Por Eduardo Luis Aguirre

La historia, las crónicas, los relatos y las evocaciones siempre han iluminado a sujetos, hechos y circunstancias en detrimento de otros tanto o más relevantes que los elegidos. En todos los tiempos, un cono de sombras difícil de explicar ha arrumbado en el olvido hechos y sucesos cuya importancia, en muchos casos, ayuda a explicar los cambios que se precipitan en el mundo. Cuando esas mutaciones son cada vez más aceleradas y caóticos, perder de vista aquellos hechos puede convertirse en un obstáculo problemático para comprender lo que ocurre en el presente, sobre todo en una contemporaneidad tan volátil como la que atravesamos.

La tecnología, el fantasma de Martin Heidegger, incluyendo desde luego a la IA, para algunos el descubrimiento más importante de la historia humana, pueden darnos la pauta de esas asimetrías. La inteligencia artificial comenzó mucho antes de que se apropiara de nuestra cotidianeidad, hace aproximadamente siete décadas. El aceleracionismo tecnológico que simbolizan en su máxima expresión China y las grandes corporaciones en manos de tecno magnates de Estados Unidos tienen a su vez dos peculiaridades. Son el punto de encuentro de las disputas entre ambas potencias y ambas nos revelan, en el mejor de los casos, lo que la técnica ha producido en lo que va del siglo XXI. Conocemos así a personajes como Musk, Thiel, Karg, Vance, Yarvin, Larry Page y Sergei Brin. Por su parte, Alibaba, Bytedance, Stepfun, DeepSeek y Zhipu son el nuevo núcleo de poder de la IA china. Cada una ha encontrado su propio espacio de desarrollo: desde el dominio del código abierto hasta la investigación pura. Los chinos han logrado una hegemonía tecnológica que, hace dos décadas hubiera parecido increíble.

Pero antes que estas dos potencias alcanzaran sus cenit en materia de desarrollo de vida y muerte, hubo un experimento no menos relevante que sentó las bases del nuevo capitalismo y de las formas estremecedoras del futuro inmediato del trabajo.

Fue la tecnología de la India, el país más poblado del mundo y uno de los más desiguales del planeta, el que amasó lo que algunos denominaron “Proyecto Bangalore”, quizás porque su base de lanzamiento se ubicaba en esta ciudad que, entre los años 80 y 90 albergaba a algo así como 9 millones de habitantes. La india es ahora la cuarta potencia del mundo y amenaza convertirse en la tercera en pocos años, pero Bangalore afronta actualmente una crisis que la hunde cada vez más en la pobreza.

No obstante, según la OMPI (Organización Internacional de Propiedad Intelectual, el recorrido y la evolución tecnológica de India es muy difícil de emular:

“Desde 2011, la India ha sido cada año el país más innovador de la región de Asia Central y Meridional.

Durante ocho años consecutivos, la India ha sobresalido en materia de innovación en relación con su producto interno bruto (PIB) per cápita, récord que solo han alcanzado otros tres países.

La posición de la India pasó de la 81 en 2015 a la 57 en 2018.

En cuanto a la calidad de su innovación –a saber, la calidad de las publicaciones científicas, de las universidades y de las familias de patentes–, la India ocupa el segundo lugar entre las economías de ingresos medianos de todo el mundo.

La India es año tras año uno de los primeros países del mundo en determinados parámetros relativos a la innovación, tales como las exportaciones de servicios relacionados con las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), los graduados en ciencias e ingeniería, la calidad de las universidades y de las publicaciones científicas, las inversiones en el conjunto de la economía y las exportaciones de bienes creativos.

La India también figura en la clasificación del Índice como uno de los principales polos de ciencia y tecnología del mundo, ya que Bangalore, Bombay y Nueva Delhi se encuentran entre los 100 primeros a escala internacional (Desde 2011, la India ha sido cada año el país más innovador de la región de Asia Central y Meridional.

Durante ocho años consecutivos, la India ha sobresalido en materia de innovación en relación con su producto interno bruto (PIB) per cápita, récord que solo han alcanzado otros tres países.

La posición de la India pasó de la 81 en 2015 a la 57 en 2018.

En cuanto a la calidad de su innovación –a saber, la calidad de las publicaciones científicas, de las universidades y de las familias de patentes–, la India ocupa el segundo lugar entre las economías de ingresos medianos de todo el mundo.

La India es año tras año uno de los primeros países del mundo en determinados parámetros relativos a la innovación, tales como las exportaciones de servicios relacionados con las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), los graduados en ciencias e ingeniería, la calidad de las universidades y de las publicaciones científicas, las inversiones en el conjunto de la economía y las exportaciones de bienes creativos.

La India también figura en la clasificación del Índice como uno de los principales polos de ciencia y tecnología del mundo, ya que Bangalore, Bombay y Nueva Delhi se encuentran entre los 100 primeros a escala internacional. (Desde 2011, la India ha sido cada año el país más innovador de la región de Asia Central y Meridional.

Durante ocho años consecutivos, la India ha sobresalido en materia de innovación en relación con su producto interno bruto (PIB) per cápita, récord que solo han alcanzado otros tres países.

La posición de la India pasó de la 81 en 2015 a la 57 en 2018.

En cuanto a la calidad de su innovación –a saber, la calidad de las publicaciones científicas, de las universidades y de las familias de patentes–, la India ocupa el segundo lugar entre las economías de ingresos medianos de todo el mundo.

La India es año tras año uno de los primeros países del mundo en determinados parámetros relativos a la innovación, tales como las exportaciones de servicios relacionados con las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), los graduados en ciencias e ingeniería, la calidad de las universidades y de las publicaciones científicas, las inversiones en el conjunto de la economía y las exportaciones de bienes creativos.

La India también figura en la clasificación del Índice como uno de los principales polos de ciencia y tecnología del mundo, ya que Bangalore, Bombay y Nueva Delhi se encuentran entre los 100 primeros a escala internacional” (1)

Eso explica que haya sido la última sede anual elegida para discutir los controles a los múltiples riesgos que depara la IA y que en ese cónclave se prefigurara un organismo de la ONU con funciones similares a las de la OIEA. Conocemos los endebles resultados de esta Organización.

Con una diversidad ilimitada, fronteras calientes y cientos de millones de excluidos, el desarrollo tecnológico indio puede llegar a convertirse en poco tiempo en un polo hegemónico en estos temas. Una empresa local especializada en inteligencia artificial (IA) anunció planes para crear la «Ciudad de IA para la Humanidad» en Bangalore. Humanidad es un valor más escaso que la técnica en el país de Narenda Modi, un primer ministro con un liderazgo indiscutible que concita una serie de críticas por su pragmatismo sin fisuras y las violaciones para con las grandes minorías de su país, que incluyen a musulmanes, cristianos y sikhs.

“El proyecto, que se centra en el entrenamiento de modelos, ajuste fino e inferencia, atraerá a más de 10.000 investigadores para finales de este año, según informó IANS, socio de TV BRICS.

La iniciativa incluirá un programa de investigación y una infraestructura completa, enfocada en el desarrollo de sistemas clave de IA Agéntica e IA Física. 

El campus de investigación e innovación agrupará a las principales instituciones científicas de India, promoviendo una mayor colaboración en el ámbito de la IA.

En su primera fase, el proyecto se centrará en el desarrollo y la evaluación de principios universales para sistemas inteligentes bajo condiciones controladas. El campus contará con conexiones de alta capacidad, lo que permitirá la realización de experimentos a gran escala sin complicaciones relacionadas con el manejo de datos.

Asimismo, la empresa destaca la importancia de validar los sistemas de IA en entornos reales para mitigar riesgos, asegurando la creación de tecnologías seguras, verificables y alineadas con los valores humanos. 

El proyecto fue presentado durante el Foro de Impacto de IA de India, que reunió a líderes globales y autoridades gubernamentales del sector de la IA (2).

Bangalore como proyecto/ciudad símbolo del capitalismo tecnológico en India, es aludido por Zlavoj Zizek en varias charlas y textos como ejemplo de su análisis del capitalismo global y la ideología postmoderna. No es, para él -y no le falta razón- un “proyecto” formal con nombre propio que él haya comentado, sino Bangalore como caso.

 

El “gigante de Liubliana” se ocupó de la emergencia de este polo tecnológico en los años noventa, cosa que no muchos pensadores occidentales hicieron. Para Zizek, Bangalore representó la cara “cool” del capitalismo global: call centers, IT, startups, clase media globalizada, ingenieros eficientes por doquier y una gran inversión estatal en educación. Pero detrás de esos hallazgos se mantiene inalterada la exclusión masiva, ilimitada, menesterosa e ignorada. El psicoanalista esloveno se detuvo en esa megalópolis para ratificar su conocida crítica respecto de que la globalización “beneficia a todos”. Un error teórico fatal en el que han incurrido muchos de los pensadores de occidente y un enunciado capaz de legitimar la barbarie más cruenta del nuevo capitalismo que sobrevendría y al cual asistimos.

Zizek afirmaba, como mucho intuíamos, que ya en aquella época, el sistema capitalista neoliberal sistema necesitaba de esos enclaves de alta tecnología para funcionar, manteniendo junto a este aceleracionismo del desarrollo el caos masivo de personas que viven en condiciones de máxima privación, a lo que denominó “apartheid local”. En su mirada, aquel desarrollo tecnológico, como el actual, iba a estar dominado por un puñado de mega millonarios que habrían de someter a enormes masas de sujetos a la más extrema pobreza.

En textos sobre multiculturalismo y capitalismo, Žižek usa ciudades como Bangalore, Shenzhen, Silicon Valley como ejemplos de cómo el capitalismo integra la diferencia cultural para venderla. Bangalore fue promocionada como la “India moderna, diversa, emprendedora”, pero eso oculta que la lógica de fondo sigue siendo explotación y extracción de valor. Para él eso es ideología en estado puro: “cínica distancia” + seguir participando.

En su debate con Castro-Gómez y en Revoluciones sin sujeto, Žižek critica que la izquierda actual se quede en luchas locales, identitarias, culturales. Bangalore aparece como ejemplo de cómo el capitalismo absorbe esas luchas: ONG, “emprendedurismo” social, tech for good.

En la perspectiva del filósofo, nada de eso cambiaría para mejor la estructura social del país. Para Žižek hacía falta un proyecto universal anticapitalista, no más proyectos locales funcionales al sistema.

En “El sublime objeto de la ideología”, sostuvo que “vivimos en un mundo que dice “ya no hay ideología”, pero sigue actuando como si la hubiera. Bangalore como marca-ciudad es un ejemplo: se vende como meritocrática, global, apolítica. Pero esa apoliticidad es la forma más efectiva de ideología hoy”.

Razones no le faltan. Si el boom indio radica en los negocios y la expansión tecnológica, el Índice de Desarrollo Humano que elabora las Naciones Unidas para medir el progreso de un país y que en definitiva nos muestra el nivel de vida de sus habitantes, indica que los indios tienen una mala calidad de vida.

El PIB per cápita suele ser un indicador convencional del nivel de vida de un país, y en el caso de India, en 2024, fue de 2.395 € euros, casi al final de la tabla por lo que se encuentra con esta cifra está en la parte final de la tabla, en el puesto 146 sobre 196 en el concierto de las naciones.

La India, una de las potencias precursoras en tecnología, es también uno de los países más inequitativos del mundo, con tasas de pobreza llamativas. Tal vez, cuando comenzó su cruzada por la técnica, selló a la vez un modelo tecno feudal de organización social que, más allá de las diferencias sociales y políticas, se parece demasiado a la idea del mundo que conciben los depredadores que en occidente sueñan con un mundo regido por CEOs, reniegan de la democracia y apuestan por un planeta naturalmente injusto desde lo social. Son los referentes de las nuevas derechas que se abalanzan sobre las democracias para, literalmente, destruirlas.