Por Juan José Giani (*)
El llamado "Protocolo Anti-piquetes", ya promovido por Patricia Bullrich durante el gobierno de Mauricio Macri, es una mera maniobra comunicacional destinada a supuestos ciudadanos cansados del garantismo y que piden mano dura para restaurar el orden público. Bien mirado, el piquete (lo que supone cortar calles para hacer un reclamo, lo que lo distingue de un acto o de una marcha) era un fénomeno ya casi marginal en el interior del país, y que en el caso de La Capital Federal difícilmente ocurra en Villa Crespo, Liniers o La Boca. Se daban generalmente en la Avenida 9 de Julio, en algún acceso del conurbano o en las inmediaciones del Congreso. Esa limitada geografía le daba sin embargo una gran visibilidad, que era agitada por los medios de comunicación de la derecha entrevistando a automovilistas enfadados que exigían terminar con ese incordio promovido por los "planeros". Sin embargo, ese Protocolo es en algún sentido un absurdo, pues si al piquete lo realizan pocas personas el despliegue policial es totalmente innecesario, y si lo realizan muchas personas el despliegue policial es peligroso pues el choque con la multitud es muy probable. La represión en el Congreso asi lo demuestra. Un miercoles apalearon gratuitamente a un reducido grupo de manifestantes, y el míercoles siguiente desataron una brutal cacería humana cuando las cosas se les fueron de las manos.
(*) Docente de Filosofía de la UNR.