Por Lidia Ferrari (*)

Ghilarza está triste porque te ha olvidado, Antonio. Y no lo sabe. Casi le pregunto a unos ruidosos jóvenes de tu ciudad si te recordaban. No lo hice. No quise escuchar la respuesta de que no podían recordar lo que nunca habían conocido. Como esa señora en Cabras que, en dialecto, sí, sé que para vos el sardo es una lengua, pero para ella era su dialecto, ante mi pregunta si te conocía quiso mostrar su erudición provinciana diciendo: ¿Antonio, el escritor? ¿Vive?

Me duele tu orgullosa tierra, que pinta grafitis “Italianos, go home” pero ignora que está triste porque te ha olvidado. Y me inundó la tristeza. Porque mi peregrinaje hacia Ghilarza era acercarme a ese que me acompaña últimamente con sus Cartas desde la cárcel. Desde que había llegado a Sardegna, una espera ansiosa escoltaba mis baños en su maravilloso mar. No veía la hora de visitar Ghilarza, donde viviste de los 7 a los 22 años, tu lugar entrañable de familia. Sabía que la Casa Museo Antonio Gramsci estaba cerrada por refacciones. Algo común, me dicen los italianos, de tantos museos. Ya eso anticipaba algo de lo que no sabía iba a encontrar. 

Me preparaba amorosamente para el encuentro. Pero Ghilarza no estuvo a la altura de la promesa. Si, ya sé, Antonio, que vos sos de los que se fueron. Como aquellos parientes lejanos que conocí en el borgo de donde partieron mis abuelos. La Argentina, para los que se quedaron, era la promesa de aventuras y mutación deseada de vida. Comprendí que muchos que se quedaron vivían con esa promesa incumplida como un fracaso. Sé Antonio que vos sos de los que se fueron, con mucho sacrificio. En Ghilarza estarían los que se quedaron. Pero todo ha cambiado, Antonio. Tu lucha no parece haber prendido en los que debe prender, los jóvenes. Quizás en el futuro… Quizás algunos, cuando lean tus Cartas desde la cárcel, se enciendan. Pero tus cartas pueden enseñarnos que no hay los que se quedaron y los que se fueron. Que siempre nos estamos yendo de un lugar del que no podemos irnos. 

¡Quién fuera poeta para decir mis emociones al leer tus cartas! Es como si ellas me hablaran a mí, mientras piso tierra sarda. Me acompañan en este viaje. ¿Un viaje al encuentro de esa desilusión necesaria, la del pesimismo de la inteligencia? Son difíciles tiempos, Antonio, para el optimismo de la voluntad. Si, ya sé. Tiempos difíciles eran los tuyos. Sin embargo, la voluntad de la lucha parecía florecer mejor que en estos tiempos. Aunque es cierto que para el campo nacional y popular siempre ha sido difícil.

Recordé cuando le escribís a tu hermano Carlo. (1)“¿Por qué te escribo todo esto? Para convencerte de que cuando me encontré en pésimas condiciones, no me desesperé. Toda esta vida ha fortalecido mi carácter. Estoy convencido de que aun cuando todo esté o parezca perdido, hay que volver al trabajo con serenidad, comenzando de nuevo desde el principio.”

No se puede salir indemne después de leer tus cartas. Tu cárcel es un martirio para los que te leen, la sospecha de que no saldremos jamás de la cárcel con palabras como vos lo hiciste. Tus cartas muestran tu sufrimiento, pero también tu libertad de pensamiento imposible de encarcelar.

Quizás los jóvenes de Ghilarza, como tantos jóvenes de este mundo, estén presos de entretenimientos y no sepan que son prisioneros de su época y creen ser felices. 

Quizás este ateo peregrinaje a Ghilarza, a tu tierra sarda, sea similar al de los peregrinos a la Meca o a Jerusalén. Nunca había sentido que podría tener un vínculo sacro con un lugar. ¿Sucederá a los creyentes que Jerusalén o la Meca los defraude? ¿Será que mi fe no es suficiente? Ghilarza era acercarme a tus amores eternos de infancia. Quizás, locamente, pensé que iba a encontrarlos. Quizás, como a tu hijo menor cuando insisten en preguntarle por vos y él les responde que no te conoció, y agrega que, sin embargo, aún te sigue esperando. Quizás como tu hijo, mucho más viejo que vos a la hora de tu muerte, pensé que iba a encontrarte en Ghilarza. Quizás estamos siempre peregrinando hacia un lugar en el que se realicen nuestros sueños. Creo que buscaba tu legado en Ghilarza. Pero mi peregrinaje ha sido, sobre todo, una inmersión en tus cartas, en tus cuadernos, en tu biografía. En esa conjunción entre sufrimiento y lucha, tesón y coraje, amor y pensamiento. En tus cartas se alcanza la estatura de tus ideas encarnadas en emociones y afectos concretos. Las abstracciones sin esa encarnadura no van a ningún lado. Tus cartas son la prueba, Antonio, de tu ser revolucionario.  

Cuando nos íbamos de Ghilarza, un mercatino muy modesto, con tres o cuatro puestos, nos detiene. ¡Miel! Lo que estaba buscando. Una joven vende miel de los más variados y sofisticados gustos del entorno de Ghilarza. Compro algunos. Al probar esa miel se dispara en mí la necesidad de adquirir más de ellas. La joven vendedora me había dado una tarjeta. El entusiasmo reaparecía en esta nueva dulce promesa de llevar conmigo algo de Ghilarza. Pero no, era un emprendimiento muy modesto como la vida en Ghilarza. Una humildad que no es la de Gramsci. Ese no es el legado de Gramsci, sino de sus perseguidores. Es esta ausencia de tu legado lo que me duele, Antonio. Te fui a encontrar en otros y no estabas. Debo seguir encontrándote en tus escritos, porque allí tus palabras curan cuando encienden emociones y pensamientos para la vida. Seguiré recomendando que lean tus cartas desde la cárcel. Allí estás siempre presente, sí, dolorosamente, pero libre. Creo, además, y aquí retorna mi fe, o hago un esfuerzo para que retorne, que quizás se trata de un olvido de lo que ha sido reprimido y que tarde o temprano retornará. 

P.D. Escrito antes de los resultados en las PASO, Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, en agosto 2023 en Argentina.


1. «Perché ti ho scritto tutto ciò? Perché ti convinca che mi sono trovato in condizioni terribili, senza perciò disperarmi, altre volte. Tutta questa vita mi ha rinsaldato il carattere. Mi sono convinto che anche quando tutto è o pare perduto, bisogna rimettersi tranquillamente all’opera, ricominciando dall’inizio.» Gramsci, A. Lettere dal carcere. Milano, Ledizione, 2014. Trad. L.F.


Lidia Ferrari: Psicoanalista argentina radicada en Italia. Autora entre otros: La diversión en la crueldad. Psicoanálisis de una pasión argentina; Decir de mujeres. Escritos entre psicoanálisis, política y feminismo, Tango. Arte y misterio de un baile. Tango. Les secrets d’une danse.

(*) Es crita en El Margen, revista de Psicoanálisis. Autorizada su reproducción por la autora.