en 1948 para la creación de un Estado palestino, expulsando a sus habitantes como los hacen los colonos sionistas (apoyados por el ejércitos israelí) en Cisjordania? ¿Un régimen que reprime brutalmente a su pueblo, como el iraní, puede considerarse un faro de resistencia al imperialismo occidental? ¿Los intereses de las clases dominantes capitalistas rusas, bajo el mando Vladimir “el pequeño” Putin, tienen derecho a invadir un país soberano como Ucrania, y matar a sus ciudadanos, con la excusa del avance de la OTAN?
¿Cómo posicionarse, hoy en día, cuando no parece existir una posición respetable? ¿Cómo denunciar el genocidio del Estado de Israel sobre el pueblo palestino sin ser acusado de apoyar a HAMAS? ¿Cómo denunciar la barbarie de la administración Trump quitando al pueblo trabajador estadounidense de la denuncia? ¿Cómo defender el derecho de autodeterminación del pueblo iraní, sin apoyar al régimen de los ayatolas? ¿Cómo pugnar por el entendimiento de los pueblos ruso y ucraniano cuando las retóricas nacionalistas, y las bombas, impactan cotidianamente sobre las dos nacionalidades? ¿Cómo aceptar los razonables deseos de emancipación del pueblo cubano sin terminar haciendo apología de la retórica de los gusanos de Miami?
Parece ser que se está viviendo en una época sin héroes, parece ser que se está atravesando por una etapa oscura de la historia de la humanidad. Oscura como pocas, a pesar de todas las luces que desprenden los teléfonos celulares, las tablets y el resto de las pantallas que han colonizado la vida de buena parte de las personas (y sobre todo de los más chicos, lo que es gravísimo). ¿Dónde están los buenos? ¿Dónde están los sioux luchando contra el séptimo de caballería? ¿Dónde los partisanos contra los nazis? ¿Donde los judíos levantándose en el gueto de Varsovia? ¿Dónde está Henry Fonda en “Twelve angry man” (“Doce hombres en pugna”) luchando por la justicia? ¿Dónde están las prostitutas que se negaron a servir a los fusiladores de la Patagonia Rebelde?
Seguramente la desaparición de la esperanza emancipatoria es lo que produce la resignación, la abulia actual y la carencia de horizontes humanistas. Si se pudiera haber llenado el imperativo categórico, creado por aquél que nunca abandonó su Königsberg natal, con la ideología de aquel que nació en Tréveris y falleció en Londres, es probable que las 180 niñas de la escuela primaria Shajarah Tayyebeh todavía estuvieran vivas.
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