Por Lidia Ferrari
En la introducción al Gargantúa, Rabelais se dirige a los lectores:
“De risa y no de lágrimas quiero escribir, ya que reír siempre es lo más humano”.
Esta declaración del universal Rabelais me recordó un post que leí hace poco acerca de tres celebradas autoras argentinas donde se describía el clima que cada una de ellas, en sus diferencias, mostraba. Confieso que leí solo a una y lo que digo no tiene nada que ver con ellas y su escritura sino con algo que me interesa, el clima de época, de difícil definición.
Cuando nacemos y avanzadas nuestras vidas bebemos y tragamos lo que nos dan de beber y comer. No tenemos alternativas. Con respecto a las narraciones de la época o, si se quiere, los discursos hegemónicos que nos circundan como adultos, se supone que somos más autónomos. ¿O también las narraciones las tragamos como niños que no tienen elección? Bueno, un psicoanalista me diría, atención que los niños no tragan cualquier cosa, algunos eligen vomitar o no comer. Sí, es cierto. Dejémoslo por ahora. Pertenecemos a la lengua que hablamos y sus narraciones nos determinan más de lo que quisiéramos. Ellas se imponen por los mecanismos que sean: poder mediático, incidencia cultural, en fin, imponderables que, sin embargo, cada vez parecen ser más ponderables. La maquinaria social cibernética en la cual estamos metidos da ventajas a quienes tienen los resortes sobre lo que esa maquinaria quiere producir. ¿Estamos más sometidos a las narraciones que en otras épocas? Quizás no, solo que los medios de que disponen quienes pueden incidir son más poderosos y eficaces. Varias inquietudes me provoca este asunto. ¿Las narraciones reflejan un mundo distópico o lo crean? Sí, es más complejo de eso. Pero podemos decir que lo reflejan tanto como lo crean. La decisión de un escritor, aquello sobre lo que quiere escribir ¿está compenetrado con el clima de época, con la presión editorial, con lo que supuestamente los lectores querrían? Los lectores ¿leen lo que les dan a beber las imposiciones literarias de la época? ¿tienen autonomía respecto de lo que quieren leer o leen lo que está disponible a la lectura? Una imposición sin obligación pues se trata simplemente de un mercado de deseos. Como no puede ser de otro modo, las narraciones de época contribuyen a un clima de época. Al mundo le falta un tornillo se decía cuando todavía no avizorábamos este tiempo distópico. "The time is out of joint” lo decía Hamlet en tiempos isabelinos. Lo humano está desquiciado desde hace mucho tiempo. ¿Vivimos un tiempo apocalíptico que fomenta determinado tipo de narraciones? Pero la idea de lo apocalíptico es bíblico, o sea, muy antiguo.
En la descripción que se hacía en el post del cual no retuve las referencias se decía: “Sus personajes suelen vivir situaciones de encierro emocional, angustia, extrañamiento o amenaza. En sus obras casi nunca hay estabilidad ni armonía. También comparten una ruptura con el realismo clásico: incluso cuando parten de escenas cotidianas, siempre aparece algo inquietante que desacomoda la realidad. Las tres generan tensión psicológica y trabajan mucho lo no dicho, lo ambiguo y lo perturbador”. Retorno a mi inquietud, el tipo de escritura de terror, de horror, de lo distópico de moda ¿refleja o crea un clima de época?
Rabelais decidió escribir sobre el hacer reír. Su estilo rompió con moldes preexistentes y transformó la literatura francesa y universal. Su forma de hacer reír fue revulsiva, satírica, crítica de su época, subversiva para el orden establecido. ¿Rabelais reflejó un clima de época o inventó algo nuevo? No se puede pedir a los escritores que sean Rabelais, Dante o Cervantes. Comparto simplemente una inquietud, una pregunta que quizás no tenga respuesta: hasta qué punto algo disruptivo puede advenir a partir de una intervención en la lengua y cuál es su relación sobre un determinado clima de época, si es que fuera posible concebir que haya UN clima de época, y no varios agitándose y rivalizando entre ellos. Llegada hasta aquí creo que estas inquietudes son una excusa para ensayar una reflexión general cuando en verdad tendría una respuesta personal a ellas. Por mi edad o por mi estructura he quedado fuera de ciertas coordenadas literarias y cinematográficas. ¿Fuera de cierto clima de época? Las películas de terror y la literatura de horror focalizada en provocar emociones perturbadoras -siempre que no sean de modo satírico o paródico- no me cautivan. Si hubiera empezado por aquí hubiera ahorrado muchas palabras.
El clima de época
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