Por Eduardo Luis Aguirre

Las democracias burguesas de occidente afrontan sus momentos más difíciles. Crisis de credibilidad y de legitimidad profundas parecen ser una regularidad de hecho en todo el mundo. Las grandes creaciones jurídico políticas de la modernidad son objeto del rechazo o al menos la indiferencia mayoritaria de los ciudadanos, Se multiplican las encuestas que dan cuenta de la debacle de los sistemas que durante toda una era fueron sinónimos de gobernabilidad armónica. Las multitudes se despolitizan, demuestran su rechazo hacia instituciones y gobernantes o expresan una ira sin precedentes frente a la frustración objetiva de esta versión formal de una institucionalidad vaciada de contenido y atravesada por múltiples formas de corrupción, ineficacia y una nula comprensión de la nueva realidad política. Tanto los sistemas presidencialistas como las democracias parlamentarias sufren un descrédito sin precedentes. Argentina es un epicentro de esas pulsiones furibundas, de esas pasiones tristes. Pero es sólo un ejemplo en una tendencia mundial al parecer irreversible. No hay más que constatar la pérdida de confianza de los españoles en sus instituciones y sus políticos. Tramas de corrupción socialistas o populares pasan a convertirse en entretenidos espacios cotidianos de youtube, que aconsejamos seguir, como si fueran series de plataformas alternativas. El ex presidente de Francia Nicolás Zarkozy fue condenado a pena de prisión por corrupción y tráfico de influencias, que comenzó a purgar en octubre pasado en la mítica prisión de La Santé. Los jueces no anduvieron con chiquitas. Esa cárcel es la que dio lugar al recordado libro de la médica Veronique Vasseur, titulado “Lo que yo he visto en la prisión de La Santé”, donde la autora relata los horrores de ese emblemático sitio de cautiverio. Por su parte, el catedrático Cesáreo Rodríguez-Aguilera analiza el caso italiano y define la corrupción "como una verdadera patología nacional que parece haberse convertido en un elemento sistémico" de la península itálica en su artículo “Corrupción en Italia. De Tengentópoli a la era Meloni” (1). Transparency Internacional destaca que los gobiernos y las corporaciones están defraudando a sus conciudadanos en América Latina y el Caribe mediante una corrupción sistémica que no para de crecer, y se permite incluso establecer una suerte de ránking de instituciones corruptas en la región (2). No hace falta que demos ejemplos de Estados Unidos en sus últimos años. Solamente nos remitimos a ellos, desde los jueces que amañan resultados electorales hasta las tentativas de golpes de estado, la utilización de fuerzas federales en diferentes estados o la deportación de inmigrantes y los indicadores de prisionización más altos del mundo que detentan. Recordemos aquella vieja frase, siempre vigente: para ver la catadura de una democracia hay que empezar a analizar cómo trata a sus presos.

Ahora bien, no nos apartemos de nuestro objeto de análisis. Un fenómeno capilarizado y global de estas características lleva al desprecio de las democracias y la aceptación paulatina de gobiernos dictatoriales, antidemocráticos, en su mayoría ultraderechistas, que van ganando el favor electoral de las sociedades en las urnas. Un panorama inquietante, profundamente preocupante y degradado en términos de convivencia armónica. Las libertades se traducen de maneras distópicas e individualistas, las sociedades como mercados donde se legitima la primacía brutal del más fuerte y el descrédito en los estados es el producto de una desconfianza categórica en la debilidad ética y la imposibilidad de brindar respuestas satisfactorias por parte de los gobernantes.

Ahora bien, convendría preguntarse si este verdadero tsunami de rechazo a lo estatuido es un fenómeno mundial o únicamente del occidente que conocimos hasta ahora. Si esa desazón se dirige a todos los dirigentes y su consabida incapacidad para responde, o si, por el contrario, hay fenómenos políticos lo suficientemente importantes como para ser comparados con los datos que describimos en nuestro margen. Es cierto que nuestra clase dirigente no ha bajado de naves extraterrestres. Son parte de nuestras sociedades. El tema es cómo llegan a ocupar esos cargos decisivos, sobre todo en momentos en que la globalización se retrae y los estados nacionales necesitan que sus representantes sean los mejores. Esta aseveración no hay más que confrontarla con las listas de las boletas electorales o con los gobernantes argentinos electos. Y para eso no hay nada mejor que compararlos con lo que acontece en otros países del mundo, algunos, desde luego, prescindentes de la historia de nuestros derroteros “democráticos”. Pero, en esos casos, igualmente la constatación comparativa vale la pena, porque la corrupción bien puede asumirse como una defección ética y moral pero también como una debilidad ideológica y política

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Para comprender estas diferencias quizás uno delos ejemplos más ilustrativos sea el de China. Es obvio que en un sistema de partido único, las faltas contra el estado conllevan responsabilidades ejemplificadoras. Pero lo que aquí ímporta es cómo se construye allí una carrera polítíca, a díferencía de lo que acontece, con singular ligereza y desparpajo,  en la Argentina.

Efectivamente, a diferencia de lo que ocurre en nuestros denominados «países democráticos», los chinos valoran más la experiencia que los votos de nuestros punteros. “Desde la dinastía Sui, hace más de 1400 años, los gobernantes fueron seleccionados y promovidos mediante exámen; cualquier ciudadano puede entrar a la política en China, en cualquier etapa de su vida y desde cualquier condición social, pero deberá tomar un camino difícil y competitivo. No importa si viene de una familia campesina o de un linaje de gobernantes, debe ir paso a paso; sólo de este modo podrá alcanzar la cima del poder, como lo ha hecho el Presidente Xi Jinping.

Para iniciar, debes obtener un título universitario, al menos para la mayor parte de los oficiales de gobierno. Debes aprobar el exámen de servicio civil nacional y ser admitido. En 2019, 92000 personas presentaron el exámen y sólo 14537 fueron admitidos a la carrera del servicio público.

El partido gobernante en China es el Partido Comunista, pero hay ocho partidos más; si tu meta es llegar a ser el líder supremo de China, sin duda necesitarás unirte al partido comunista, serás uno de los 90 millones de miembros, todos ellos serán tus competidores.

Una vez que el aspirante e ha  convertido en un oficial de base, su nivel administrativo es de «apoyo», mientras que el nivel administrativo del Presidente Xi es «Director de Nivel Nacional». Hay una brecha de 10 niveles entre él y el supremo líder, cada nivel requiere varios años y múltiples evaluaciones.

En China, el «Departamento de Organización» es el responsable de la administración de los servidores civiles en todos los niveles. Todos los funcionarios deben presentar evaluaciones sobre su servicio cada año.

Las evaluaciones son usualmente conducidas por colegas, subordinados y superiores por votación; el resultado de la evaluación está unido a tu futuro.

Si trabajas duro y eres suficientemente afortunado, te podrías convertir en el más alto oficial de un distrito o condado. En 1983, el Presidente Xi llegó a ser el más alto oficial del condado de Zhengding. Como servidor en carrera, debes obtener la experiencia para dirigir cientos, miles o incluso, millones de personas.

Ahora debes alcanzar la posición de «oficial en jefe» en una de las ramas principales del servicio, industria, agricultura, educación o comercio; entonces te conviertes en alcalde, esto te tomará algunos años más. En 1990, el Presidente Xi fue designado alcalde de la ciudad de Fuzhou, en la provincia de Fujian.Luego sobeviene la pelea por la gobernación. El aspirante nevsita repetirsu trabajo previo, con la diferencia de que sus responsabilidades son mayores ysu trabajo más demandante. El Presidente Xi Jinping se convirtió en gobernador de la provincia de Fujian en el año 2000, una nueva estrella de la política china.

Si se  logra ser gobernador de una provincia relativamente pequeñaluego debe ser gobernador de una provincia grande; o puede ir a zonas de frontera como Xinjiang o el Tibet. El Presidente Hu Jintao, antiguo líder supremo de China, fue una vez gobernador del Tibet.

El Buró Político es uno de los cuerpos centrales de liderazgo en el Partido Comunista Chino, debes lograr ser uno de los miembros, los cuales son elegidos en la sesión plenaria del Comité Central, esta es tu próxima meta.

Los diputados del Congreso Nacional Popular son parte del más alto poder estatal en China y son elegidos de acuerdo a la ley, entonces debes lograr una posición en ese cuerpo colegiado también.

Si puedes convertirte en un miembro del Comité Permanente del Buró Político del Comité Central, el cual usualmente está conformado por siete o nueve personas, entonces podrá decirse que has entrado al núcleo del poder estatal chino. En 2007, el Presidente Xi fue elegido para esta posición.

De manera similiar, diferentes comités permanentes son responsables de administrar diferentes áreas del país. A través de una fiera competencia, finalmente te has convertido en el líder máximo de China.

El Presidente Xi Jinpin tuvo éxito en 2012, recorrió el camino por 40 años. Este es el camino difícil para convertirte en el supremo líder de China, una «democracia de estilo Chino», la cual está basada en un estricto sistema de selección y elección de diputados del Congreso del Partido en todos los niveles. En China funciona; cada país debería elegir un sistema político ajustable a sus condiciones nacionales, no «bueno o malo», sólo un sistema que ponga a la sociedad en una senda de progreso para todos” (3).

Desde luego que no pretendo emular ni extrapolar las tradiciones chinas a nuestra región. Solamente quiero destacar el celo de la selección de las especies políticas, su enorme formación teórica, la revisión permanente de sus quehaceres, la solidez del conocimiento y de las  funciones, la seriedad patriótica de evitar el cachivacherío como práctica. En la Argentina, la práctica y la sabiduría son elementos desdeñables, casi superfluos. Lo mismo pasa con el bagaje teórico o el pensamiento de nuestros líderes. Como contrapartida, en China el “Pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con características chinas para una nueva era”, reseña en 14 puntos la ideología y las políticas desarrolladas por Xi Jinping, que luego se añadieron a los grandes pronunciamientos de los líderes anteriores del país como Mao o Deng Xiao Ping. La experiencia y el pensamiento, la selección y el sentido de responsabilidad. Eso es lo que preserva a un país, incluso a un país occidental, de las ordalías que debe atravesar. En conclusión: o se aborda la “calidad institucional” con parámetros similares o ya podemos ir imaginando la opacidad de nuestro horizonte histórico.