Por Radio Kermés
En su columna en Radio Kermés, Eduardo Luis Aguirre analizó la situación política en Brasil, el impacto de los conflictos internacionales y los cambios sociales que, a su entender, dejó la pandemia.
“Estoy en condiciones aproximadas de afirmar, en tiempos de guerra, que es muy probable que Lula pierda las elecciones en Brasil en octubre”, dijo. Aunque aclaró que faltan meses para los comicios y que se trata de un cálculo “muy provisorio”, sostuvo que hay elementos que vuelven verosímil ese escenario.
“Los indicadores de rechazo de Flavio Bolsonaro y de Lula coinciden en un 46, 47%”, señaló, y remarcó “los votos de rechazo es muy difícil que vos los puedas modificar. Y si arrancás para un sistema de balotaje con un 46, 47, 48% de rechazo, eso ya después es muy difícil de pelear”, afirmó.
A ese dato sumó indicadores económicos y sociales. Según expuso, “el 50% de las familias brasileñas está endeudada” y “el 25% de los brasileños tiene deudas financieras”, entre ellas préstamos, tarjetas de crédito y otras obligaciones. Para Aguirre, ese cuadro expresa un malestar más profundo. “Hay un estado de ánimo muy bajo. Hay un abatimiento en general del pueblo que ve su situación empeorar”, resumió.
Aguirre sostuvo que la frustración social en Brasil también debe leerse a partir de las promesas incumplidas de distintos gobiernos. Señaló que, aunque Lula impulsó avances importantes en materia de derechos civiles y políticos, no logró modificar de manera sustancial la vida cotidiana de los sectores más postergados. “Lleva ya muchos gobiernos, algunos del PT, otros de la ultraderecha, pero ninguno de ellos ha mejorado sustantivamente la calidad de vida del pueblo brasileño”, afirmó.
En ese punto recordó una de las consignas históricas del lulismo y cuestionó sus resultados concretos. “Cuando uno va a la idea del ‘Fome Zero’, que era su consigna inicial de hambre cero, eso no se cumplió”, dijo. Y agregó que, en cambio, “lo que sí se impuso es el sistema de bolsas de comida”.
“Imaginémoslo eso trasladado a la Argentina: un sistema de bolsas de comida sería retroceder a la época de la caja PAN de Alfonsín”, planteó.
Para Aguirre, esa referencia histórica ayuda a dimensionar la especificidad del caso brasileño. Señaló que se trata de “un país como Brasil que no tuvo peronismo” y que, por lo tanto, tiene “una psicología social bastante diferente a la nuestra en términos de derechos adquiridos”. A su entender, ese trasfondo ayuda a explicar por qué los niveles de frustración social pueden incubarse de otra manera y acelerarse en poco tiempo.
Aguirre enmarcó esos procesos en una lectura más general del presente. “Esta época es una época de aceleracionismo pleno. Otros dicen de caos, pero de aceleracionismo seguro”, sostuvo. Con esa idea buscó explicar no sólo la velocidad de los cambios políticos y sociales, sino también la inestabilidad de los climas de opinión y la dificultad para consolidar certezas duraderas.
Según planteó, hoy se atraviesa un período atravesado por una volatilidad extrema. “Estamos atravesando un período muy crucial donde hay una volatilidad absoluta”, dijo. En ese marco, rechazó una lectura simplificada del comportamiento electoral y remarcó que la crisis no pasa sólo por un giro ideológico de los votantes. “No es que haya habido un corrimiento hacia la derecha o hacia la izquierda de los votantes, sino que lo que hay es una gran decepción con la democracia”, afirmó.
La pandemia y el cambio del clima social
Aguirre recuperó la experiencia de la pandemia y recordó un trabajo que escribió junto a Liliana Ottaviano. Contó que, cuando comenzó el aislamiento en 2020, ambos se propusieron reflexionar por escrito sobre ese proceso. “Nosotros pensamos que la pandemia era algo incierto, que atravesábamos de una manera lenta”, explicó. Sin embargo, dijo que la propia experiencia terminó desmintiendo esa percepción. “En realidad, la pandemia me termina demostrando una forma de aceleración absolutamente diferente y desconocida”, afirmó. Como ejemplo, mencionó el primer capítulo de ese libro, centrado en la experiencia local de Santa Rosa, donde —según recordó— los primeros casos detectados en personas que habían regresado del exterior fueron recibidos con fuertes expresiones de rechazo en redes y posteos periodísticos.
“Las primeras personas que se contagian en un viaje al exterior y que se detectan que son pampeanas son repudiadas en los posteos de los diarios”, señaló. A su entender, esa reacción mostraba que, en la etapa inicial, existía un amplio consenso en torno de las medidas de cuidado. “Lejos de haber en ese momento un rechazo a las medidas de protección ordenadas por el gobierno, había un amplísimo apoyo a ese tipo de dispositivos”, dijo. Luego, observó, esa tendencia giró en sentido contrario: “Después ese dedo se varía 180 grados y aparece el negacionismo, el repudio a las medidas”.
Hungría, Europa y la decepción democrática
Aguirre extendió ese análisis a otros escenarios políticos y mencionó particularmente el caso de Hungría. Allí sostuvo que suele instalarse la expectativa de una derrota de Viktor Orbán, pero que finalmente ese desenlace no se concreta. “Siempre se dice que Orbán pierde y siempre gana”, resumió.
A su criterio, lo que ocurra en ese país también debe vincularse con las variables económicas y con las tensiones geopolíticas en Europa. Recordó que Hungría, a pesar de integrar la Unión Europea, “siempre ha sido un aliado de Rusia” y que esa posición la llevó a no facilitar ni la ayuda a Ucrania ni una mayor intervención europea en otros conflictos. En ese marco, volvió sobre una idea central de su columna: el trasfondo de estos procesos es una erosión de la confianza social en las democracias realmente existentes.
Una guerra “articulada” y el avance del frente virtual
En la segunda parte de su intervención, Aguirre se concentró en los conflictos bélicos actuales y señaló que el escenario global presenta un nivel de articulación inusual. “Yo no recuerdo una guerra articulada desde la Segunda Guerra Mundial hasta ahora”, afirmó.
Para explicar esa diferencia, recordó que después de la Segunda Guerra Mundial adquirió una fuerte centralidad la cuestión de los desechos nucleares y las consecuencias de las pruebas atómicas realizadas en distintas islas del Pacífico por los países que desarrollaron armamento nuclear. Según señaló, si en aquel momento el foco global se desplazó hacia el impacto de la cuestión nuclear, hoy la centralidad pasa por otro plano: el de los dispositivos y las infraestructuras tecnológicas.
En esa línea, destacó que la OTAN ya no piensa la guerra sólo en términos de tierra, agua y aire. “La OTAN ha señalado que hay ya no tres territorios de guerra, sino cuatro. Tenemos el aire, la tierra y el agua. La OTAN ha agregado un cuarto que es el espacio virtual”, explicó. Luego aclaró que, aun cuando muchas veces se hable de “redes”, se trata de una infraestructura que opera en buena medida por debajo del agua y que forma parte central del nuevo escenario de disputa.
Aguirre también se refirió a la capacidad de resistencia mostrada por Irán frente a los ataques y se preguntó por las razones de esa respuesta. “¿Por qué esta vez Irán pudo resistir tanto y mucho más que en otras oportunidades en las que fue atacado?”, planteó. Antes de avanzar, hizo una advertencia sobre el modo en que hoy circula la información. Señaló que el presente está atravesado por “fakes, por tendencias, por un montón de noticias que uno tiene que mirar con mucho cuidado de dónde provienen”, y agregó que incluso así no siempre hay certeza sobre la veracidad de lo que se consume. “Aún así, no está seguro que lo que está leyendo sea cierto. O si es inteligencia artificial”, dijo.
Aun con esa prevención, expuso una hipótesis sobre la resistencia iraní y la vinculó con una articulación internacional más amplia. Sostuvo que los drones utilizados actualmente por Irán “son drones de altísima efectividad” que en su momento ese país vendió a Rusia en el marco de la guerra en Ucrania. “Los rusos los perfeccionaron, se los devolvieron a los iraníes”, afirmó. Según agregó, junto con ese retorno también habrían llegado coordenadas y datos vinculados con sitios estratégicos e infraestructura crítica.
Para Aguirre, ese tipo de circulación muestra que “algo está circulando en el mundo” en términos de aceleración de las comunicaciones, de recursos técnicos y de capacidades de resistencia. “Lo que antes no se podía soportar ahora se soporte”, resumió.
Sobre el papel de Estados Unidos en ese conflicto, Aguirre rechazó las lecturas que hablan de una derrota norteamericana. “Muchos dicen: ‘Está perdiendo la guerra Estados Unidos’. No, de ninguna manera”, afirmó. Sin embargo, describió como errático el cuadro político y comunicacional que rodea a la Casa Blanca.
Tomó como ejemplo las posiciones cambiantes de Donald Trump sobre la posibilidad de negociar con Irán. Según dijo, mientras algunos funcionarios sostienen que no hay tratativas ni puede haberlas, Trump deja abierta esa puerta y modifica su discurso de manera constante. “Las declaraciones de Trump las tenés que medir hora a hora. No sé si no minuto a minuto”, señaló. En ese contexto, agregó: “Uno no sabe bien a qué atenerse”.
Hacia el final de la columna, Aguirre incorporó otro elemento de análisis: el estado de ánimo de las sociedades en contextos de crisis. “El estado de ánimo del pueblo israelí es el octavo en alegría en el mundo y el norteamericano es el número 80 en el mundo”, afirmó.
A partir de ese contraste, se preguntó por qué una sociedad que vive bajo bombardeos y en un escenario de guerra puede exhibir un nivel tan alto en ese tipo de mediciones. Incluso puso en duda, ante los oyentes, la certeza del dato: “Lo primero que vuelvo a preguntar es: ¿será cierta la noticia?”. Pero, aun tomando esa precaución, desarrolló una hipótesis. Dijo que ese estado de ánimo aparecería con más fuerza entre los sectores jóvenes y lo vinculó con formas intensas de pertenencia colectiva. “Parece ser que han encontrado ese estado de ánimo afiliándose a las tradiciones, a la religión, a la familia, al comunitarismo y a la vida en conjunto”, sostuvo.
Según agregó, esa lógica podría extenderse también a otros pueblos sometidos a una amenaza externa, aunque aclaró que no encontró mediciones equivalentes sobre Irán.
Ver entrevista completa acá: click