En columna en Radio Kermés, Eduardo Aguirre repasó la posición que asumió el gobierno de Javier Milei frente al conflicto en Medio Oriente y se detuvo en los riesgos políticos, económicos y diplomáticos para la Argentina.

En su columna sobre política internacional en Radio Kermes, Eduardo Luis Aguirre cuestionó la política internacional del gobierno de Javier Milei, advirtió sobre los riesgos de la alineación automática con Donald Trump e Israel, y planteó que las declaraciones del Presidente sobre la guerra en Medio Oriente colocan a la Argentina en una situación “incómoda” y “intranquilizadora”. Además analizó el reacomodamiento de Europa frente al conflicto, la estrategia de Irán y las posibles consecuencias económicas y geopolíticas para el país.

Aguirre puso el foco en una de las frases recientes de Milei, cuando afirmó “vamos a ganar la guerra”, y también en su reivindicación como “el presidente más sionista del mundo”: “más allá del disparate, de la imprudencia y de lo riesgoso de esas declaraciones, lo cierto es que son manifestaciones que ponen en riesgo al país en su conjunto, al país que le toca gobernar”, sostuvo.

En ese marco, vinculó esos posicionamientos con una posible búsqueda de mayor protagonismo militar por parte de la Argentina. Según planteó, en algunos medios apareció la posibilidad de una continuidad del proyecto Cóndor II, reconvertido en un arma de alcance mediano, lo que podría ubicar al país en “un lugar de mucha mayor referencia en términos armamentísticos”. Aunque aclaró que se trata de una conjetura, consideró que ese escenario podría ayudar a explicar el tono adoptado por el Presidente.

A la vez, observó que el gobierno argentino decidió integrarse a un esquema internacional impulsado por Trump, que describió como una especie de consejo de seguridad de países alineados. Sin embargo, remarcó que allí comenzaron a aparecer fisuras y retiros. “Hay otros que están diciendo: nosotros no queremos financiar esta guerra, no nos sirve la ONU, estamos de acuerdo con que está todo mal, rompamos el derecho internacional si es que lo había, pero hagamos otra cosa”, explicó.

Sobre el conflicto en Medio Oriente, señaló que la principal dificultad para leer la situación es la superposición de versiones contradictorias en medios y plataformas. “La principal característica que tiene esta confrontación es justamente las contradicciones permanentes que habitan los diarios, los medios de comunicación y las plataformas”, afirmó. Como ejemplo, mencionó informaciones cruzadas sobre la muerte o supervivencia de figuras cercanas al gobierno israelí y sobre bajas de funcionarios que algunos medios daban por confirmadas y otros relativizaban.

Uno de los ejes centrales de su análisis fue el cambio de posición en Europa occidental. Aguirre sostuvo que, tras una primera adhesión a Trump y a la política de confrontación con Rusia e Irán, comenzaron a evidenciarse señales de distanciamiento. Mencionó en primer lugar al presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, como el dirigente que más claramente se apartó de esa línea. Luego ubicó en esa misma tendencia al Reino Unido, a Italia y a Francia.

En el caso británico, destacó que el primer ministro Keir Starmer demoró la autorización para el uso de bases inglesas por parte de aviones estadounidenses, algo que habría irritado a Trump. “Inglaterra, que parecía ser el Estado más beligerante, por lo menos en la retórica, también ha tomado medidas que dan cuenta de que se está alejando de esa adhesión a Trump”, señaló. También afirmó que Giorgia Meloni y Emmanuel Macron “tomaron distancia”, más allá de sus declaraciones públicas, porque “no se concretan apoyos explícitos en los hechos”.

Aguirre añadió que Alemania también atraviesa una situación delicada, en medio de ataques a bases alemanas en Medio Oriente, y remarcó que se trata de una potencia que no cuenta con armamento nuclear. Desde su perspectiva, todo ese cuadro confirma el lugar relegado que hoy ocupa Europa en el escenario internacional. “Toda Europa produce el 30 por ciento de lo que produce Rusia”, aseguró, y vinculó esa pérdida de centralidad con la crisis energética y petrolera desatada por el conflicto.

Impacto en Argentina

En ese punto, alertó por las consecuencias que ese escenario puede tener en la Argentina. Según indicó, el país podría afrontar “las mismas crisis que estamos acostumbrados”, como inflación y suba de precios, pero bajo un nuevo formato, atravesado por la evolución del mercado energético. A la vez, planteó que en ese tablero también empieza a pesar el rol de Vaca Muerta y las expectativas que se abren si la crisis petrolera se prolonga en el mediano plazo.

Otro de los aspectos que subrayó fue la estrategia de Irán. Para Aguirre, Teherán busca “diseminar la guerra” y extender el conflicto en un horizonte geopolítico más amplio, bombardeando distintos países de la región. Esa lógica, dijo, vuelve especialmente delicada la posición argentina, luego de que Milei definiera al país como un aliado cercano de Estados Unidos e Israel y se pronunciara abiertamente contra Irán.

“Si lo que nunca se comprobó fue la actuación de iraníes en los dos grandes atentados que sufrió la Argentina, esto de por sí es una imprudencia infinita”, sostuvo. Incluso fue más allá al señalar que la conducta presidencial “debería ser analizada por el Congreso de la Nación”, porque no descartó que se esté “rozando o bordeando una traición a la patria o algún otro tipo penal”.

También advirtió sobre la securitización de la Triple Frontera a partir de movimientos recientes de los gobiernos de Brasil, Paraguay y Argentina. Para él, ese dato confirma que el problema no es una hipótesis abstracta, sino un proceso en marcha cuyo alcance todavía no está claro. “No estamos hablando de algo que sea un espejismo, un invento o una hipótesis, sino que no sabemos hasta dónde esto va a llegar”, remarcó.

Frente a ese panorama, cuestionó con dureza la política exterior de la administración libertaria y contrastó la posición argentina con la prudencia que, a su juicio, mantienen otras cancillerías de la región. “Siempre hay que seguir la cancillería brasileña y también la cancillería chilena. Allí las cosas no se hacen porque sí y no las hacen aficionados como ocurre en la Argentina, empezando por el propio presidente”, afirmó. En la misma línea, definió como “verdaderamente desastroso” el desempeño de la Cancillería en esta etapa.

Para Aguirre, el mayor problema es que la Argentina se está ubicando de manera innecesaria en un lugar de exposición internacional. “Estamos innecesariamente ubicados en un lugar incómodo, intranquilizador”, resumió. Y agregó que, al apartarse del posicionamiento más cauteloso que predomina en otros países occidentales y latinoamericanos, el país queda convertido en “un blanco fijo, fácil y con menores costos para quien decida que somos ese blanco”.

Hacia el final de su columna, observó que ni Rusia ni China mostraron signos de inquietud ante la escalada en Medio Oriente, mientras que la Argentina, a miles de kilómetros del conflicto, asumió un tono beligerante sin contar con capacidad real de incidencia. “Estamos a 12.000 o 13.000 kilómetros metiendo la cuchara en un tema diciendo que vamos a ganar la guerra. ¿Qué guerra nuestra?”, preguntó.

A partir de esa reflexión, insistió en que el problema no termina en una eventual victoria militar de Estados Unidos o sus aliados, sino en la reacción posterior de Irán y en las formas que podría adoptar esa respuesta. “Vamos a suponer que desde el punto de vista militar el enorme poderío norteamericano lo lleve a ganar la guerra. ¿Qué va a hacer Irán? ¿Cómo va a replicar?”, planteó.

Como ejemplo comparativo, mencionó la alarma que existe en Corea del Sur luego de que Trump retirara parte de los misiles desplegados en ese territorio para trasladarlos al teatro de operaciones en Medio Oriente, alterando la paridad militar con Corea del Norte. Para Aguirre, ese temor razonable de los surcoreanos es un estado de ánimo que la Argentina también debería compartir frente al escenario internacional actual.

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Fuente: Radio Kermés