La estrategia imperial, durante la modernidad tardía, admite el despliegue de distintas formas de dominación y control y supone la capacidad de construir distintas agendas frente a coyunturas internacionales diversas. Esa aptitud resiliente podría sugerir, en una primera mirada, que la magnitud de la crisis del capitalismo a nivel global impide la viabilidad de soluciones unilaterales y homogéneas. Pero, desde otra perspectiva, da la pauta de una relación de fuerzas y una capacidad de disciplinamiento tal que permite a EEUU y sus aliados desarrollar diferentes estrategias pendulares de reafirmación hegemónica, que van desde las intervenciones militares hasta la puesta en práctica de dispositivos de mucha mayor sutileza y análoga eficacia.
Hay algunos ejemplos que son elocuentes a la hora de comprender esos matices, que son los que caracterizan al imperialismo contemporáneo.


En primer lugar, Estados Unidos posee la mayor´parte del armamento nuclear mundial, el complejo militar industrial sigue conservando un protagonismo indiscutible en el armado de las relaciones internacionales, sus bases militares acentúan el rol disuasivo que normalizan en clave imperial la realidad mundial contemporánea, y sus intervenciones bélicas y policiales, realizadas de manera directa o indirecta (apelando incluso al patrocinio de grupos terroristas y mercenarios), marcan un límite objetivo a la capacidad de construcción de alternativas contrahegemónicas. Por lo demás, su predominio se mantiene intacto en materia económica, energética, tecnológica e informática.
Sin embargo, también es cierto que la imposibilidad de sostener de manera concomitante una cantidad indiscriminada de conflictos, provoca que ese mismo poder imperial se permita desactivar unilateralmente algunos de ellos. De esta forma, sin alterar su vocación disciplinaria global, promueve y lleva adelante el acuerdo del G5+1 con la República Islámica de Irán o "normaliza" sus relaciones diplomáticas con Cuba.
Al mismo tiempo, se permite incidir directamente en la crisis europea, donde  almacena más de 200 armas nucleares y en el delicado entramado asiático (donde conserva -solamente en Japón- alrededor de 80 bases militares).
En ese contexto de máxima complejidad generado por la aparición de nuevos sujetos y alianzas internacionales, es necesario advertir las nuevas formas de influencia imperial en América Latina, y su relación con las dificultades objetivas que afrontan los gobiernos populistas en la región.
Más allá de la concurrencia de gobiernos vecinos afines a Washington en espacios geopolíticos estratégicos (México, Colombia, Perú), es una constante cada vez más evidente la injerencia de la administración Obama a través de estrategias sistemáticas de debilitamiento de los gobiernos que expresan experiencias emancipatorias.
A las experiencias golpistas exitosas de Honduras y Paraguay, deben sumarse otros intentos destituyentes no saldados a la fecha.
La "revuelta de ricos" (según grafica el analista Modesto Guerrero), virtual guerra civil llevada a cabo por diversos medios contra Venezuela, fuertemente jaqueada actualmente por factores endógenos y exógenos (entre ellos, la caída del precio del petróleo), es una constante que acompaña a la Revolución Bolivariana desde que Hugo Chávez accediera al poder.
La frágil economía ecuatoriana, y las sucesivas intentonas golpistas de diverso cuño contra el gobierno de Correa, han terminado erosionando seriamente a un líder regional de fuerte envergadura, que hoy por hoy cuenta -según fuentes occidentales- con apenas un 42% de aprobación de su gestión en la opinión pública de su país.
Evo Morales no la tuvo fácil en la medialuna boliviana, un territorio históricamente hostil a su gobierno, cuya máxima expresión fue quizás el recordado "noviembre negro", y actualmente sufre un desgaste innegable con la crisis de Potosí, un enclave donde nueve de cada diez habitantes son pobres y donde se coaligan en la protesta distintas organizaciones sociales en demanda de mejoras inmediatas en la calidad de vida.
En Argentina, la máxima de Rodolfo Walsh parece conservar intacta su vigencia. En momentos de debilidad, el pueblo vuelve a retroceder a posiciones conocidas que, como siempre, están ocupadas por el peronismo. Con todo lo que ello implica. Más de una década de kirchnerismo serán sometidos a una dura prueba. El gobierno ganó la primera batalla cultural. La segunda quedará para otra etapa de la historia, en el mejor de los casos.
Brasil se debate en una crisis que no tiene fin. Las corporaciones jaquean a Dilma, por sus logros y por sus errores. Pero, en verdad, a pocos meses de asumir su nuevo gobierno, está claro que el establishment va por Lula, único gobernante del gigante sudamericano que se retiró de su gestión con un 80% de imagen positiva. Como es lógico, la crisis institucional va acompañada de fabulosas campañas mediáticas, un enrarecimiento del clima institucional e indisimulables complicaciones económicas.
Una vez más, parece claro que los intentos permanentes de golpes blandos en América Latina -más allá del resultado que alcancen- ponen al descubierto las debilidades y los errores de los populismos que durante años confluyeron en expresiones unitarias sin precedentes y lideraron las expectativas libertarias de los pueblos del mundo. Si uno de los rasgos indentitarios del populismo consiste en escuchar las demandas colectivas, es probable que en estos últimos tiempos la capacidad de atender esas demandas o convertirlas en transformaciones estructurales haya ingresado en una opacidad difícil de mensurar. La primera de las hipótesis remite, paradójicamente, a la incapacidad de interpretar las subjetividades que sustituyen el determinismo teleológico de las antiguas concepciones tributarias del marxismo clásico. La segunda es, por ahora, una conjetura capaz de ensombrecer el horizonte común,que plantea las inconsistencias teóricas, programáticas, gestivas, tácticas y estratégicas de lo que pudimos ser y -al menos hasta ahora-  todavía no fuimos. Una buena forma de recuperar el músculo perdido podría ser fortalecer, dinamizar y organizar los espacios regionales. Son tiempos difíciles los que hay que atravesar. Y sólo la organización de los pueblos vence al tiempo.





 El arrasador triunfo del NO en el referéndum griego - hace de esto poco más de una semana- exaltó efímeramente un imaginario restaurador de las posiciones populares autonómicas frente a los poderes fácticos del capitalismo financiero internacional.
A poco de andar, y en medio de las exhumaciones de las retóricas más optimistas, la troika demostró brutalmente que la voluntad popular y la democracia de los países endeudados (en romance global, dependientes) no le incumben ni le importan en absoluto. Forman parte -para los dueños del mundo- de expresiones colectivas subalternas que, en modo alguno, pueden alterar el nuevo orden instituido por el imperio.
La troika, en realidad, se comporta como el caballo de Troya que encubre al FMI y la burguesía alemana aliada al gendarme mundial omnipotente y a las clases dominantes de los países europeos, inclusive las de los sufridos estados sureños del viejo continente.



Las draconianas condiciones impuestas a Grecia convierten a la eurozona en una segunda cárcel de pueblos y el país helénico en un protectorado.
Con la virtual  colonización no se intenta humillar a un país sino, lisa y llanamente, tumbar un gobierno de izquierda e infligirle una derrota política y moral capaz de disuadir al resto de los pueblos europeos. Y, de paso, destinar un explícito mensaje a las experiencias emancipatorias inacabadas que se han intentando consolidar durante la primera década del tercer milenio. América Latina incluida, desde luego.
Y la advertencia va en serio. La pasividad de China y Rusia frente a la rendición incondicional impuesta a Tsipras así parece confirmarlo.
Según apuntan algunos medios, el propio Tsipras habría quedado espantado con la ferocidad de las sanciones que la troika tenía previsto aplicarle a Grecia si no firmaba un acuerdo más gravoso incluso que el previsto inicialmente. “Durante la reunión del Eurogrupo el gobierno heleno ha recibido serias amenazas y chantajes que de materializarse tendrían graves consecuencias para el pueblo griego, ya que existe un plan perfectamente detallado (que ya estaba siendo aplicado) para lograr un aislamiento completo del país a partir del miércoles a todos los niveles, incluyendo el colapso de los bancos y la falta de provisiones de todo tipo. Por lo tanto, con el fin de sobrevivir y no sucumbir al Grexit, el gobierno se ha visto obligado a aceptar compromisos muy duros, aunque también algunas victorias” (*), habría dicho el presidente.
Merkel sabe perfectamente que el ajuste es inviable. Que Grecia está acordando obligaciones de cumplimiento imposible. Que es, a partir de ahora, un Estado fallido. Su deuda alcanza el 180% de su producto bruto, y aunque cumpliera con las condiciones impuestas y éstas permitieran recuperar el fetiche del equilibrio en sus cuentas públicas, dentro de veinte o treinta años tal vez siga adeudando una suma equivalente al 120% de su PIB, según cálculos estimativos recientes.
¿Quién querría  verdaderamente ayudar a un país de 11 millones de habitantes, quebrado, cuyas posibilidades productivas no exceden el turismo, la industria naviera y la agricultura, y que tiene indicadores sociales del tercer mundo?
Por eso, a la hora de las negociaciones, los socios menores de Alemania fueron los más tenaces detractores de Tsipras. Ellos saben que, aunque representen a los sectores más favorecidos de sus propios países, están también en situación de verdadera penuria. Y que, si Alemania quisiera ayudar a los países subdesarrollados de Europa, debería destinar a esa ímproba tarea  alrededor del 7% de su PBI durante diez años. Impensable.
Tan impensable como las condiciones que permitieron que un pequeño país (cuyo PBI equivale al 2% del de la Unión europea) se convirtiera en "socio" de Alemania, Francia, Holanda y Bélgica. Ahora vemos los límites de esa affectio societatis.
Hasta dónde llegaron las presiones y coerciones de los patrones de la Troika que lograron una capitulación fast food del país helénico, no lo sabemos. Pero podemos inducirlo  también de las palabras del ex ministro de economía griego. En su primer aparición pública después de su dimisión, Yanis Varoufakis dió cuenta del ninguneo que sufrió la delegación griega, reveló que los poderes reales son "tan terribles como se los imaginaba", y además admitió las amenazas de la Troika durante las negociaciones, en las que tuvo un protagonismo estelar el ahora caído en desgracia Luis De Guindos, ícono de la representación de las burguesías europeas menores subordinadas a Alemania. De Guindos acaba de ser derrotado en su intento de ungirse presidente del Eurogrupo, que acaba de reelegir por un nuevo período al holandés Jeroen Dijsselbloem, "un firme defensor del rigor presupuestario", según lo describe la prensa internacional.
Con Grecia en ruinas, se derrumba el paradigma del estado de bienestar en Europa, y se pone a prueba no solamente la perdurabilidad de un proyecto unitario asimétrico, sino el propio sistema capitalista mundial. Por primera vez en setenta años, el socialismo "democrático" desaparece de la conciencia de masas europeas como una expectativa cierta. Algo funcional mal, como decía Tony Judt.
Lo mismo podemos decir ahora de las experiencias socialdemócratas europeas que se exhibían como el modelo a seguir en términos de convivencia armónica durante la década de los años sesenta y principio de los setenta.
Cualquier tipo de rebelión contra el avance neoliberal puede terminar en una catástrofe de consecuencias impredecibles.
Como adelantara Varoufakis, las represalias, de cualquier índole (incluso las más violentas) se harán en nombre de los derechos humanos, la democracia y la libertad. y los voceros serán los mismos personajes que han decretado la anexión.
Los que se inspiran en la "idolatría de los derechos humanos", o acotan los derechos humanos a la categoría de la mera "libertad negativa" acuñada por Michael Ignatieff, respecto de la que advirtiera Danilo Zolo. De la mano de esas aporías fundamentalistas, todo está permitido en el marco de la nueva regulación jurídica de la globalización, que reivindica los derechos humanos occidentocéntricos como una categoría universal susceptible de ser impuesta a sangre y fuego y que protege a los ciudadanos en tanto y en cuanto tengan "la capacidad de actuar libremente para la realización de objetivos racionales" (**). En buen romance, que se abstengan de protagonizar conductas disfuncionales a los intereses de los oligopolios financieros .Lo que equivale a extender un certificado de defunción al  concepto de soberanía de los Estados y la autodeterminación de los pueblos.

(*) http://www.lamarea.com/2015/07/14/por-que-tsipras-ha-aceptado-las-salvajes-condiciones-de-la-troika/

(**)       Zolo, Danilo: "La justicia de los vencedores", Trotta, Madrid,2006,  p. 88.






En la disputa irresuelta por un nuevo orden global, se inscriben instancias de poder hasta ahora no dilucidadas. Estados Unidos ha decidido arrastrar -al menos hasta donde pueda- a sus socios de Europa occidental a un callejón sin salida en el que la crisis de Ucrania aparece como una luz de alerta que pone en vilo a la región, cuya ubicación geopolítica la transforma en un virtual e hipotético epicentro de futuros conflictos. En esa clave deben entenderse los gestos no exentos de prudencia de la mayoría de los líderes europeos con capacidad de maniobra y tracción política, pero también -paradójicamente- las sanciones impuestas recientemente por algunas administraciones europeas a los rusos.
Por otra parte, la gigantesca maquinaria propagandística del imperialismo y sus aliados no ha logrado instalar hasta ahora la tesis de Rusia como país agresor en ese contexto de máxima sensibilidad. Debe recordarse que la reintegración de Crimea a territorio ruso fue tildada de ilegal por EEUU y la UE, y constituyó el pretexto inicial para la instrumentación de una seguidillas de sanciones contra Rusia, además del motivo de una demanda ucraniana ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en lo que configura una nueva puesta a prueba de los criterios de justicia de los tribunales internacionales.
Por el contrario, la diplomacia de Putin ha dado muestras sobradas de ductilidad, y a su rotunda victoria en el conflicto de Crimea ha añadido un manejo de los tiempos de máxima sutileza en la cuestión de las regiones ucranianas pro rusas. Como explica el analista Ratislav Ishchenko (*) , el tiempo juega inexorablemente a favor del Kremlin y profundiza la crisis sin salida del imperialismo. Por ende, eso ratifica la imagen de una administración Putin sumamente cómoda en un rol de protagonismo pacifista, mientras acumula fuerzas y suma aliados estratégicos en Asia, América Latina y África. 
El unidimensionalismo cultural que impuso Estados Unidos desde la Guerra de los Balcanes, parece debatirse en un plano de deterioro cada vez más evidente.
Lo mismo pasa con el bagaje cultural heredado del neoliberalismo, el pensamiento único y el Consenso de Washington, que han demostrado ser el paradigma hegemónco más fugaz de la historia: en poco más de 20 años ha entrado en una suerte de crisis terminal. Las grandes mayorías populares del planeta, el nuevo sujeto político a controlar y disciplinar, descreen o se oponen a este modelo capitalista contingente. Un nuevo fantasma recorre el mundo. Se trata de una utopía negativa,de resultas de la cual casi todos explícitamente manifiestan su descreimiento en este sistema, aunque todavía no hayan podido reconstituir un paradigma totalizante alternativo. 
Pero los ejemplos de rebelión de muy diferentes matrices y matices crecen y se multiplican  por doquier. América Latina y sus democracias populares autonómicas, España, Grecia, Portugal, medio oriente, la experiencia política kurda y su influencia política institucional recientemente confirmada en Turquía configuran solamente algunos de los casos a los que pretendemos aludir.
El rol que juega la nueva Rusia como aliada natural de este poder emergente es indudable. Por eso es que el imperialismo no solamente redobla la apuesta militar, sino que incluso pretende poner en práctica, en la propia Plaza Roja, otra revolución de colores.
Ya habíamos anticipado esta intencionalidad durante la definición de la crisis de Crimea. Ahora la cosa parece estar más clara. "La designación de John Tefft como embajador de EEUU en Rusia se percibe como un posible paso hacia la desestabilización de la situación en Rusia y en Eurasia en general. A diferencia de su antecesor, Michael McFoul, Tefft está considerado como el supervisor de las revoluciones de color en el espacio postsoviético" (**).  
La noticia toma estado público en el mismo momento en que Estados Unidos promueve un golpe bando en Ecuador, con el mismo pretexto de enmascarar estas tentativas destituyentes como "golpes blandos", a la vez que también asienta fuerzas militares en un país aliado, en este caso en el Perú (***). La analogía con la crisis ucraniana no puede ser más nítida. Sobre todo si se toma en cuenta las presionas que ejercen los grupos de presión y factores de poder sobre el gobierno de Dilma Rousseff, justamente en la gran potencia de América Latina. Demasiados puntos de contacto como para ser mera casualidad.
Sin embargo, los grandes organismos institucionales, el "sistema jurídico" internacional no da señales de vida frente a estos atropellos sistemáticos contra las democracias del mundo. Recién ahora la ONU se plantea la posibilidad de imputar al gobierno de Israel por las masacres cometidas contra el pueblo palestino, según indicó el Alto Comisionado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para los Derechos Humanos, Zeid Raad al-Husein. No se observan reacciones de ninguna índole frente a los restantes atropellos que el imperialismo y sus aliados vienen perpetrando sin solución de continuidad desde hace décadas.

(*) http://sakerlatam.es/rusosfera/que-quiere-putin-un-importante-analisis-de-rostislav-ishchenko-hay-que-leerlo/)
(**)   http://mundo.sputniknews.com/ensayos/20150415/1037286310.html#ixzz3dbCbgm6d
(***) Para conocer más profundamente sobre las bases estadounidenses instaladas en el Cono Sur, sugerimos la lectura del libro "Territorios Vigilados. Cómo opera la red de bases militares norteamericanas en Sudamérica",  de la periodista Telma Luzzani, editado por Penguin Random House Grupo Editorial Argentina. Por supuesto, y como no podía ser de otra manera, todos esos enclaves están formalmente asignados a "misiones humanitarias". 
El deterioro del concepto de ciudadanía en España parece no tener fin. A la decisión oficial de cerrar cualquier instancia de revisión de su pasado inmediato (incluidas las groseras referencias del Ministro de Justicia peninsular respecto del requerimiento efectuado por la jueza argentina Servini de Cubría), deben añadirse esperpentos tales como la “ley mordaza” y el comportamiento estatal violatorio de los Derechos Humanos de los migrantes (rematada con la  aparición de una nueva cultura concentracionaria mediante la implementación de los “Centros de Estancia Temporal para Inmigrantes”, en el que se hacinan, las víctimas actuales del colonialismo y el imperialismo), que merecieran una severa amonestación del Comité contra la Tortura de la ONU.


Por si esto fuera sencillo de explicar incluso en el marco acotado de una democracia formal y de baja intensidad como la española, el gobierno acaba de sostener que el asesinato de una prostituta a manos de un cliente no puede considerarse violencia de género "al no existir un vínculo afectivo entre el agresor y al víctima". La explicación no puede ser más brutal.
Pero las manifestaciones oficiales peninsulares no quedan ahí, y permiten inferir sin temor a equívocos que una suerte de cataclismo en materia de derechos civiles y políticos acompaña la crisis económica y social, como suele ocurrir de ordinario.

La fascistización de las relaciones sociales no tiene fin. El PP fue denunciado hace pocos días por “acarrear” ancianos “con demencia” para votar por correo en un pueblo de Lugo.

La resistencia popular impide que aumente la cantidad de presos políticos en el País Vasco, muchos de ellos sometidos a condiciones inhumanas de detención.

Los desahucios, la represión sistemática de la protesta social y un deterioro institucional sin precedentes, que incluye una saga alarmante de graves episodios de corrupción política y empresarial, completan un panorama sombrío que parece difícil de revertir en lo inmediato, en el marco de una crisis social que parece no haber tocado fondo. Para colmo de males, una editorial del New York Times, a prueba de los epítetos macartistas habituales del gobierno y sus medios aliados, acaba de afirmar:"La nueva ley mordaza de España inquietantemente se remonta a los días oscuros del franquismo. No tiene lugar en una nación democrática, donde los españoles, como ciudadanos de la Unión Europea, tienen más que un derecho virtual al pacífico, protesta colectiva". Fin del recorrido?




La disolución del Pacto de Varsovia en el marco de las nuevas relaciones de fuerzas globales, pusieron, como ya hemos dicho, fuertemente en crisis la razón de existencia original de la OTAN. La hipótesis de conflicto originaria, el “enemigo rojo”, había dejado de existir, y por lo tanto, a pesar del poder militar incomparable de la gran alianza atlántica, no fueron pocos los analistas que en aquellos años se permitieron reflexionar sobre su utilidad y viabilidad.
A principio de los años 90. la poderosa OTAN veía peligrar, con el descalabro de las burocracias socialistas, su continuidad al quedarse sin enemigo. Disponía de medios, de un impresionante aparato militar y mantenía intacta la estrategia de disuasión nuclear. Como bien lo hizo notar Willy Meyer, un militar español habría descripto esa situación de desconcierto en los siguientes términos: "la OTAN se ha convertido en una organización con medios pero sin misiones, se están buscando nuevos objetivos para garantizar su futuro."





 Esos nuevos objetivos comenzaron a delinearse en una reunión realizada en Roma, durante el año 1991, que congregó a los referentes políticos de las grandes potencias de la alianza, en la que Estados Unidos habría formulado dos propuestas fundamentales.
 “a) Dotar a la OTAN de capacidad para realizar acciones fuera de la zona asignada en el protocolo inicial, lo que más tarde se denominaría "misiones fuera del artículo 5".
 b) Vincular la defensa europea a la de los EE UU, lo que años más tarde, en ~996, al definir la Identidad de Defensa Europea, se denominó "Fuerzas Separables pero no separadas", eufemismo que explicita que cualquier fuerza europea estará indisolublemente unida a las fuerzas y mandos militares de los EE UU.
 En la mencionada reunión de Berlín, en la búsqueda afanosa de los "nuevos peligros" que justificaran su continuidad, se mencionan por primera vez "los peligros del Sur", referidos a los países árabes. Es en ese contexto cuando el entonces Secretario General de la OTAN, Willy Claes, afirma que "el integrismo musulmán representa el mayor desafio para Europa desde la caída del enemigo soviético." En argot militar, pasamos de un enemigo Rojo a uno Gris, y ese color gris acaba por estar asociado a peligros poco o nada definidos:
 -La posible degeneración de las exrepúblícas soviéticas en nacionalismos expansionistas 
-La dispersión del armamento nuclear en Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Kazajastán 
-Los conflictos del Cáucaso 
-Los conflictos del Mediterráneo y los Balcanes
Por primera vez, la OTAN necesita identificar los posibles riesgos de forma muy genérica, e invadiendo clara-mente en algunos de ellos el terreno del campo político o diplomático, pero esto se convierte en necesario para "vender" al público la necesidad de su propia continuidad.
 Se preparaba el terreno de la mano de la administración norteamericana, para poder intervenir más allá del artículo 5, es decir, no como respuesta defensiva y siempre y cuando fuese requerida para ello por las Naciones Unidas. En este sentido, la Guerra de Bosnia-Herzegovina fue el mejor escenario posible para esta nueva teorización del papel a seguir por la "Nueva OTAN". En los primeros seis años que sucedieron a la Guerra Fría la ONU puso en marcha más operaciones militares en zonas conflictivas que en los 40 años precedentes. Las llamadas "Fuerzas de Paz" no siempre pudieron cumplir su objetivo, especialmente por debilidad, falta de resolución y, a veces, por no cumplir su mandato estrictamente humanitario. Especialmente, su papel en la Guerra de Bosnia-Herzegovina mereció una crítica rotunda por su pasividad e ineficacia a la hora de contribuir a reducir el conflicto.
 Cuando la ONU, de la mano de Butros Ghali, decide en 1992 ampliar el papel de la misma en el mantenimiento de la Paz, es decir, no limitar la actuación de la fuerza tras un acuerdo entre las partes en conflicto, sino forzar a las partes a sentarse a la mesa de negociaciones, abre una portezuela por la que la OTAN se apresura a entrar, siempre a las órdenes de la ONU. Así, la OTAN estrena su nuevo papel, de la mano de Naciones Unidas, en una misión "Forcing Peace" en Bosnia-Herzegovina para imponer los acuerdos de Dayton.
 La propia debilidad consentida de la ONU permite que, en la década de los 90, más de 60 Estados hayan utilizado, para el mantenimiento de la Paz, fuerzas ajenas de la ONU, con resultados variados y no siempre bajo la autorización del Consejo de Seguridad.
 La situación estaba servida para la siguiente vuelta de tuerca de la OTAN, toda vez que se tenían ya prefijados los nuevos riesgos grises que permitían una amplísima gama de posibilidades de intervención en un sinfín de conflictos en distintos territorios: la posibilidad de intervenir no como respuesta a una agresión a la Alianza, objetivo fundacional de la misma. Solo faltaba quitarse el engorroso trámite preceptivo para poder intervenir sin tener que contar con la autorización expresa del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
 La administración norteamericana, tremendamente reacia al posible papel de NN.UU. como gobierno de un mundo plural, soñaba con la posibilidad de poder intervenir desde la OTAN al margen del papel que el derecho internacional otorga en exclusividad a las NN.UU. en la autorización del uso de fuerza. Sin embargo, necesitaban una disculpa para esa vuelta de tuerca.
 La Intervención Militar en Yugoslavia: Un golpe de estado a la comunidad internacional, un mensaje a un mundo en conflicto
El Presidente de la Asamblea de NNUU, el canciller uruguayo Opertti, no dudó en calificar la agresión de la OTAN a Yugoslavia como un "Golpe de Estado Mundial... No querría pasar a la historia como el Presidente de la Asamblea de NN UU precisamente el año en el que ese organismo firma su acta de defunción".
 Efectivamente, la agresión de la OTAN a Yugoslavia hay que entenderla en estos términos. Como vimos anteriormente, la Alianza carece de toda legitimidad jurídica para emprender esa agresión. La garantía de la seguridad internacional corresponde al Consejo de Seguridad. Es una organización "defensiva" (art. 3 y 5 del Tratado), con un área muy limitada de acción (art.6), y el ataque contra Yugoslavia es claramente una agresión en los términos fijados por la Resolución 3314 de NN UU y una manifiesta intromisión contra un Estado Soberano conforme a los artículos 2.4 y 2.7 de la Carta de Naciones Unidas.
 Pero se necesitaba una disculpa para mostrar al Mundo quién es el que verdaderamente manda, para diseñar el modelo de seguridad para el siglo XXI, y la disculpa se encontró en el conflicto/guerra civil de Kosovo, conflicto en cuyos orígenes no está ausente la responsabilidad de los gobiernos europeos.
 Se justificó la agresión apelando al derecho de injerencia para garantizar los derechos humanos. En este caso, los del pueblo kosovar.
 En un mundo con cuarenta millones de refugiados, con casos - desgraciadamente- tanto o mucho más dramáticos que el del pueblo kosovar, sorprende, por cínica, la justificación de esa agresión que no esconde la preocupación por la suerte de los kosovares sino la imposición por la fuerza de un Nuevo Modelo de Seguridad basado en la capacidad de agresión de unos Estados contra otros pisoteando la Carta de Naciones Unidas.
 El cinismo de la administración norteamerica al posicionarse en los conflictos internacionales que ocasionan desmanes a los pueblos es conocido por todos. La permisividad y, a veces, la complicidad con Gobiernos antidemoctáticos que han cometido toda clase de tropelías, persecuciones y muerte es consustancial con la administración norteamericana.
 En este caso, sin ir muy lejos, Turquía, miembro de la OTAN, ha reconocido (Ministro Hacologlu, 1995) que en cuatro años el ejército ha destruido 3.250 pueblos y aldeas y desterrado a tres millones de kurdos. Se podrían poner infinidad de ejemplos de pueblos que en la actualidad están sufriendo persecución o a los que no se les reconoce su derecho a una vida digna y autodeterminada: palestinos, saharauis, indígenas de Chiapas, colombianos, afganos,ruandeses, sudaneses, birmanos, peruanos somalís...
 ¿Qué mensaje es el que envía la OTAN al mundo?
Que nadie tenga la menor duda de que el próximo bombardeo no será ni sobre Ankara, ni sobre Tel Aviv, ni sobre México DF...
 No. Para la OTAN no es un problema de derechos humanos, es simplemenre la necesidad de resolver su derecho a la injerencia en aquellos conflictos que geoestratégicamente interesen para preservar su zona de influencia[1].
Luego de ese momento de supuesta crisis de identidad, la más  grande alianza militar de la historia no solamente ha dejado atrás su rol inicialmente “defensivo”, para protagonizar activamente ataques contra los pueblos que ensayen experiencias autonómicas de cualquier tipo, sino que, como bien lo acaba de señalar en instancias particularmente críticas el presidente Putin, no ha parado de expandirse desde la caída del muro de Berlín, a pesar de declarar lo contrario[2].
Para poder llevar adelante esa escalada sistemática de disciplinamiento global, la OTAN contó con la ayuda inestimable de organismos financieros, de las grandes cadenas informativas y sus periodistas afines, de  ONG`s “progresistas” dispuestas a participar de las mayores manipulaciones y tergiversaciones históricas conocidas, y de la propia Organización de las Naciones Unidas, cuyo rol en el conflicto balcánico no puede dejar de mencionarse.




Esta tarde, a partir de las 17 horas, se llevará a cabo en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas el cuarto y último encuentro del Seminario “Nueva geopolítica de la liberación, integración, seguridad y defensa en América Latina”, a cargo de los docentes Modesto Emilio Guerrero y Eduardo Luis Aguirre. Abordaremos en esta oportunidad el tema "Mayor democracia es mayor seguridad". Recordamos que el seminario es abierto a alumnos de la UNLPam. Desde esta hoja, agradecemos la presencia de quienes han venido sosteniendo con su presencia esta experiencia por demás enriquecedora para todos.
Hoy se llevará a cabo, a partir de la hora 17,oo, en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la UNLPam, el tercer encuentro del Seminario “Nueva geopolítica de la liberación, integración, seguridad y defensa en América Latina”, a cargo de los docentes  Modesto Emilio Guerrero y Eduardo Luis Aguirre.  La actividad, destinada a estudiantes, profesionales,  docentes de Carreras de Ciencias Sociales y público en general, continuará con el abordaje del tema "Liberación y Dependencia en el marco de las nuevas coordenadas geoestratégicas. Nuevos sujetos políticos destituyentes". Como se anunciara oportunamente, el Seminario es gratuito para los alumnos de nuestra Universidad.
(Original de lasillarota.com) Papa Francisco se reunió en Sala del Palacio Apostólico del Vaticano con 30 penalistas de diversas nacionalidades de la Asociación Internacional de Derecho Penal (http://www.penal.org, que preside el Dr. John Vervaele. En el colectivo de juristas estaban, además en primera fila, su paisano Eugenio Raúl Zafaroni, ministro de la Corte Suprema de Argentina, el ex rector de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), Luis Arroyo Zapatero, en calidad de presidente de la Sociedad Internacional de Defensa Social, además de los responsables de la Asociación Internacional de Derecho Penal, la Sociedad Internacional de Criminología, la Fundación Internacional Penal y Penitenciaria, la Sociedad Mundial de Victimología y la Asociación Latinoamericana de Derecho Penal y Criminología (que preside Zafaroni y en México el Dr. Moisés Moreno Hernández, director del Centro de Política Criminal). Estaba también el joven abogado Manual Espinoza de los Monteros de la Parra.

Este jueves 23 de octubre de 2014, el 
¡Fuerte discurso Papal! Hablo de trata de personas, pena de muerte, cadena perpetua, tortura, sistema penitenciario, y tratos degradantes entre otros.


Antes de su discurso el grupo de penalistas comentó al pontífice el trabajo que realizan en defensa de la abolición de la pena de muerte.
Y bueno el Papa no le es ajeno el tema y les dedico un largo discurso, en italiano, de entrada dejo que  qué el Derecho Penal respete la dignidad de la persona humana. Y agregó que “la corrupción es un mal más grande que el pecado. Más que perdonado, este mal debe ser curado”.
También el jesuita condenó las ejecuciones extrajudiciales y la pena de muerte -medida incluso usada por regímenes totalitarios para suprimir a la disidencia y perseguir a las minorías-, y afirmó que el respeto a la dignidad humana debe ser el límite a cualquier arbitrariedad y exceso por parte de los agentes del Estado.
Exhortó a los juristas a adoptar instrumentos legales y políticos que no caigan en la lógica del ''chivo expiatorio'', condenando al sacrificio a personas acusadas injustamente de las desgracias que afectan a una comunidad.
Además abordó la situación de los presos sin condena y los condenados sin juicio.  Señaló que la prisión preventiva, cuando se usa de forma abusiva, constituye otra forma contemporánea de pena ilícita oculta, más allá de la legalidad.
También se refirió a las condiciones deplorables de cárceles. Dijo que aunque a veces se debe a la carencia de infraestructuras, otras son el resultado del ''ejercicio arbitrario y despiadado del poder sobre las personas privadas de libertad''.
Francisco no olvidó la aplicación de sanciones penales a los niños y ancianos condenando su uso en ambos casos. Además condenó la trata de personas y la esclavitud, ''reconocida como crimen contra la humanidad y crimen de guerra tanto por el derecho internacional como en tantas legislaciones nacionales''.
También se refirió a la pobreza absoluta que sufren mil millones de personas y la corrupción. ''La escandalosa concentración de la riqueza global es posible a causa de la connivencia de los responsables de la cosa pública con los poderes fuertes. La corrupción, es en sí misma un proceso de muerte... y un mal más grande que el pecado. Un mal que más que perdonar hay que curar'', advirtió Jorge Bergoglio.
No es la primera vez que Francisco interactúa con penalistas. Hace unos meses  el Papa compartió con destacados penalistas argentinos una serie de reflexiones en torno a la justicia que vale la pena rescatar, sobre todo por ser una opinión de un lego en el tema de justicia penal.
La  extensa misiva del Papa, fechada el 30 de mayo pasado se la dirigió a su amigo, el Ministro de la Corte Suprema, Raúl Eugenio Zaffaroni; fue leído integro en el marco del 19° Congreso Internacional de la Asociación Internacional de Derecho Penal y del III Congreso de la Asociación Latinoamericana de Derecho Penal y Criminología (ALPEC), que preside Zaffaroni y de la que forman parte destacados penalistas latinoamericanos.
Se puede leer en mi bitácora personal (http://fredalvarez.blogspot.mx/2014/06/francisco-interviene-en-un-debate-sobre.html)
Esta vez la nota del Papa está en los principales diarios del mundo. La Silla Rota, publica un breve resumen. Y por algún motivo discurso papal no se colocó en las páginas de la Santa Sede, ni en las webs católicas, pero gracias a Roberto Manuel Carles, quien es el presidente de los jóvenes penalistas de la AIDP, compartimos en español l texto en este espacio:
Sres. Presidentes y autoridades de la
Asociación Internacional de Derecho Penal, de la
Sociedad Internacional de Criminología, de la
Sociedad Internacional de Defensa Social, de la
Fundación Internacional Penal y Penitenciaria, de la
Sociedad Mundial de Victimología, y de la
Asociación Latinoamericana de Derecho Penal y Criminología
Destacados juristas
cautela in poenam et primatus principii pro homine
I. Introducción
  1.  a) Incitación a la venganza.
En la mitología, como en las sociedades primitivas, la multitud atribuye poderes maléficos a algunos de sus miembros, a quienes acusan de las desgracias que golpean a su comunidad, y que, por ello, serán sus víctimas sacrificales.  Sin embargo, la realidad muestra que el hecho de que existan los medios legales y políticos necesarios para afrontar y resolver conflictos interpersonales, no garantiza que unos pocos individuos al alcance de la mano no sean responsabilizados por los problemas de todos.
La vida en común, estructurada en torno de comunidades organizadas, requiere de reglas de convivencia cuya libre violación merece una respuesta adecuada.
Sin embargo, vivimos tiempos en que, tanto desde ciertos sectores de la política como desde algunos medios de comunicación, se incita a la violencia y a la venganza, pública y privada, no solo sobre quienes son responsables de haber cometido delitos, sino también sobre quienes recae la sospecha, fundada o no, de haber infringido la ley.
  1. b) Neopunitivismo y populacherismo penal
En este contexto, se ha expandido en las últimas décadas la creencia de que a través de la pena pública pueden resolverse los más diversos problemas sociales, tal como si para las más diversas enfermedades se nos recomendase la misma medicina.  No se trata ya de la creencia en alguna de las funciones sociales tradicionalmente atribuidas a la pena pública, sino de la creencia de que con ella pueden obtenerse los beneficios que requerirían la implementación de otro tipo de políticas sociales, económicas y de inclusión social.
A este cuadro, se suma el creciente desprecio público -fomentado por los medios masivos de comunicación- por el saber de los especialistas y por todo dato de la realidad que permita conocer el problema que se pretende solucionar.
I. c) La construcción de enemigos
No sólo se buscan chivos expiatorios que paguen con su libertad y con su vida por todos los males sociales, como era tradición en las sociedades primitivas, sino que, además, se construyen deliberadamente enemigos, figuras arquetípicas, estereotipadas, que concentran en sí todos los caracteres que la sociedad puede percibir o interpretar como amenazantes.  Los mecanismos de construcción de estas imágenes son los mismos que permitieron la expansión de las ideas racistas y judeófobas que eclosionaron hacia fines del siglo XIX.  Los principales enemigos de hoy, en distintas regiones del planeta, son los inmigrantes y los jóvenes de barrios precarios, sobre quienes pesa el estigma de potenciales delincuentes.
II. Sistemas penales descontrolados y la misión de los juristas
El principio rector de la cautela in poenam
Así las cosas, el sistema penal abandona su función meramente sancionadora, y avanza sobre las libertades y derechos de las personas, sobre todo de las más vulnerables, en nombre de una finalidad preventiva cuya eficacia, hasta el momento, no se ha podido verificar ni siquiera para las penas más graves, como la pena de muerte.  Ya ni siquiera se conserva la proporcionalidad de las penas, que históricamente reflejó la escala de valores protegidos por los Estados.  Lejos quedó aquel derecho penal concebido como ultima ratio, como último recurso sancionatorio, limitado a los hechos más graves contra los intereses individuales y colectivos más valiosos.  Lejos también quedó el debate sobre la sustitución de la cárcel por otras sanciones penales alternativas.
En este contexto, la misión de los juristas no puede ser otra que la de limitar y contener esta irracionalidad.  Es una tarea difícil, en tiempos en que muchos jueces y operadores del sistema penal deben cumplir con su tarea coaccionados por las presiones de los medios masivos de comunicación, de algunos políticos inescrupulosos y de las pulsiones vindicativas que ellos fomentan en las sociedades.  Quienes tienen tan altas responsabilidades están llamados a cumplir con su deber, puesto que no hacerlo pone en riesgo vidas humanas, que deben ser cuidadas con mayor compromiso que con el que a veces cuidan sus cargos.
III. Sobre la primacía de la vida y de la dignidad de la persona humana
(primatus principii pro homine)
III. a) Sobre la pena de muerte
Es imposible imaginar que los Estados no puedan disponer de otro recurso que no sea la pena capital, para defender del agresor injusto las vidas de otras personas.
San Juan Pablo II ha condenado la pena de muerte (Evangelium Vitae, 56), como también lo hace el Catecismo (Constitución Apostólica Fidei Depositum) en su No.2267, tercer párrafo.
Sin embargo, los Estados matan no sólo por medio de la pena de muerte y de las guerras.  También lo hacen cuando los servidores públicos se refugian en las potestades estatales para justificar sus crímenes.  Las denominadasejecuciones extrajudiciales o extralegales son homicidios deliberados cometidos por los Estados y sus agentes, muchas veces encubiertas como enfrentamientos con delincuentes o presentados como consecuencias indeseadas del uso racional necesario y proporcionado de la fuerza para hacer cumplir la ley.  De este modo, aun cuando de los sesenta países que mantienen en su legislación la pena de muerte, treinta y cinco no la han aplicado en los últimos diez años, la pena ilegal de muerte se aplica en todo el planeta, en distintos grados.
Las ejecuciones extrajudiciales, incluso, suelen perpetrarse en forma sistemática, no solamente por Estados de la comunidad internacional, sino también por aquellos no reconocidos como tales, y constituyen verdaderos crímenes contra la humanidad aun cuando no encajen en la definición convencional que los propios Estados han aceptado para estas gravísimas violaciones a los derechos humanos.
Los argumentos en contra de la pena de muerte son muchos y bien conocidos.  La Iglesia ha oportunamente enfatizado algunos de ellos, como la posibilidad de existencia de error judicial, y el uso que hacen de ella los regímenes totalitarios y dictatoriales, que la utilizan como herramienta de exterminio de toda disidencia política o de persecución de las minorías religiosas y culturales, todas ellas víctimas que para sus respectivas legislaciones son “delincuentes”.
Los Estados también matan por omisión, no solo cuando no controlan debidamente a sus agentes, sino también cuando no satisfacen las necesidades básicas de las personas.
La pena de muerte implica la negación del amor a los enemigos predicada en el Evangelio. Todos los cristianos y los hombres de buena voluntad, estamos obligados no sólo a luchar por la abolición de la pena de muerte, legal o ilegal, y en todas sus formas, sino también para que las condiciones carcelarias sean mejores, en respeto de la dignidad humana de las personas privadas de la libertad.
En ese sentido, cierto es que la pena de prisión perpetua – abolida el año pasado en el Estado Vaticano – así como aquellas que por su duración conlleven la imposibilidad para el penado de proyectar un futuro en libertad, son también penas de muerte encubiertas, puesto que con ellas no se pretende ya retribuir al culpable el daño que pudo haber obrado mediante la privación de su libertad, sino mediante la privación de toda esperanza.  Y aunque el sistema penal pueda cobrarse el tiempo de los culpables, jamás puede cobrarse su esperanza.  Ese intento perverso, que muchas veces se materializa en suicidios y autolesiones de los penados, constituye en sí un trato cruel, inhumano y degradante.
III. b) Sobre las condiciones de encierro, los presos sin condena y los condenados sin juicio
Otra forma contemporánea de penas ilícitas, ocultas tras un halo de legalidad, lo constituye la prisión preventiva, cuando en forma abusiva opera como adelantamiento de la pena, previa a la condena, o como una medida que se aplica ante la sospecha más o menos fundada de que se ha cometido un delito.
Esta situación es particularmente grave en América Latina, donde el número de presos sin condena oscila entre el cincuenta y el setenta por ciento del total de las personas privadas de la libertad.  Este fenómeno contribuye al deterioro aún mayor de las condiciones de encierro, situación que la construcción de nuevas cárceles nunca termina de resolver, puesto que toda nueva cárcel que se construye ya ha excedido su capacidad antes de ser inaugurada.  Es causa, además, del uso indebido de instalaciones policiales y militares como lugares de encierro.
La resolución del problema de los presos sin condena debe hacerse con la debida cautela, pues se corre el riesgo de crear otro, tanto o más grave: el de los presos sin juicio, condenados sin que se respete el debido proceso.
Las deplorables condiciones de encierro que se verifican en distintas partes del planeta, constituyen a menudo auténticos tratos inhumanos y degradantes, muchas veces producto de las deficiencias del sistema penal, otras, de las carencias de infraestructura y de planificación, y otras, en no pocas oportunidades, no son más que el resultado del ejercicio arbitrario y despiadado del poder sobre las personas privadas de la libertad.
III. c) Sobre la tortura y otros tratos y penas crueles, inhumanas y degradantes
Otra forma de tortura es la que se aplica a través del encierro en cárceles de máxima seguridad.  Lejos de ofrecer una mayor seguridad a la sociedad o un tratamiento especial para las personas privadas de la libertad, su principal característica no es otra que el aislamiento externo.  Esta forma de tortura, conocida como “tortura blanca”, consiste en el encierro en minúsculas microceldas, con total aislamiento del mundo exterior. Como lo demuestran los estudios realizados por diversos organismos de derechos humanos, la falta de estímulos sensoriales, la total incomunicación y la falta de contacto con otros seres humanos, provocan padecimientos psíquicos y físicos tales como paranoia, ansiedad, depresión y pérdida de peso, e incrementan ostensiblemente la tendencia al suicidio de quienes los padecen.
Este fenómeno, característico de las cárceles de máxima seguridad, también se verifica en todo tipo de establecimiento penitenciario, junto con otras formas de tortura física y psíquica cuya práctica se ha naturalizado.
Las torturas ya no son suministradas solamente como un medio para la obtención de un determinado fin, como la confesión o la delación - prácticas características de la doctrina de la seguridad nacional - sino que constituyen auténticos plus de dolor que se adicionan a los males propios del encierro.
De este modo, se tortura no solamente en centros clandestinos de detención o en los modernos campos de concentración, sino también en cárceles, institutos de menores, manicomios, asilos, comisarías y demás centros e instituciones de detención y encierro.
La propia doctrina penal lleva una importante responsabilidad en esto, al haber ensayado discursos de legitimación de la tortura ante ciertos supuestos, lo que, como suele ocurrir con este tipo de discursos, no ha tenido otra consecuencia que legitimar la totalidad de estas prácticas.
Muchos Estados son también responsables por haber detenido o tolerado el secuestro de personas en sus territorios, incluso ciudadanos de sus respectivos países, o de haber autorizado el uso de su espacio aéreo para la realización de traslados ilegales hacia centros de detención y tortura.
Esta locura solo podrá detenerse con el firme compromiso de la comunidad internacional, que reconozca el primado del principio pro homine, es decir, de la dignidad de la persona humana por sobre todas las cosas.
III) d. Sobre la aplicación de sanciones penales a niños y ancianos y a otras personas especialmente vulnerables.
Los Estados deben abstenerse de castigar penalmente a los niños, que aún no han completado su desarrollo madurativo y por eso no pueden ser responsabilizados.  En cambio, ellos deben ser destinatarios de todos los privilegios que puede ofrecer el Estado, tanto en lo concerniente a políticas de inclusión como a las prácticas orientadas a infundir en ellos el respeto por la vida y los derechos de los demás.
Los ancianos, por su parte, son quienes a partir de sus propios errores pueden enseñar al resto de la sociedad.  No sólo se aprende de las virtudes de los santos, sino también de las faltas y de los errores de los pecadores y, entre ellos, de quienes, por el motivo que fuere, hubieren caído en el delito.   Además, razones humanitarias imponen que, así como se debe excluir el castigo de quienes padecen enfermedades graves o terminales, de mujeres embarazadas, personas discapacitadas, madres y padres que sean únicos encargados de menores o discapacitados, igual tratamiento merecen los adultos mayores.
IV. Consideraciones sobre algunas formas de criminalidad que lesionan gravemente la dignidad de las personas y el bien común
Algunas formas de criminalidad, perpetradas por civiles, lesionan gravemente la dignidad de las personas y el bien común.  Muchas de ellas jamás podrían ser cometidas sin la colaboración, activa u omisiva, de las autoridades públicas.
IV. a) Sobre el delito de trata de personas
La esclavitud, incluida la trata de personas, es reconocida en su faz de crimen contra la humanidad y como crimen de guerra, tanto por el derecho internacional como por muchas legislaciones nacionales.  Sin embargo, aun cuando no se verifiquen ninguna de esas dos hipótesis extremas, estos crímenes integran las más graves afrentas a la dignidad de la persona humana.
Y puesto que no es posible cometer un delito tan complejo como el tráfico de personas sin la complicidad, por acción o por omisión, de los Estados, es evidente que, cuando los esfuerzos por prevenirlo y combatirlo no son suficientes, también estamos frente a un crimen contra la humanidad.  Más aún cuando quienes deben proteger a las personas y garantizar su libertad, colaboran, protegen o encubren a quienes comercian con seres humanos; en esos casos, los Estados son responsables frente a sus ciudadanos y frente a la comunidad internacional.
Como es sabido, las definiciones acerca de qué es el delito de genocidio, los crímenes contra la humanidad y los crímenes de guerra, son producto de la época en que fueron elaboradas, y expresan no solo las preocupaciones excluyentes de ese entonces, sino también la coyuntura política y la relación de fuerzas del momento.
No se trata de restar importancia al contexto en que se realizan las conductas que la comunidad internacional define como crímenes contra la humanidad, sino de reconocer que existen otros tanto o más graves que la existencia de un grupo de personas que se pretende destruir, o de una parte de la población civil a la que se dirige un plan de ataque generalizado o sistemático.
Más de mil millones de personas están atrapadas en la pobreza absoluta.  Mil quinientos millones de personas no tienen acceso a saneamiento, agua potable, electricidad, educación básica o al sistema de salud, y deben soportar carencias económicas incompatibles con una vida digna[1].  Aunque el número total de personas en esta situación pudo haber disminuido en los últimos años, su vulnerabilidad se ha incrementado, debido a las mayores dificultades que deben enfrentar para salir de esa situación.  Ello se debe a la cada vez mayor cantidad de personas que vive en países en conflicto, estimada en mil quinientos millones. Cuarenta y cinco millones de personas se vieron forzadas a huir por situaciones de violencia o persecución solo en 2012; de ellas, quince millones son refugiados, la cifra más alta en dieciocho años.
El setenta por ciento de estas personas son mujeres. Además se estima que siete de cada diez personas que mueren de hambre en el mundo son mujeres y niñas[2].
Este contexto constituye, claramente, una situación tanto o más grave que el ataque generalizado o sistemático dirigido contra una población civil determinada: el ataque es dirigido, por acción o por omisión, contra un cuarto de la población total del planeta, la más vulnerable, y dentro de ella, especialmente contra los más débiles: las mujeres y los niños.
Tampoco resulta difícil encontrar a los responsables últimos de esta realidad, cuando la mitad de la riqueza global está en manos del uno por ciento de la población mundial.
IV) b. Sobre el delito de corrupción
La obscena concentración de la riqueza global es posible, a su vez, por la connivencia de servidores públicos con los poderes concentrados.  La corrupción es ella también un proceso de muerte: cuando la vida muere, hay corrupción.
Pocas cosas son más difíciles que resquebrajar un corazón corrupto.  “Acumula riquezas para sí y no es rico a los ojos de Dios” (Lucas 12, 21).  Cuando la situación personal del corrupto se torna complicada, él conoce todas las coartadas para escabullirse como lo hizo el administrador sobornado (Lucas 16, 1-8).
El corrupto camina por la vida por los atajos del ventajismo, con cara de "yo no fui”, llegando a introyectar su personaje de hombre honesto.  El corrupto no puede aceptar la crítica, descalifica a quien la hace, procura descabezar cualquier autoridad moral que pueda cuestionarlo, desvaloriza a los demás y arremete con el insulto contra quienes piensan distinto.  Si la relación de fuerzas lo permite, persigue a quienes lo contradicen.
La corrupción se expresa en una atmósfera de triunfalismo porque el corrupto se cree un ganador. En ese ambiente, se siente con ínfulas para rebajar a los demás. El corrupto no conoce la fraternidad o la amistad, sino la complicidad y la enemistad.
El corrupto no percibe su corrupción. Sucede lo que con el mal aliento: difícilmente se percate de ello el que lo tiene. Son otros quienes lo sienten y se lo deben decir. Por ello difícilmente el corrupto pueda salir de su estado por remordimiento interno.
La corrupción es un mal mayor que el pecado.  Más que perdonado, el mal debe ser curado.  La corrupción se ha naturalizado al punto de llegar a constituir un estado personal y social ligado a la costumbre, una práctica habitual en las transacciones comerciales, y financieras, en las licitaciones públicas, en toda negociación que involucre a agentes del Estado. Es la victoria de las apariencias sobre la realidad, y de la desfachatez impúdica sobre la discreción honrada.
Sin embargo, el Señor no se cansa de llamar a las puertas de los corruptos. La corrupción nada puede hacer contra la esperanza.
¿Y qué puede hacer el derecho penal contra la corrupción? (pregunta Francisco y el mismo responde)
Son muchas ya las convenciones y tratados internacionales en la materia, y han proliferado las figuras delictivas orientadas a proteger no tanto a los ciudadanos, que en definitiva son sus víctimas últimas - en particular, los más vulnerables - sino a resguardar los intereses de los actores de los mercados económicos y financieros.
El castigo penal es selectivo.  Como he dicho en otras oportunidades, es como una red que atrapa solamente a los peces pequeños, mientras que deja a los grandes libres en el mar.  Su aplicación, por lo tanto, debe ser hecha con cautela.  Así, un mayor celo en la persecución de los delitos de corrupción de los servidores públicos puede derivar en una ola de procesos  penales por llamadas telefónicas a familiares desde el lugar de trabajo, o por el hurto de algunas hojas de papel usadas para imprimir materiales de estudio.
Las formas de corrupción que deben perseguirse con la mayor severidad son aquellas que causan graves daños sociales, ya sea en cuestiones económicas y sociales - como ser, graves defraudaciones contra la administración pública o el ejercicio desleal de la administración confiada - como en todo tipo de obstaculización del accionar de la justicia con miras a procurar la impunidad por las fechorías propias o las de terceros.
Conclusión
La cautela en la aplicación de la pena pública debe ser el principio rector de los sistemas penales, y la plena vigencia y operatividad del principio pro homine debe garantizar que los Estados no estén habilitados, jurídica o fácticamente, a subordinar el respeto de la dignidad de la persona humana a cualquier otra finalidad, aun cuando se procure alcanzar  algún tipo de utilidad social.  El respeto de la dignidad humana no solo debe operar como límite a la arbitrariedad y los excesos de los agentes estatales, sino como criterio orientador para la persecución y represión de aquellas conductas que representan los más graves ataques a la dignidad e integridad de la persona humana.
 [1] 2014 Human Development Report - Sustaining Human Progress: Reducing Vulnerabilities and Building Resilience, UNPD.
[2] Fondo de las Naciones Unidas para las Mujeres (UNIFEM).