Por Lidia Ferrari
Se extiende por el planeta la búsqueda de refugio para escapar de patrullas que persiguen palεstinos, inmigrantes, pobres y a quienes intentan protegerlos. El estatus de refugiado reconocido legalmente es ambicionado por quienes están en peligro, pero, quizás, también sea un estatus que ambicionamos la mayoría de la población. Nuestro mundo, sobre todo con el liderazgo de Isπaεl y USA están construyendo sitios hostiles para vivir (salvo para un puñado de ellos). Las ciudades de Estados Unidos donde arrecia la caza de personas por parte de las patrullas del ICE son aquellas que tienen políticas amistosas con los inmigrantes y que despliegan acciones comunitarias de protección entre vecinos.
Greg Bovino, descendiente de inmigrantes calabreses, y el peor enemigo de los inmigrantes como comandante de los ICE se autodenomina “sanctuary buster”, destructor de santuarios. Lo tiene claro. Estas ciudades son santuarios, esto es, refugios para las personas. Ellos quieren destruir la red de protección entre vecinos, entre comunidades. Chicago y Minneapolis no colaboran con las patrullas de fronteras a la caza de inmigrantes, como cuando iban a la caza de esclavos.
La palabra refugio proviene del latín refugium, que significa "lugar al que uno se retira huyendo" como el verbo refugiarse que proviene del verbo latin fugere, huir. Huir para salvarse y buscar un lugar de amparo. Hay lugares en el mundo que se están volviendo muy peligrosos y la búsqueda de refugio se hace difícil. Los dos asesinados emblemáticos de estos días Renée Good y Alex Pretti, fueron ejecutados precisamente por ayudar a sus vecinos, por intentar protegerlos de los abusos de las patrullas de ICE. Tanto Renée como Alex no eran, supuestamente, el objetivo porque no eran ni inmigrantes ni ilegales. Pero eran lugar de refugio de los perseguidos. Quizás lo que quieren asesinar es el estatus de refugio, de colaboración, de protección entre humanos. He escuchado a algunos protagonistas de estas ciudades cómo se organizan para el cuidado mutuo. Todos poseen silbatos para avisar cuando aparecen las patrullas. Hacen colectas para las personas que no salen de su casa por temor a ser ‘cazados’. Se trata de una red de protección para los perseguidos. Que la caza haya alcanzado a los que dan protección y no a los que la necesitan indica que quieren eliminar todo refugio, todo amparo. Pero también nos indica que hay un recodo, un ángulo, un lugar en el que podemos sentirnos protegidos: la vecindad, la comunidad, el socorro mutuo. Estos militantes del refugio tienen claro que se trata del “divide et impera” como motor de las políticas de persecución. Quienes desatan una violencia desmedida pretenden amedrentar y destruir las tramas sociales de ayuda solidaria que son nuestro refugio: los otros amigables, quienes nos ayudan, quienes corren riesgos por los más débiles. Estas ciudades santuario han comprendido que el refugio se construye entre todos.