• Racionalismo y romanticismo: literatura y colonialidad

    Racionalismo y romanticismo: literatura y colonialidad
    Por Eduardo Luis Aguirre

    Si el racionalismo, el idealismo y la influencia cartesiana y hegeliana modelaron el sentido común y la comprensión nordeuropea del mundo durante los siglos XVII y XVIII, y esa matriz de pensamiento fue la que dio lugar a la legitimación del colonialismo, de la colonialidad y el racismo, creo que es interesante ensayar un ejercicio retrospectivo respecto de los antagonismos que en términos mundiales se precipitaron en aquella época en el viejo continente.
  • El Estado para el neurótico, el anti peronista y el sujeto neoliberal

    El Estado para el neurótico, el anti peronista y el sujeto neoliberal

     

    Por Lidia Ferrari (*)

    Un anciano italiano, célibe y solitario, que vivió toda su vida bajo la tutela de su autoritaria madre hoy se lamenta porque el Estado no se ocupa de viejos como él para procurarles una compañía. Esa compañía que nunca buscó por sí mismo sería tarea exigible al Estado.

  • ¿De qué tenemos que emanciparnos todavía?

    ¿De qué tenemos que emanciparnos todavía?
    Por Ignacio Castro Rey (*)

    «Los cristianos, como los psicoanalistas, tienen horror de lo que les fue revelado. Y con mucha razón». Jacques Lacan. Encore

    Una primera cuestión. Para ser de algún modo libres habría que atreverse a ser optimistas y joviales en lo difícil, hasta en lo peor, e irónicamente pesimistas en cuanto a todas las facilidades que se nos sirven. Reservemos la empatía para el diablo. Empatía con lo nouménico y enterrado que alienta en nosotros. Antipatía y crueldad con lo fenoménico que nos encadena.

    Por Eduardo Luis Aguirre

    Las circunstancias históricas, económicas, políticas, militares y geoestratégicas que derivaron en la emergencia de las burocracias socialistas durante el siglo XX deben ser necesariamente analizadas a la luz de los ensayos explicativos de sus respectivos colapsos, de las razones por la cuáles las revoluciones no se han configurado históricamente (al menos en las formas y con el alcance previstos por el marxismo clásico) y de la reinvención de los nuevos horizontes de proyección de las tentativas emancipatorias en medio de la hegemonía neoliberal.

    El otorgamiento unilateral del control de las cuentas públicas a un presidente de  más que dudosa legitimidad no es una mera sanción económica. Es algo mucho más grave y sombrío que asedia a las democracias, a la idea de soberanía y a la propia nación como categoría histórica.

    Por Jorge Alemán (*)

    "La revolución terminará con muchas cosas menos con la estupidez humana" respuesta de Trotsky a Lenin en Mi Vida, su autobiografía.

    Por María Liliana Ottaviano (*)

     

    Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época. Pues ¿cómo podría hacer de su ser el eje de tantas vidas aquel que no supiese nada de la dialéctica que lo lanza con esas vidas en un movimiento simbólico?”. (Lacan)

    El sintagma "subjetividad de época" contenido en esta frase de Lacan bien vale para abrir este texto en el que se intenta dar cuenta del entrecruzamiento discursivo entre lo social y lo singular. Entre lo político y la subjetividad. Entre lo colectivo y lo individual.

    Por Eduardo Luis Aguirre

    Existe una tendencia sorda, casi imperceptible, consistente en plantear la necesidad de cambios institucionales para evitar en un futuro incierto las alternancias con el desastre. Para ponerle freno, sin fecha cierta todavía, a lo que se supone podría ser un dispositivo neoliberal en retirada.

    Por Eduardo Luis Aguirre


    El mundo de nuestros días se encuentra concernido por un renovado auge del racismo. Que se extiende imparable, rizomático y letal en una versión actualizada de nuevas retóricas xenófobas, discriminatorias, profundamente violentas. Se trata de un racismo que en ningún caso se asume como tal. Un racismo culpógeno que se ampara en el sostenimiento formal de pobres enunciados democráticos que en la práctica se violentan sistemáticamente.

    Por Jorge Alemán (*)

    Lo que tienen en común las ultraderechas actuales es haberse librado de los complejos e inhibiciones democráticas procedentes del clima político posterior a la segunda guerra mundial del siglo XX. El decidido y sobreactuado retorno a una identidad nacional que se presenta con un relato épico sin fisuras tiene a lo “extranjero ” como la amenaza, el exterior, que puede atentar contra la unidad plena y consistente que las ultraderechas presentan como identidad nacional.

    Por Eduardo Luis Aguirre

    Los procesos de dominación social, a lo largo de la historia y en todos los casos, se valieron necesariamente de la figura de un colonizador, un sujeto que pasó al acto propiciando el señorío de algunos por sobre los otros sometidos. Pero debieron contar también -en todos los casos- con el concurso de sujetos colonizados que completaran esa relación de desigualdad. Eso vale tanto para la debatida capitulación de los poderosos pueblos originarios de Centroamérica (mayas, aztecas, toltecas) contra algunos centenares de españoles, como para analizar la férrea resistencia mapuche contra el invasor español que duró cuatro siglos.

    Por Eduardo Luis Aguirre

    Quinientos años de ininterrumpida colonialidad nos llevaron a presumir que la historia no abarcaba a otros pueblos que no fueran los que proclamaron la centralidad moderna de Europa. Más aún, la connotación inexorablemente institucional del racismo llevó a muchos prohombres emblemáticos del mito del progreso a dudar y negar la condición humana de los pueblos subalternos.


    Por María Liliana Ottaviano

    “El otro ya ha sido suficientemente masacrado. Ignorado. Silenciado.

    Asimilado. Industrializado. Globalizado. Cibernetizado. Protegido.

    Envuelto. Excluido. Expulsado. Incluido. Integrado. Y vuelto a asesinar.

    A violentar. A obscurecer. A Blanquear. A normalizar.

    A normalizar excesivamente. A estar fuera y estar adentro.

    A vivir en una puerta giratoria.

    El otro ya ha sido lo bastante observado y nombrado como para que podamos ser tan impunes al mencionarlo y observarlo nuevamente.

    El otro ya ha sido demasiado medido como para que volvamos a calibrarlo en un laboratorio desapasionado y sepulcral… ¿Y si el otro no estuviera ahí??”

    (Carlos Skliar, ¿Y si el otro no estuviera ahí? )

    Por Jorge Alemán (*)

    A diferencia de otros teoricos actuales no creo que estemos situados frente a una "crisis de la hegemonia neoliberal" y en correlación con esta situación en un. "momento populista" Según esta visión la ultraderecha es la que está sabiendo valerse de la situación con su Populismo de derechas.

    Vivimos una etapa singularmente compleja en el sistema/mundo del tercer milenio. Esas complejidades existenciales, de diverso orden, a veces (muchas) nos deparan urgencias, incertidumbres, ansiedades comprensibles, malestares impostergables, dolores insondables.

    En su fase neoliberal, el capitalismo asfixia a los sujetos y los sume en las contradicciones más arteras. Por una parte, los conmina a un malestar de la cultura de connotaciones abismales, que va desde la convicción generalizada de que no existen alternativas al sistema hasta la intemperie gélida de la soledad y el abandono.

    Por Eduardo Luis Aguirre

    Hablemos, en principio, de lo unitario. De la unidad. De la necesidad de articular nuevas relaciones de fuerzas sociales y nuevas hegemonías, entendidas éstas como algo muy distinto de la mera dominación. Ocupémonos del desafío de pensar prácticas y estilos. De recrear semblantes y habilitar espacios. De despejar el idealismo iluminista como prejuicio colonial y re apropiarnos de lo real. La cultura popular (entendida como el acervo social de los oprimidos) se nutre y se asienta en "lo real".

    "¡Unión, unión y seremos invencibles!"  (Simón Bolívar)

    Imposible avanzar así. Sobre todo, si debemos  asumir fatalmente que la marcha hacia un nuevo formato de democracia popular insumirá un recorrido más largo. Porque partimos –ahora- de una vera mucho más precaria después de un retroceso que replica la debacle mundial y se hace propia, local, recalcitrantemente folklórica. Imposible revertir la cuesta si no se entiende ese mundo hostil, que es "este" sistema-mundo.

    Por Eduardo Luis Aguirre

    El pensamiento no se ve, ni se toca, pero pesa, decía el profesor Carlos Cullen (imagen) explicando a Rodolfo Kusch. La filosofía, entonces, no sería tanto el amor al conocimiento sino, por el contrario, una cultura que ha encontrado a su sujeto. Una cultura a la que lo peor que puede acontecerle es aferrarse a la razón iluminista antes que a las tradiciones, las emociones o los sentimientos del pueblo. Detenerse en analizar el “ser” antes que el “estar siendo”.