Por Lidia Ferrari
Cuando Gunther Anders plantea que lo que considera vergüenza prometeica no es un síntoma de la cosificación humana sino que es un escalón superior, dice que el ser humano, amedrentado por la superioridad y prepotencia de los productos que ha producido, “ha desertado y se ha pasado al campo de éstos”. Se ha transformado en un producto más y con ello se autodesprecia, autohumilla y se avergüenza. Como nota al pie sobre esta deserción dice: “La deserción del amenazado y su paso al campo (al menos al sistema de valores) de quien amenaza nos resulta hoy familiar por la política. Y que el amenazado adopte no sólo las escalas de juicio de quien amenaza, sino también sus sentimientos, y casi siempre pueda verse llevado a realizar esa deserción con la ilusión de la libre voluntad, es algo que ya hemos vivido bastante a menudo en las últimas dos décadas y media. De hecho, la extorsión más o menos suave de esa libre voluntad es el logro contrarrevolucionario de nuestro tiempo. Pero fuera del ámbito político no se ha descrito este proceso.”Guardo mis críticas y dudas sobre la concepción de la vergüenza prometeica de Anders pero esta frase sobre una cierta idea de la deserción en política es bien instructiva. Una deserción que no es huida, defección o abstención sino que se completa con un pasaje al campo del enemigo.
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