• Las derechas y la autoridad simbólica

    Las derechas y la autoridad simbólica

     

    Por Eduardo Luis Aguirre y Liliana Ottaviano

    Nuestra concepción occidental del tiempo se aproxima demasiado a una ficción aporética. La historia no consiste, como lo hemos aprendido, en un tránsito lineal entre un pasado que nunca pudimos conocer en su verdadera dimensión, un futuro que tensa los esfuerzos de pensadores y gurúes que exhiben una audacia que asombra y un presente cuyas vertiginosas singularidades y coordenadas tampoco podemos auscultar medianamente. El mundo ha pasado a ser más pequeño, pero a su vez también muchísimo más complejo.

  • Vienen momentos muy difíciles para Ecuador

    Vienen momentos muy difíciles para Ecuador

    Eduardo Luis Aguirre dialogó en esta edición de "Multitud" con la académica y analista ecuatoriana Sofía Lanchimba sobre el resultado del balotaje que consagró presidente del país hermano al banquero Guillermo Lasso.

    La vuelta del neoliberalismo en materia económica, pero también un retroceso en materia social, cultural y de derechos humanos. El rol del socialcristianismo que asedia y el duro golpe para las organizaciones sociales y el campo popular. Las privatizaciones que se vienen y la afirmación de un sentido común conservador. La preocupación por el rol del Yaku Pérez y su espacio político Pacha Kuti. El voto a Lasso: un voto anticorreísta. Los riesgos de un clivaje fatal y de un afianzamiento de la derecha dura. Los errores del gobierno de Correa. El legado nefasto de Lenin Moreno. 

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  • No es posible enfrentar la pandemia recurriendo únicamente al saber médico

    No es posible enfrentar la pandemia recurriendo únicamente al saber médico

    Eduardo Luis Aguirre mantuvo en su programa "La condición humana" una segunda y última conversación con el historiador y pensador español Enrique Ruiz Domènec, autor del reciente libro "El día después de las grandes pandemias".

    No es posible  enfrentar las pandemias solamente con el aporte del saber médico. Es muy importante tener en cuenta los aportes de virólogos y epidemiólogos, pero hay que recurrir necesariamente a otras disciplinas: historiadores, psicólogos, sociólogos, antropólogos, filósofos, arquitectos, ingenieros, etc. 

    La sociedad no será la misma después de la epidemia, pero es posible pensarla en la búsqueda de propuestas superadoras que impactarán sobre el presente y el futuro. Y los políticos deben tener la amplitud para advertir estas complejidades y dificultades.  El espíritu crítico y la imaginación moral.

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    Chronos era la divinidad que evocaba al tiempo en la antigua mitología griega. El mero transcurrir, como extrañeza y perplejidad hecha Dios de varias (creo que tres) cabezas. El tiempo, como dialéctica inexorable que nos trasciende y da testimonio permanente de nuestra finitud.

    Hace tiempo que desde este espacio venimos insistiendo de manera recurrente en el abordaje de las distintas formas de colonización cultural que jaquean al derecho, hasta  acotarlo a una dimensión de mero instrumento  de control social punitivo, con el retroceso esperable que ese drástico e intencionado reduccionismo depara en materia de Derechos Humanos.

    El pasado viernes comenzó a impartirse en el Salón Azul de la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la UNLPam el seminario "Salud Mental: Psicología y Ley". El segundo encuentro se realizará el viernes 21 de octubre a las 19 horas.

    Por Julio B. J. Maier (*)

    El llamado liberalismo, a secas, siempre representó a un modo de administración del poder político que consistía, básicamente, en una ampliación de los derechos del ciudadano combinado con un uso moderado de la fuerza pública. En el fondo, el Estado se autolimitaba por reconocimiento de derechos al individuo, derechos individuales del ciudadano que no podían ser conculcados sino por decisiones comprometidas, muy condicionadas, del poder estatal, decisiones sobre el uso de la fuerza pública de los funcionarios estatales en quienes residía ese poder como atribución de competencia.

    Por Eduardo Luis Aguirre

    Voltaire era categórico al momento de asignar una connotación utilitaria explícita al matrimonio moderno: “Un disputador eterno, gran amigo mío, decía: «Si yo fuera rey y tuviera vasallos, les comprometería a que se casaran lo más pronto que les fuera posible".

    Por Eduardo Luis Aguirre.

    Si intentáramos hacer un ejercicio de reflexión contrahegemónico en materia de Derechos Humanos, inmediatamente advertiríamos que, en ese tránsito, se hace necesario someter al escrutinio de la historia una noción tan esquiva como la que en buena medida posibilitó la recuperación de la vida democrática en la Argentina, y que conserva todavía, intacta, su capacidad para galvanizar las crispadas voces de la derecha dura. Desde ese punto de vista cavernícola, los DDHH han encubierto la representación reprochable de los "enemigos del país", de los "subversivos" y de los "delincuentes". Esa es la frase de cabecera que después de cuatro décadas termina unificando las retóricas del fascismo social, espantado por la aparición temprana de una categoría que les resultara, a la postre, fatal. Buena parte de la historia reciente del país se explica por la aparición definitiva del concepto de Derechos Humanos y, también, por su sistemática violación, que no se acota en el genocidio pero inexorablemente remite a él. 

         Por Eduardo Luis Aguirre

                En tiempos en que los pueblos perciben que los organismos de resolución de conflictos internacionales reprodujeron sistemáticamente, a lo largo de casi un siglo, las desigualdades y asimetrías existentes entre los distintos países, y la selectividad de un sistema político y jurídico dominado por las lógicas imperiales, la evocación del Tribunal Russell repone en el escenario de las grandes discusiones globales la factibilidad de construcción e integración de foros mucho más igualitarios y democráticos de los que formalmente disciplinan al mundo.

    Por Eduardo Luis Aguirre
     
    Una visión ampliada de la Política Criminal equivale a la reacción socio-estatal ante la criminalidad, y encarna las diversas formas de respuesta que desarrollan el Estado y la Sociedad Civil frente al fenómeno de la violencia y los límites a que deben acotarse esas respuestas.

     

    Por Eduardo Luis Aguirre y Liliana Ottaviano

    Nuestra concepción occidental del tiempo se aproxima demasiado a una ficción aporética. La historia no consiste, como lo hemos aprendido, en un tránsito lineal entre un pasado que nunca pudimos conocer en su verdadera dimensión, un futuro que tensa los esfuerzos de pensadores y gurúes que exhiben una audacia que asombra y un presente cuyas vertiginosas singularidades y coordenadas tampoco podemos auscultar medianamente. El mundo ha pasado a ser más pequeño, pero a su vez también muchísimo más complejo.

    Por Eduardo Luis Aguirre

    Acabo de leer el meduloso artículo de Cintia Alcaraz respecto de la lucha permanente y ardua por lograr un servicio de justicia con perspectiva de género (*). Comparto absolutamente todas sus consideraciones y, sobre todo, la direccionalidad manifiestamente política de un reclamo histórico, sobre lo que hemos dialogado con la autora en infinidad de oportunidades. Sólo me queda añadir un par de consideraciones que hacen a la necesidad apremiante de una transformación cultural cada vez más urgente a introducir en el menos democrático y más conservador de los poderes del estado.

    Eduardo Luis Aguirre analizó en “La Condición Humana” el conocimiento de las civilizaciones que la filosofía occidental normalmente ignora. El pensamiento bantú, el saber de babilonios y egipcios y los principales emergentes de la filosofía en la antigua China. Un universo impresionante de descubrimientos, adelantos científicos y cosmovisiones religiosas y éticas.

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    Eduardo Luis Aguirre dialogó en "La condición humana" con Diego Mauro, historiador, Doctor en Humanidades y Artes, investigador del CONICET y docente de la UNR sobre el resurgimiento de lo religioso.

    Los paradigmas posmodernos y globalizadores puestos en cuestión por una religiosidad creciente. Los límites al neoliberalismo. Religión y movimientos emancipatorios. El rol defensivo de las izquierdas clásicas. La influencia filosófica e ideológica del Papa Francisco.

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    El historiador José Enrique Ruiz-Domènec publicó recientemente su libro ‘El día después de las grandes pandemias’. Con su rigurosidad habitual, el gran profesor, doctor de la Universidad Autónoma de Barcelona, nos ayuda a comprender el acontecimiento pandémico hurgando meticulosamente en los precedentes históricos, y deja planteada una pregunta crucial que el escritor Justo Barranco resume afinadamente en un artículo editado en la edición del 20 de octubre pasado en el periódico "La Vanguardia" de la ciudad condal. Esa pregunta, que encabeza el texto periodístico es la siguiente: "Habrá otro Renacimiento tras el coronavirus? En tiempos donde los opinólogos y  futurólogos arriesgan conjeturas por doquier, Ruiz-Domènec, el gran medievalista, hace pie en la historia, articula, piensa y pone en diálogo distintos contextos epocales, recorre diferentes contextos y se afirma en el hallazgo de extraordinarias regularidades de hecho analizando las grandes pestes de la historia. José Enrique Ruiz-Domènec ha comprometido su participación, para dialogar y reflexionar sobre las conclusiones e interrogantes imprescindibles de su nueva obra, en nuestro espacio radial "La condición humana", que se emite los días jueves a las 19 horas por Radio Nacional Santa Rosa, la Radio Pública argentina.

    Por Jorge Alemán (*)

    El antiperonismo como constante histórica.
    El verdadero secreto del antiperonismo fue el odio hacia Eva Perón. 
    Rodolfo Walsh le dio su gran forma literaria en el grandísimo relato “Esa Mujer”. 
    Más allá de los intereses políticos y económicos de las oligarquías dominantes, en la Argentina y por distintas razones, se cristalizó un odio hacia la presencia del cuerpo de lo femenino en la política, muy difícil de localizar en otras realidades geopolíticas. 

    Por Ignacio Castro Rey

     

    “La vida rugosa, áspera y casi siempre mezquina, y de tiempo en tiempo un rayo de luz”.

    Conocí a Ariana Harwicz (Buenos Aires, 1977) por una entrevista reciente contra la corrección política y el arte infame que genera. Con ese breve bagaje entré en lo último que encontré de ella, Degenerado (Anagrama, 2019).