Álvaro Núñez Vaquero
Por Eduardo Luis Aguirre

Para comprender y dimensionar el alcance de las teorías críticas del derecho, hay pocas aproximaciones más precisas que las que ensaya Álvaro Núñez Vaquero. Este movimiento, la teoría crítica, asume una clara direccionalidad política (que parte de la premisa de que el derecho es política) y se cuestiona no tanto «¿qué es el derecho?» o «¿cuál es el contenido del derecho?», sino «¿qué podemos hacer en el mundo como juristas? ¿cómo podemos mejorar el mundo?» (*).
 
En líneas generales, la teoría crítica afirma que el derecho es una construcción cultural asimétrica, tendiente a reproducir un determinado orden de las sociedades y garantizar las jerarquías existentes al interior de las mismas. En el orden global, el derecho internacional responde, también, a una determinada relación de fuerzas políticas, militares, económicas, geoestratégicas y culturales. Por esos motivos, el derecho no puede ser comprendido con prescindencia de la realidad social y de las injusticias que caracterizan a estos agregados. Este punto de partida cancela la posibilidad de una concepción neutral del derecho como la que históricamente ha venido planteando el positivismo, una de las herramientas de colonización intelectual más formidables que se ha apropiado del aprendizaje y la enseñanza de esta disciplina.
De confirmarse las conjeturas de las tesis críticas, cosa que descontamos, se impondría una urgente y profunda reflexión epistemológica sobre la menera en que se enseña y aprende el derecho. Los productos culturales de ambas prácticas, hegemonizadas por el positivismo y el iusnaturalismo, no son, tampoco, inocuos socialmente. Por el contrario, los docentes, los programas de estudio,  la bibliografía mayoritaria, los alumnos y los egresados de las escuelas de leyes tienden a ser colonizados cultural e ideológicamente por lógicas y racionalidades conservadoras.



Sólo así puede explicarse que las profesiones jurídicas (abogados, escribanos, procuradores) puedan seguir siendo caracterizadas como profesiones "liberales", con escasa o nula conciencia o compromiso social.
Lo propio acontece con el cometido de los abogados del estado y, en particular, al interior de las burocracias judiciales.
En todo los casos, se multiplica el número de una suerte de ejército ocupacional de  refuerzo de un ordenamiento jurídico clasista e injusto.
Una mirada alternativa, perfectamente posible, debería poder distinguir las relaciones de dominación que el derecho consagra y reproduce.
La filosofía y la sociología del derecho, entre otros espacios curriculares,deberían prestar especial atención al rol del derecho como parte esencial de un sistema de dominación y no ocuparse casi exclusivamente del estudio formal de las normas y sus problemas derivados.
Esas relaciones de dominación, y el protagonismo del derecho en las mismas, no puede seguir siendo estudiada echando manos a pedagogías propias de las ciencias naturales. Nada de lo que concierne al derecho es potencialmente neutro, y por lo tanto es necesario recurrir a una nueva epistemología que ponga al descubierto todo lo que es invisibilizado o subalternizado bajo un prisma positivista pretendidamente objetivo.
Esa nueva epistemología es una epistemología emancipatoria, interdisciplinaria, multicultural, contrahegemómica, opuesta a las coordenadas jurídicas de un capitalismo conservador, colonial y patriarcal y reivindicatoria, entre otros factores, de las prácticas jurídicas  de los pueblos originarios en la búsqueda de un derecho liberador, capaz de garantizar la paz social, la igualdad, la libertad y la justicia social y de las organizaciones y movimientos sociales y las luchas de las minorías oprimidas en todo el mundo
.
"Dicho con otras palabras -sigue Núñez Vaquero- : para utilizar el derecho no basta con conocer el discurso de las fuentes sino que es necesario poseer una serie de conocimientos para operar con aquél. En este sentido, el discurso jurídico funcionaría de manera similar a los paradigmas científicos que imponen reglas internas sobre el significado que se le puede atribuir a los enunciados de la disciplina. Así pues, el derecho sería un discurso ideológico porque su conocimiento implica una serie de reglas desconocidas para los no iniciados"

 

(*)    Teorías críticas del derecho: observaciones sobre el modelo de ciencia jurídica, disponible en https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3313283.pdf